Don San Fermín de Amiens 

Foto: Cortesía
 
Opinionez lunes, 8 agosto, 2016 12:00 PM

Los Donez

 

 

 

Reza la melodiosa composición; “Uno de Enero, dos de Febrero, tres de Marzo, cuatro de Abril, cinco de Mayo, seis de Junio, siete de Julio, ¡San Fermín! A Pamplona hemos de ir, con una media, con una media y un calcetín”. Jamás se pudo imaginar que su enorme trascendencia consolidaría el gran principio de la igualdad y la fraternidad y sería aclamado y celebrado con tanto fervor 18 Siglos después de su desaparición Don San Fermín de Amiens.

Mártir, Obispo, Santo, que ofreció su vida en aras de su apostolado, el extraordinario personaje nacido en el siglo III, se calcula que en el año 272 después de Cristo, pereció decapitado con tan solo 31 años el 25 de Septiembre del año 303. Hijo de un Senador pagano llamado Don Firmo y de una miembro de la realeza de nombre Doña Eugenia, sin ser creyentes ni cristianos, la predicación del Sacerdote Don Honesto convenció plenamente a sus progenitores y se convierten al escuchar el mensaje de Don San Saturnino de Tolosa, a quien le entregan a Don Fermín para ser bautizado e integrarse al Catolicismo.

Pero fue Don Honesto quien lo cobijó, al transformarse en su maestro, mentor y tutor guiándolo por los caminos de la religión y la evangelización en su natal Amiens, donde se ordena Sacerdote y es ungido como Obispo de la diócesis con tan solo 24 años de edad, para solidificar la iglesia local, con la oposición oficial al cristianismo, fue encarcelado y al negarse a desconocer su fe, fue ultimado.

En el año 1186 el Obispo Don Pedro de París trasladó a Pamplona una reliquia de su cabeza, estableciendo el santoral de fama mundial en el día 7 de a julio, conocido hoy a nivel universal como los San Fermines.

Más allá de los festejos taurinos, culinarios y culturales, que algún día le narraré al detalle, estimada Lectora, Lector, fui el afortunado asistente este año a la fiesta y feria que más anhelaba en mi palmarás de aficionado irredento. Lo que nos marcó hasta la posteridad, fue el mensaje implícito en la integración de todos los emocionados asistentes. La clave, la huella, el bello tributo que sembró Don Fermín de Amiens con su espíritu, donde hoy se encuentra, es en la vestimenta que a todos hermana por igual, ahí, en esos inolvidables momentos de plena entrega a la celebración. Todos, absolutamente todos somos iguales, no hay diferencias existenciales, de color, raza, credo o extracto social. El blanco y el rojo que uniforma a cada uno de los convidados, cancelan cualquier diferencia existente en otros planos y nos permite por unos días sentirnos que la vida puede ser justa, equilibrada y plenamente feliz.

Hasta siempre, buen fin.

Añoranzas: Nos regaló con su grata presencia, maravillosas comidas llenas de su gracia y monumental simpatía. Alguna vez le vimos llorar por injusticias mundanas, valeroso defensor de nuestra amada tierra, que hoy le recibe en su seno para cobijarlo hasta la eternidad, descansa en paz, querido Amigo Don Enrique Mier y Terán.

 

Carlos Mora Álvarez, es orgullosamente tijuanense. Ha sido servidor público y dirigente empresarial. Actualmente es Presidente Ejecutivo del Consejo Estatal de Atención al Migrante. Comentarios y sugerencias: [email protected]

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