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mi茅rcoles, febrero 21, 2024
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Ayuntamiento explota a trabajadoras sexuales

En M茅xico, el trabajo sexual no est谩 legislado, pero s铆 ha sido reglamentado por gobiernos municipales. En Tijuana ocurri贸 durante la administraci贸n municipal de Jorge Hank Rhon, con la publicaci贸n del Reglamento para el Control de Enfermedades de Transmisi贸n Sexual, el 12 de agosto de 2005.

Para activistas, este c贸digo, compuesto por 52 art铆culos y tres transitorios, no solo es inconstitucional y violatorio de los Derechos Humanos de quienes ejercen el trabajo sexual, sino que con su aplicaci贸n, el Ayuntamiento explota a las trabajadoras sexuales.


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El reglamento otorga facultades a la Direcci贸n Municipal de Salud (DMS) para emitir tarjetas de control sanitario a quienes se dedican a 鈥渁ctos de comercio sexual鈥 con el fin de mantener un control de esta actividad.

Si bien, al momento de la publicaci贸n del documento se estableci贸 que 鈥渓a tarjeta electr贸nica de control sanitario se expedir谩 o renovar谩 sin costo alguno para las personas鈥, la medida ha resultado en millonarios ingresos al Municipio. De 2012 a 2014, el gobierno municipal recaud贸 5 millones 299 mil 100 pesos por estos dos rubros.

鈥淓l Ayuntamiento recibe recursos del trabajo sexual y, por lo tanto, se involucra directamente con la din谩mica del turismo sexual鈥, expone Andr茅s Gaeta, psic贸logo y estudiante de la maestr铆a en Salud P煤blica.


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Al efectuar el cobro, el Ayuntamiento de Tijuana incurre en el delito de lenocinio, establecido en C贸digo Penal de Baja California como 鈥渜uien dirija, patrocine, regentee, administre, supervise o financie directa o indirectamente prost铆bulos, casas de cita o lugares de concurrencia dedicados a explotar la prostituci贸n en cualquier forma u obtenga cualquier beneficio de sus productos鈥, explica Gaeta.

SIN PROTECCI脫N 聽

Hasta 2014, el gobierno municipal report贸 3 mil 175 mujeres registradas en control sanitario con estatus de activo, activo en espera, afiliaci贸n en proceso y bloqueadas.

En teor铆a, el reglamento que permite el registro de las personas y establecimientos dedicados al comercio sexual, busca 鈥渃ombatir el est铆mulo de actividades que puedan propagar enfermedades transmisibles por contacto sexual鈥.

De hecho en ning煤n art铆culo se menciona el concepto de 鈥渢rabajadoras sexuales鈥, pero s铆 鈥渄eterminan obligaciones y responsabilidades para las personas, as铆 como para los responsables de los establecimientos donde se tenga conocimiento o se presuma que se realicen actividades consideradas de alto riesgo para la propagaci贸n de enfermedades de transmisi贸n sexual鈥.

Para la renovaci贸n de la tarjeta de control sanitario, cada mujer debe acudir a pl谩ticas informativas mensuales, as铆 como ex谩menes de laboratorio, entre los cuales se incluyen pruebas r谩pidas de detecci贸n de VIH, Hepatitis B y cultivos de exudado vaginal. Andr茅s Gaeta, quien desde 2011 trabaja con la asociaci贸n civil Centro de Servicios SER en proyectos de atenci贸n a trabajadores sexuales, expone que la obligatoriedad y el cobro por los ex谩menes, violan normas sanitarias.

El joven activista insiste: 鈥淓l reglamento no busca proteger a las mujeres, sino proteger a los clientes鈥. Gaeta, quien ha llevado esta l铆nea de investigaci贸n como su proyecto de posgrado, manifiesta 鈥淓n el pa铆s no existe alg煤n fundamento para reglamentar el trabajo sexual, pero s铆 existe el tratamiento, hay cuotas, impuestos y procedimientos para controlar a quienes se dedican a ello鈥.

Por lo que considera 鈥渆ste reglamento no deber铆a de existir, pero tiene muchas implicaciones econ贸micas. Lo que deber铆a existir es un programa de atenci贸n a estas mujeres, donde se les ofrezcan pruebas de VIH, condones, pero sobre todo, incluir atenci贸n de usuarios de drogas鈥.

Durante a帽os, el activista trabaj贸 en programas de detecci贸n de VIH tanto para trabajadores sexuales de la Zona Norte como de la Zona Este y de intercambio de jeringas para usuarios de drogas en Centro de Servicios SER.

“Hay muchas mujeres usuarias de drogas inyectables que cambian sexo por dinero o droga, justamente esta poblaci贸n tiene menos posibilidad de estar registrada en control sanitario鈥, refiere. A su vez, esto las posiciona en una situaci贸n de vulnerabilidad por la falta de prestaci贸n de servicios por parte de la Direcci贸n Municipal de Salud.

En 2014, de acuerdo con informaci贸n del gobierno municipal, 79 personas fueron dadas de baja por tener resultados reactivos en la prueba de detecci贸n de VIH. A estos casos se les clasifica como 鈥渃贸digos rojos鈥. 鈥淐uando hay c贸digo rojo, la tarjeta es retenida y se env铆a a la paciente al Departamento de Atenci贸n Especializada de la Secretar铆a de Salud del Estado de Baja California鈥, indica Gaeta.

Sin embargo, de no contar con afiliaci贸n de seguridad social como el Seguro Popular o en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), las trabajadoras sexuales deben pagar por su tratamiento.

Con los a帽os, ha disminuido el n煤mero de personas registradas en este padr贸n de control sanitario. En 2012, mil 128 se dieron de baja; en 2013 otras 10 mil 278 fueron removidas, mientras que en 2014 el n煤mero lleg贸 a 10 mil 343.

Sobre la cifra de quienes ejercen el oficio, pero no est谩n reglamentadas, Gaeta ofrece los resultados de una investigaci贸n de 2006, la cual estima a 9 mil mujeres dedicadas al trabajo sexual, de las cuales solo la mitad estaba registrada ante Control Sanitario.

SEXO PATROCINA EDUCACI脫N, DEPORTE Y TURISMO

Informaci贸n obtenida a trav茅s del Portal de Transparencia, indica que en 2014, por el registro de la tarjeta de control sanitario, se cobr贸 una tarifa de mil 641 pesos y para su renovaci贸n mensual, 328 pesos.

De la actividad sexual a la que se dedican miles de mujeres en Tijuana, se destinan fondos al fomento de la educaci贸n, deporte y turismo. As铆 se justifican los cobros de impuestos por esta actividad.

El reglamento tambi茅n establece que a quien se le descubra dedicada a esta actividad, pero no cuente con la tarjeta correspondiente, se le puede arrestar por hasta 36 horas y establecerle una multa de hasta 60 veces el salario m铆nimo, lo cual representa 4 mil 200 pesos.

鈥淪us mayores riesgos son la Polic铆a Municipal o personal de Control Sanitario que les piden la tarjeta, porque si no la tienen, entonces la Polic铆a o los inspectores la tienen que detener, por eso es el espacio id贸neo para extorsionarles mediante trabajo sexual o dinero鈥, puntualiza Andr茅s Gaeta.

鈥淟O DIF脥CIL ES EL PRIMER HOMBRE鈥

El mejor momento para hablar con las trabajadoras sexuales en la Zona Norte de Tijuana es un d铆a entre semana, despu茅s del mediod铆a, pero antes de que se ponga el sol. Son los momentos de menos actividad y menor n煤mero de clientes.

Por eso, los integrantes de Centro de Servicios SER aprovechan esos espacios para entregar paquetes de cuidado sexual. Cada kit contiene ocho condones masculinos, un cond贸n femenino y lubricante. Es 茅ste 煤ltimo art铆culo el m谩s solicitado.

ZETA acompa帽贸 a la asociaci贸n civil a uno de sus recorridos en la Zona Norte. Sobre el callej贸n Coahuila, decenas de mujeres permanecen de pie en lunes a las cuatro de la tarde. Es noviembre y el fr铆o se empieza sentir, mal augurio para quienes trabajan en calle y no en bares. Los clientes escasean y el cuerpo resiste menos horas expuesto a los vientos y la lluvia.

Las mujeres conocen bien a la asociaci贸n, durante a帽os han mantenido una relaci贸n cercana, ya sea mediante estos recorridos o con la atenci贸n diaria en sus oficinas para la detecci贸n de VIH.

Una de ellas, Fernanda, de 32 a帽os y con tres hijos, se queja de la resistencia de los clientes a utilizar cond贸n, pero ha aprendido a inspeccionar los empaques en busca de hoyos y para revisar si est谩n caducos. Frente a la reportera, dice trabajar de cuatro a cinco horas, a veces hasta ocho al d铆a.

El servicio m铆nimo -solo incluye la penetraci贸n- cuesta 200 pesos. Hace dos a帽os, una amiga le sugiri贸 llegar a la Zona Norte y prefiere trabajar fuera de los establecimientos para no tener que 鈥渇ichar鈥 (hacer a los clientes comprar bebidas).

Sobre la avenida, son hoteles y bares, en su mayor铆a. Unas pocas tiendas de abarrotes, con m谩quinas tragamonedas y letreros de viajes en cami贸n a Chiapas, Sinaloa, Guadalajara y Puebla. De este 煤ltimo lugar es M贸nica, donde trabajaba como asistente de cocina.

Eligi贸 Tijuana para 鈥渆star lo m谩s alejada para que mi familia no se entere鈥, dice mientras se recarga en la pared de un motel. Todos los d铆as, asegura, llama por tel茅fono a sus dos hijos.

Para Rosario, de 20 a帽os, lo m谩s importante de su oficio es 鈥渁prender c贸mo cuidarte porque algunos se portan amables para propasarse o besarse鈥, pero sobre todo recordar que 鈥渓o m谩s dif铆cil es el primer hombre鈥.

En Veracruz dej贸 la escuela para iniciar una familia con su novio, pero 鈥渓a relaci贸n termin贸 mal鈥. Sin estudios y con necesidad, explica, opt贸 por dedicarse al trabajo sexual, pero los precios del puerto rondaban los 100 pesos, le resultaban insuficientes.

Por eso desde hace una semana, decidi贸 mudarse a Tijuana. 鈥淎qu铆 pagan bien鈥, confiesa mientras voltea a ver a su compa帽era, con quien intercambia risas interrumpidas por chasquidos de lengua que usan como llamados a los hombres que caminan por la calle.

DIGNIFICAR CONDICIONES DE TRABAJO

鈥淟o que es necesario dignificar son las condiciones de trabajo de las mujeres que realizan el trabajo sexual, quienes tambi茅n forman parte de las familias tijuanenses鈥, plantea Andr茅s Gaeta.

Acerca de quienes trabajan en calle y no en establecimientos, afirma: 鈥淭ienen mayor libertad porque dentro de los lugares, las reglas no son muy favorables para ellas. El supervisor cobra por cada salida o una cuota por trabajo鈥.

Sobre la proliferaci贸n de lugares donde mujeres se dedican a la actividad sexual en la Zona Este de Tijuana, el activista explica que en su mayor铆a, se trata de mujeres.

鈥淟o que las hace vulnerables es que no tienen acceso completo a los servicios de salud, as铆 que puedan abusar de ellas y obtienen un medio o figura (como proxeneta) que pueda defenderlas鈥, manifiesta.

Por lo que recalc贸 la necesidad de un programa de atenci贸n con perspectiva de g茅nero y de reducci贸n de da帽o, para quienes adem谩s son usuarios de drogas. Al Ayuntamiento se le solicit贸 su postura al respecto, pero en m谩s de tres semanas, no dieron respuesta.

Autor(a)

Redacci贸n Zeta
Redacci贸n Zeta
Redacci贸n de www.zetatijuana.com
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