Santos

Fotos: Internet
 
Dobleplana lunes, 10 diciembre, 2018 12:00 PM

Me salvé. Debí llamarme Serapio porque nací el 14 de noviembre y ese día estaba dedicado a tal santo. Pero mi madre tenía un hermano llamado Jesús. Lo querían mucho en la familia. Murió antes de aparecerme en este mundo y en su recuerdo me bautizaron con su nombre.

Antes se acostumbraba: Cada quien llevaría el nombre según el día de su nacimiento. O resaltar el apellido materno, anteponiéndole una inicial al paterno. Mi tío se firmaba Joaquín L. Ornelas, pero la L era de Limón, materno. No todos lo hacían, pero sí era notable. Mi sobrinita nació el 4 de julio, Nuestra Señora del Refugio y así se llama, Refugio, pero le decimos Cuquita. Bonifacio, mi abuelo paterno era del 7 de agosto. Genoveva, mi esposa, retoñó el 3 de enero dedicado a la santa con ese nombre. Pero le agregaron Rosalba. Crucita, una tía, del 3 de mayo, Día de la Santa Cruz. Nacidos el 6 de enero tengo un amigo llamado Reyes y estuve emparentado con Baltazar y Melchor. A los tres les bautizaron así por aquello de los Santos Reyes. Un amigo en la escuela se llamaba Natividad. Lo parieron el 25 de diciembre pero le antepusieron José. Otro, Rafael, era del 24 de octubre. Mi tía María, del 15 de agosto Día de la Asunción de María. Una amiga nació cuando se venera a Santa Aurora y lleva tal nombre. Otra, el 14 de septiembre, dedicado a Santa Salustia. Para su fortuna mejor le llamaron Socorro, que se festeja el 27 de junio.

Hay otros casos que conozco: Una respetable señora amiga nació el 20 de mayo. San Bernardino. Pero a su mamacita seguramente no le agradó y le impuso Luz María. Mi suegra inolvidable y amorosa se llamaba Socorro. Sus padres fueron muy comprensivos y no la llamaron Lucas, del 18 de marzo. Una amiga nació el 20 de agosto, Santa Bernarda y mejor la bautizaron Griselda. Un compañero se llama Luis. Nació el 9 de mayo, día de Santa María Mazarello. De campesina llegó a fundar la actual congregación de las Hermanas Salesianas, segunda femenina en el mundo.

También había y existe la costumbre de cristianar a los hijos con el nombre del padre. Hay casos cuando se hereda de generación a generación hasta llegar a la costumbre-obligación. A veces les imponían e imponen nombre compuesto de abuelos paterno y materno. Ramón se llamaba el padre de mi esposa y Tomas el mío. Los unimos y así bautizamos a un hijo. En marzo nació una nietecita y fue registrada con los nombres de sus abuelas, Patricia y Rosalba. Es del día de Santa Inés Bohemia, pero seguramente los padres ni se fijaron. Desde el preñamiento decidieron cómo llamarle. Con eso de que antes no había ultrasonido y ahora gracias a este sistema se conoce sexo y salud antes de perder su figura la embarazada. Actualmente el ginecólogo fija con tiempo la fecha del alumbramiento. Ya no es como antaño. Todos los partos a la hora de la Naturaleza decidirlo. Cuando yo nací fue en casa. Era la costumbre. Mi abuela materna y una partera hicieron la faena minutos después de la medianoche.

En cambio, se respetaban y respetan los nombres cuando los nacimientos suceden en las fechas tradicionales: San José en marzo 19. Y como dice la canción, “…el 24 de junio, el meritito Día de San Juan”. Las Lupitas del mexicanísimo 12 de diciembre. Santa Cecilia, patrona de los músicos en noviembre 22, las Conchitas el ocho diciembre y así por el estilo.

El calendario original fue armado en 1585. Eran tiempos del Papa Gregoriano XIII. Por eso se le conoce tradicionalmente como “calendario gregoriano”. Pero en 1956 el Vaticano ordenó una revisión. Luego decidieron otra diez años después y ya fue terminada. La comisión encargada de modificaciones estuvo encabezada por el Cardenal chileno Jorge Medina Esteves. Tuvo auxiliares de varias partes del mundo, naturalmente especializados en el tema.

Pero a los comisionados se les ha complicado la tarea. Su Santidad Juan Pablo II elevó mil 282 beatos a los altares. Aparte, 456 santos. Nunca antes hizo eso un Papa. Karol Wojtyla ofició para el caso la última misa el 25 de noviembre del 2001. Concelebró con siete cardenales, 22 obispos y 13 sacerdotes. Un rito histórico. Es que Juan Pablo facilitó la beatificación. Aceleró el proceso que antes duraba 50 años. Por eso ahora hay más santos tercermundistas. La Madre Teresa será beata en poco menos de tres años, primer paso para la santidad que seguramente alcanzará en poco tiempo.

Entonces, los comisionados no hallan cómo buscarles un sitio en el calendario. Y, por si fuera poco, incluirlos en el Martiriólogo Universal a cargo de Francesco Turrumbino, Secretario de la Congregación del Culto Divino. Los 365 días han estado reservados para la veneración de otros santos desde hace años y siglos. Es un embrollo.

Por eso y con el visto bueno del Vaticano se decidió eliminar a varios santos. Es el caso de San Cucufate. Ya no aparecerá el calendario. Se le venera en Sant Cugat Valles, un pueblo de Barcelona. Según la historia, hace siglos le cortaron la cabeza por mandato del Emperador Diocesano. Inclusive hay un monasterio con su nombre. Pero en todos los años de mi vida, jamás escuché, supe ni me dijeron de llamados Cucufate o Cucufata. Pregunté a mis compañeros y también lo ignoran. Total, el santo ya no aparece en el calendario. Es que fuera de esa comunidad, nadie le dedica ni un Padre Nuestro.

En las mismas está San Uriah. Cuando lo borraron nadie reclamó. La verdad, un nombre desconocido. Santa Filomena también fue eliminada. Ese nombre sí lo escuché cuando chamaco, pero ahora como dijo Salinas de Gortari: Ni lo oigo ni lo veo. Según las crónicas aquí sí puede haber problemas. En el sur de Italia hay un santuario donde están depositados sus restos. La elevaron a los altares años después de ser decapitada cuando negó su virginidad a un emperador. Filomena es en aquellas tierras la santa de las viudas jóvenes. Quién sabe ahora a quién le rezarán para ser fieles al difunto o rogar por la llegada de otra pareja.

A propósito de haber leído algo de esto en El País de España, me puse a hojear el calendario católico 2002.
Desapareció Serapio el 14 de noviembre y ahora está Lorenzo O’Toole. Jamás lo escuché. Por fortuna siguen José y Jesús. Sigo pensando que le acertó mi madre. Sería bueno que Usted y Tú, Lectores, revisaran el calendario. A lo mejor y bautizados como están, ya no tienen fecha para celebrar el nacimiento con el nombre original.

 

Tomado de la colección “Dobleplana” de Jesús Blancornelas, publicado por última vez en mayo de 2002.

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