A 35 años del caso Camarena

Enrique "Kike" Camarena
 
Destacadas BCS viernes, 7 febrero, 2020 10:34 AM

En un caso real, fuera de la serie de Narcos, los protagonistas aún sufren las consecuencias de haber perpetrado el secuestro y homicidio del agente de la DEA, Enrique Camarena. Rafael Caro Quintero está prófugo, debe 12 años de condena y le someterán a juicio de extradición. Miguel Félix Gallardo, enfermo en el penal de Puente Grande, pretende conseguir la medida de reclusión domiciliaria. Ernesto Fonseca Carrillo, confinado en una residencia aún debe pasar cinco años más ahí, por ello tramita un beneficio de libertad anticipada. Los capos fueron condenados a pagar de manera mancomunada más de 20 millones de pesos de reparación del daño, resolución que combaten por medio de amparos

 

Este viernes 7 de febrero se cumplieron 35 años del secuestro del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar y del piloto mexicano Alfredo Zavala Avelar, quienes fueron asesinados por traficantes de drogas ilícitas. A tres décadas y media de distancia, los personajes del affaire que puso a México en la mira de autoridades norteamericanas como prioridad en el combate al narcotráfico, siguen siendo protagonistas.

Los nombres de Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca Carrillo y Miguel Ángel Félix Gallardo, sin importar el orden, fueron llevados a la pantalla chica por Netflix a través de la serie Narcos, capítulo México. Los antihéroes son inmortalizados ante los ojos de las nuevas generaciones que hablan con familiaridad de ellos por las correrías que les atribuyen.

Fuera de la producción televisiva, en el teatro criminal de la realidad, los personajes están más vivos que nunca, desempeñando los papeles que sus actos pasados les legaron. Todos son sujetos al ejercicio del derecho penal mexicano. Algunos de ellos siguen presos, como Fonseca y Félix, otro –Caro Quintero- goza de libertad, pero es perseguido para que pague judicialmente lo que aún consideran las autoridades que debe.

La serie Narcos ha resultado exitosa y los actores han transmitido la idea del origen y la personalidad de los hoy sentenciados. El próximo 13 de febrero se estrena la segunda temporada. Sin embargo, como bien reza la producción, se inspira en hechos reales que se modificaron con fines dramáticos. Y así es, escenas, personajes, nombres, negocios, incidentes, locaciones y eventos se modificaron. Por ello, no coinciden fechas ni orden cronológico de los hechos.

En la historia que teje Netflix el papel del “Azul”, como agente de la extinta Dirección Federal de Seguridad (DFS) no se entiende sí se tratase del presunto narcotraficante Juan José Esparragoza Moreno, que llevaba ese apodo, pues su militancia en el negocio ilícito de las drogas databa desde los años sesenta, como era el caso de Ernesto Fonseca.

Rafael Caro Quintero

En la serie se desfasan la época en que llegó Enrique Camarena comisionado al Consulado de Estados Unidos de América en Guadalajara, la fecha de sus acciones y la escenificación de un inexistente desierto de Jalisco sembrado de marihuana que en la realidad correspondía a la entidad de Chihuahua, donde miles de campesinos fueron reclutados por los traficantes en campos de cultivo y después liberados por el Ejército en noviembre de 1984.

Tampoco coincide la búsqueda del agente y piloto secuestrados a una semana del suceso con los hallazgos en la casa de la calle Lope de Vega. La detención de Rafael Caro Quintero en Costa Rica (4 de abril de 1985), que fue antepuesta a la balacera del rancho “El Mareño” (2 de marzo de ese año) y la localización de los cuerpos de las víctimas a un costado de la carretera Zamora-Vista Hermosa, en Michoacán (5 de marzo de ese año). Después aparece en el orden correcto la captura de “Don Neto” (7 de abril de ese año). Seguramente la aprehensión de Miguel Ángel Félix (8 de abril de 1989) quedó para la siguiente temporada.

Hoy, los protagonistas de carne y hueso, los sentenciados, aún padecen las secuelas jurídicas y emocionales de sus acciones en la delincuencia; sobre todo por haber dado muerte a un agente antidrogas del vecino país. Félix Gallardo está enfermo, en el penal de Puente Grande, sigue luchando para que le den prisión domiciliaria. Fonseca, salió de la cárcel en 2016, pero sigue confinado en una residencia de su propiedad por los siguientes cinco años y pretende obtener un beneficio penitenciario de libertad anticipada.

Ambos, Miguel y Ernesto, tramitan juicios de amparo para combatir el monto de la condena de reparación del daño impuesta en sentencia a pagar a los deudos de sus víctimas: más de 20 millones de pesos, para lo cual se ha ordenado emplazar a los hijos del agente Camarena y del piloto finados, y estén enterados del procedimiento. Por su parte, Rafael Caro está prófugo y le buscan para que purgue 12 años de pena que tiene pendiente y cuenta con una orden de detención provisional para que se le extradite.

· Los antecedentes

Aquél 7 de noviembre de 1984 cuando tropas de soldados aparecieron en el desierto de Jiménez, en Chihuahua, y arrasaron con las enormes plantaciones de marihuana en diversas rancherías -entre ellas la comunidad de El Búfalo- miles de jornaleros fueron retenidos para ser interrogados y después, muchos de ellos, liberados. Había unas mil toneladas de enervante cosechado en el mayor centro de almacenamiento que se haya conocido en el mundo. Otras diez mil toneladas aún estaban adheridas a la tierra.

El operativo que desató la ira de los jefes del tráfico de droga ilícita tenía como autor intelectual al agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, comisionado en Guadalajara, justamente la ciudad sede de la cúpula criminal que encabezaba Miguel Ángel Félix Gallardo. Los capos Ernesto Rafael Fonseca Carrillo “Don Neto” y Rafael Caro Quintero acordaron –sin consultar a Félix- “entrevistar” al agente antinarcóticos para ver “qué era lo que sabía de ellos”.

El mediodía del 7 de febrero de 1985, cinco sujetos fueron comisionados para encontrar y llevar a Camarena ante sus jefes. Los encargados de la encomienda fueron José Luis Gallardo “El Güero”, que tenía un contacto en el Consulado, Samuel Ramírez, Ramón Torres, Sergio “El Chino” y René López. El agente salió de la sede diplomática y caminaba por la calle Progreso cuando fue subido por la fuerza a un auto VW Atlantic color crema y llevado a una casa de la calle Lope de Vega, en la Perla Tapatía.

Los sicarios entregaron a su presa a Rafael Caro Quintero, quien esperó al arribo de su compadre “Don Neto”, quien llegó enfermo y se encerró en una recamara contigua. Los interrogatorios comenzaron y conocieron de voz de Camarena que tenía ubicada a la organización criminal, sobre todo a Félix Gallardo, quien fue avisado de la acción de Caro y Fonseca, y se presentó al lugar.

Esa tarde, entre las 16:30 y las 17:00 horas fue interceptado el piloto mexicano Alfredo Zavala Avelar cuando circulaba a bordo de su vehículo sobre la carretera Guadalajara-Chapala, aproximadamente a un kilómetro del Aeropuerto Internacional Miguel Hidalgo de Guadalajara. Dos sujetos cubiertos del rostro con pasamontañas y con armas de fuego materializaron la privación de la libertad. Zavala apoyaba con sobrevuelos al agente de la DEA.

Foto: Miguel Ángel Félix Gallardo

Casi al anochecer, “Don Neto” despertó para retirarse a su casa y encargó a Caro Quintero se hiciera cargo del policía estadounidense y no lo fueran a maltratar en exceso. Sin embargo, para esos momentos era gente de Miguel Félix la que tenía el control de los privados de la libertad y de los cuestionamientos. Más tarde también Rafael se desentendería del caso.

El 8 de febrero de ese año, Fonseca se presentó hasta la tarde y al encontrarse con Caro Quintero le preguntó por Camarena, contestándole Rafael que no podrían hablar con él porque estaba muy golpeado. Según testigos, “Don Neto” enfureció y le dijo a su compadre que era un “mata amarrados”, que no pensaba las cosas ni en las consecuencias. Caro se justificó al asegurar que había sido la gente de Félix.

Sicarios confesarían después que presenciaron las torturas al agente, quien estuvo amarrado de pies y manos a una silla, amordazado, en calzoncillos. Los momentos finales fueron escalofriantes. Le introdujeron a la boca pedazos de la funda de una almohada, le amordazaron y le pusieron tela adhesiva en la nariz y boca para obstruirle las vías respiratorias. Moribundo, los matarifes sacaron a Enrique en peso, atravesaron un jardín y lo arrojaron a la cajuela de un automóvil. “El Luisón” tomó una llave “L” para cambiar llantas y asestó el último golpe al norteamericano. Igual suerte corrió Zavala.

La versión de la desaparición del agente de la DEA y del piloto corrió como reguero de pólvora. El Consulado estadounidense ofreció 50 mil dólares de recompensa a quien ayudara a localizar al elemento antidrogas. Se hicieron operativos y se dio con la guarida de los narcotraficantes, casa que antes del suceso era empleada por una mujer de nombre Paty para la prostitución.

El 2 de marzo ocurrió la masacre de la familia Bravo en el rancho “El Mareño”, en Michoacán, a manos de la Policía Judicial Federal que buscaba a Camarena, al que finalmente encontraron tres días después junto al cuerpo de Alfredo Zavala a las orillas del camino hacia Zamora, dentro de dos bolsas de polietileno. En la morgue de Guadalajara se determinó que las causas de muerte de las víctimas fueron traumatismo craneoencefálico y asfixia por sofocación. Ambos cadáveres fueron identificados el 7 de marzo.

Se conoció que Rafael Caro Quintero huyó del aeropuerto tapatío corrompiendo a un comandante federal y se llevó con él a la hija de un político jalisciense. Mientras en la Perla Tapatía eran detenidos sicarios y hasta empresarios, el 4 de abril fue detenido Rafael en una quinta de Alajuela, Costa Rica, donde estaba con la mujer y cinco gatilleros. Tres días después cayó preso Ernesto Fonseca en Puerto Vallarta con 23 de sus colaboradores.

· A salto de mata

A 35 años de distancia de esos hechos, los tres principales jefes del llamado Cártel de Guadalajara se encuentran sentenciados. Rafael Caro Quintero y Ernesto Fonseca Carrillo recibieron condenas de 40 años de prisión, que era la pena máxima aplicable en la época, aunque la suma de penas en concurso de delitos arrojaba una cantidad de 199 años; mientras que, Miguel Ángel Félix Gallardo, fue sentenciado por los mismos hechos a 37 años de prisión en 2017.

Por un error judicial, Rafael fue liberado la madrugada del 9 de agosto de 2013. El Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal de Guadalajara le concedió un amparo directo que anuló la condena de 40 años por considerar que había sido juzgado indebidamente en el fuero federal y que debía llevar su proceso por un juez del fuero común, al estimar que el agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar no tenía el carácter de diplomático.

Caro Quintero no quedó a disposición de autoridad alguna y no existía orden de detención provisional con fines de extradición internacional en su contra, por lo que fue recogido por sus familiares y desde entonces se desconoce su paradero. Al día siguiente le fue dictada una orden de recaptura por el proceso mexicano y también un juez federal libró la referida orden para detenerle y someterle a procedimiento extraditorio.

El 12 de abril de 2018, el Buró Federal de Investigación (FBI) norteamericano incluyó en su lista de los 10 fugitivos más buscados a Rafael, y anunció la apertura de un nuevo proceso criminal en su contra por ser “parte de una empresa de narcotráfico entre 1980 y 2017”, misma que acusan de ser responsable de haber secuestrado y asesinado al agente antidrogas en 1985. Una recompensa anunciada en 2013 de cinco millones de dólares fue incrementada a 20 millones de moneda americana. Le reclaman en California y en Arizona.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), en revisión del amparo directo que devolvió la libertad a Caro, determinó que la sentencia dictada por el Tribunal Colegiado fue errónea y ordenó enmendar el juicio. La resolución volvió a ser emitida por el Juzgado Cuarto de Distrito de Procesos Penales Federales con la pena máxima de 40 años de prisión. No solo era el caso de Camarena y Zavala, sino los asesinatos de otros dos norteamericanos, los plantíos de drogas y otros delitos, a continuación enunciados:

 

 

 

 

En el caso de la orden de detención provisional con fines de extradición dictada por el Juez Sexto de Procesos Penales Federales de la Ciudad de México, abogados de Caro Quintero promovieron una demanda de garantías el 12 de noviembre de 2013 ante un juzgado de Guadalajara, quien declinó competencia en favor del Juez Décimo de Distrito de Amparo en Materia Penal en la capital del país. El 16 de junio de 2014 fue denegada la protección de la justicia al capo.

La defensa de Rafael interpuso el recurso de revisión ante el Primer Tribunal Colegiado en Materia Penal de la Ciudad de México el 27 de agosto de 2014, pero ante la complejidad de los reclamos del quejoso, la Primera Sala de la SCJN ejerció su facultad de atracción para estudiar el caso. Ahí se analizó la presunta inconstitucionalidad de diversos artículos, tanto de la Ley de Extradición Internacional, como del Tratado de Extradición entre los Estados Unidos Mexicanos y los Estados Unidos de América. Finalmente la negativa del amparo fue confirmada por los ministros. Rafael Caro se encuentra ilocalizable, pero da señales de vida con nuevas demandas de amparo contra la orden para detenerle por la solicitud de extradición.

· Félix y “Don Neto”

Desde el 27 de julio de 2016, el narcotraficante se encuentra con su familia. Tras 31 años preso, el poder judicial le cambio la pena de prisión por la medida de seguridad de confinamiento en un domicilio de Atizapán de Zaragoza, estado de México, al considerar irracional el encierro del hombre que para ese entonces tenía 86 años de edad y más de 20 enfermedades diversas.

A punto de cumplir 90 años el próximo 2 de agosto, “Don Neto” no se conforma con estar prisionero en su casa. Le faltan todavía seis años para completar la friolera de 40 años preso, en tanto no podrá salir. Por ello su equipo legal tramita desde hace un par de años los beneficios penitenciarios de libertad preparatoria y libertad con remisión parcial de la pena. Sin embargo, no ha logrado el objetivo porque falta pagar la reparación del daño a que fue condenado.

El monto es de 20 millones 810 mil cuatro pesos con 80 centavos. La cantidad de dinero no es fácil de cubrir y menos cuando se tiene que coordinar con los otros sentenciados por los mismos hechos para hacer el pago “mancomunado y solidario”. Desesperado, el capo ha tramitado juicios de amparo ante el Quinto Tribunal Unitario del Tercer Circuito, pues el juez de la causa no ha aceptado realizar una recuantificación del monto de reparación del daño, ni una “rebaja” de tal cantidad.

Primero fue el Juzgado Cuarto de Distrito de Procesos Penales Federales en el Estado de Jalisco, quien denegó el incidente promovido por los abogados de Fonseca, luego fue el magistrado del Segundo Tribunal Unitario del Tercer Circuito, quien el 29 de octubre de 2018 confirmó en parte la negativa a disminuir el monto a pagar a los deudos de sus víctimas y la multa impuesta. En el juicio de amparo se concedió la suspensión definitiva a “Don Neto” para que dichas acciones no sean ejecutadas hasta que se resuelva la controversia.

Foto: Ernesto Fonseca

Debido a que les reviste el carácter de terceros interesados en el juicio de garantías, el juez ordenó emplazar a las víctimas indirectas, en este caso los familiares de Camarena y Zavala, para que comparezcan ante el órgano de control constitucional, a hacer valer sus derechos. Ante la muerte de la viuda del agente, sus hijos Enrique Eduardo y Geneva, son quienes tienen el carácter legal de reclamar la indemnización, pero no han sido localizados por vivir en California, Estados Unidos. Mediante rogatoria se ha solicitado el apoyo de autoridades norteamericanas para emplazarles.

Por su parte, Miguel Félix también combate la condena de reparación integral del daño o “justa indemnización” por la muerte y el secuestro de sus víctimas, recibiendo la pena de 37 años de prisión, pues no estaba involucrado en todos los delitos de Fonseca y Caro Quintero. Su juicio de amparo se encuentra radicado en el Juzgado Sexto especializado en el Estado de Jalisco.

Félix Gallardo tiene 74 años de edad, se encuentra enfermo de la audición y de la vista. Padece faringitis aguda, hernia hiatal, gastritis crónica, hipoacusia bilateral sensorial, dolor y ardor durante la micción, estreñimiento crónico y trastorno ansioso depresivo en control. Por ello ha dedicado sus últimos esfuerzos en años recientes a solicitar el cambio de prisión preventiva a la medida procesal de reclusión domiciliaria. Le ha sido denegado.

Cuando parecía que el llamado “jefe de jefes” o “El Padrino” conseguiría la ansiada retirada a cada por orden judicial, le fue dictada la sentencia del caso Camarena, por lo que cambió su situación jurídica y la medida de reclusión domiciliaria (que es para procesados) ya no aplica en su favor. Ahora quizá, tendría que promover el cambio de la pena de 37 años de cárcel por la medida de seguridad de confinamiento, como ocurrió con Fonseca que ya estaba sentenciado.

Así las actualidades de estos personajes que, fuera de la interpretación que de ellos se hace en la serie, aún siguen haciendo sus propias historias, en las postrimerías de lo que les queda de vida.

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