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jueves, junio 20, 2024
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“Polleras” sin saberlo (U otra modalidad de mulas ciegas)

Pensó que aquello no pudo ser otra cosa que un golpe de buena suerte. Cuando por fin se decidió a buscar trabajo, encontrarlo fue tan fácil como abrir el diario Frontera en la sección de clasificados. Como el sueño de cualquier desempleado que quiere dejar de serlo, así fue. En realidad, nada la obligaba a buscar una actividad, pero estaba dispuesta a aprender lo que fuera para lograr participar económicamente en su hogar. Ya con el supuesto empleo, la mañana del martes 15 de septiembre, cuando manejaba su carro por una de las líneas de la Garita Internacional de San Ysidro, además pensaba no  interrumpiría las actividades con sus hijos. Le emocionaba también la idea de llevarse a la bolsa 100 dólares por cuatro horas de trabajo como ayudante de cocina en un servicio de banquetes, y multiplicaba la cantidad por el número de eventos que podría haber cada fin de semana. Pero lo que Julieta nunca se preguntó fue por qué ella, sobre todo si no sabe cocinar, y si su experiencia laboral no es algo que se pueda presumir. Nunca se preguntó el nombre del negocio y se conformó cuando le dijeron que se trataba de uno de familia. Y no le sorprendió que la primera y única entrevista de trabajo haya sido en un restaurante de comida rápida. Cayó en cuenta de que todo era un engaño cuando se vio esposada y le gritaba el agente aduanal, “dinos cuánto te pagó, dinos cuánto te pagó”. La mujer que la acompañaba a Estados Unidos a comprar su uniforme, era indocumentada y tenía una visa falsa.   Cómo se contrata a una ‘pollera’ sin que lo sepa Julieta relata su mal rato con un gesto que debe ser el límite entre soltar el llanto y reír a carcajadas. Su rostro engaña. El domingo 13 de septiembre tomó el periódico Frontera del viernes 11, lo hojeó hasta sus últimas páginas y llegó a la 17-D. En una de las esquinas, arriba del empleo de una terapeuta y debajo de otro anuncio en el que solicitan a una “señora sola”, estaba el suyo. El cuadro, en seis pisos de texto, dice: “solicito sra. Responsable San Diego, Chula Vista. Propio transporte sepa cocinar. 4hr por evento. Tel: 664-537-33-40”. Al día siguiente marcó al número por la mañana, respondió una mujer que se identificó como Alejandra Ávalos, quien sin más, la citó el martes 15 a las 5 de la tarde, en el Burger King ubicado frente a la Macroplaza. “Me marca por teléfono muy insistentemente, yo no sabía cuál era su número y además venía manejando. Me manda un mensaje diciéndome ‘señora, me urge comunicarme con usted, comuníquese conmigo para cambiar la cita para el día de hoy’”. Finalmente acordaron verse esa tarde, pero en el Carl´s Jr. de la plaza, y Julieta decidió llegar 20 minutos antes. “Yo iba a una entrevista de trabajo, dispuesta a dar una imagen de puntualidad”. Alejandra, la que debía ser su jefa llegó a la hora. Una mujer robusta, con manías y vestimenta que dejaban ver cierta masculinidad. Cargaba bajo el brazo un fólder manila lleno de solicitudes de empleo, y Julieta pensó que la competencia iba a ser dura. “Ella me dijo que su papá tenía servicio de banquetes, que ella me iba a dar seguro aquí en Tijuana, pero que el servicio de banquetes también era para Estados Unidos. Que eran cuatro horas por día, por cien dólares. Te digo todo esto porque fue creíble para mí” En la entrevista, como una solicitante que está dispuesta a ganarse al empleador, respondió a todas las preguntas, y Alejandra, en solo unos minutos ya sabía traslados y actividades de la familia de Julieta. Incluso hizo parecer, con una habilidad que solo Julieta puede medir, que entre ellas había coincidencias. No le resultó raro que a pesar de no tener experiencia cocinando, y de haber pedido el beneficio de no trabajar entre semana por atender a sus hijos, la conversación siguiera avanzando y el interés permaneciera. La primera entrevista de trabajo terminó como muchas, con la indicación de esperar su llamada. El esfuerzo se hizo y solo eso quedaba.   “Acuérdate de que tienen tus datos” Pero solo pasaron unas horas, dos exactamente. El teléfono de Julieta sonó cuando platicaba con su vecina. “Me dice ‘yo creo que tú ya te vas a quedar, me gustaron tus ganas y yo creo que ya te vas a quedar. Mañana es la capacitación en San Ysidro, te veo en la gasolinera que está después de la Nissan sobre la vía rápida, a las 10 de la mañana’”. Julieta estaba fascinada –así lo describe–, pues aparte, la capacitación iba a ser pagada; también el uniforme de trabajo. Al lugar y a la hora llegó Alejandra con otra mujer y la presentó con ella como su instructora. Arrancaron a la fila y pasaron algunos minutos. Julieta conducía sola su vehículo, y en el que viajaba Alejandra con la otra mujer iba lleno. Faltaban 3 o 4 carros  para cruzar –casi llegando a la zona en la que el carril es flanqueado por postes amarillos y abandonar la fila de cruce es imposible– cuando la mujer que le presentaron en la gasolinera toca su ventana. “Yo acababa de colgar el teléfono, estaba hablando con mi marido. Me decía que no dejara que me metieran nada, ni que se subiera nadie conmigo”. “Oye, me dijo Alejandra que me fuera contigo porque va bien llena”, le dijo la mujer. Subió al carro y en los minutos que quedaban antes del agente, construyeron una conversación que en ese momento Julieta no encontró sospechosa. Pero cuando Julieta le preguntó si tenía su Visa Ready Lane –porque le preocupaba un regaño del agente migratorio–, ésta le respondió: “acuérdate de que Alejandra tiene tus datos, de tus hijos”. “Si un minuto antes salir de la línea era imposible, en ese momento lo único era tener fe de no encontrarse con una sorpresa”. La otra mujer no traía documentos propios, mostró una visa y al agente le fue suficiente pedirle una identificación para darse cuenta. Las esposaron y las ingresaron a la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés). Ahí pasaron horas, prácticamente 24. A pesar de insistir en que fue engañada nunca se le permitió ‘la llamada’ ni rendir una declaración. En uno de sus traslados de oficina a oficina, se encontró con Mónica, con la que bastaron tres minutos de conversación para darse cuenta de que fueron engañadas de la misma forma. Julieta estaba preocupada, su supuesta empleadora tenía la información de su familia y a ella no le era posible comunicarse con nadie. Finalmente ambas fueron repatriadas a México el miércoles 16 de septiembre por la mañana, sin visa, sin vehículos y sin documentos que comprueben que alguna vez estuvieron detenidas en el CBP. De las indocumentadas no supieron ya nada.   ¿Quién persigue ese modus? Julieta puso una queja en la estación del Instituto Nacional de Migración (INM) por haber sido víctima de un probable delito. Además, acudió a la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) a denunciar extorsión, por la advertencia que hizo la indocumentada antes de llegar con el agente. Cuando acudió a hacer lo propio en la Procuraduría General de la República (PGR), le dijeron que no era necesario, que en todo caso la fiscalía local se los turnaría de ser de su competencia. “No tiene caso que nos cuente lo mismo”, le dijeron. Pero de acuerdo a lo informado por la PGJE, la averiguación previa se encuentra en “reserva de trámite”, pues no hay elementos suficientes para integrarla por extorsión porque no se manifiesta una amenaza de hacerle daño a su familia. Se mantendrá en ese estatus en tanto no existan otros elementos para encuadrarlo en algún delito, y en su forma de operar, estas personas no correrán riesgo. La recomendación es la misma de las autoridades: no permitir el ingreso de desconocidos a los automóviles y revisar bien antes de cruzar a Estados Unidos.   Consulado mexicano no es avisado en estos casos Remedios Gómez Arnau, cónsul general de México en San Diego, insiste en la recomendación de no permitir el arribo de desconocidos a al vehículo antes de cruzar a Estados Unidos, “cómo uno va a argumentar que no sabía lo que traía”. Por otra parte, explica que las autoridades estadounidenses no informan a las consulares mexicanas sobre la detención de un connacional en puertos fronterizos, ya que consideran que aún no se encuentran en su territorio. “Lo que ampara la acción consular de asistencia es la Convención  de Viena de Relaciones Consulares de la que somos parte. Entonces, la interpretación se aplica una vez que el extranjero (mexicano) ya está en territorio. Y aquí es el puerto de entrada”, menciona. Lo que si puede hacer el consulado mexicano, es investigar la situación legal de personas con este problema ante al CBP, y posteriormente ofrecer alguna orientación jurídica para recuperar documentos y resolver problemas jurídicos. “Qué consecuencias va a tener, para obtener un visa nuevamente. Lo que yo sugiero es que se presenten en la delegación de Relaciones Exteriores en Tijuana, donde  se pide información al CBP”. 223 mil detenidos por el CBP en la frontera De acuerdo a un informe de la Oficina de Aduana y Protección Fronteriza, a lo largo de la línea fronteriza y específicamente en los puertos de entrada (garitas), existe un aumento del 9 por ciento, comparando el año fiscal 2013 con el 2014. Es decir, de septiembre del año 2013 a agosto del 2014 (año fiscal), hubo 223 mil 712 aprehensiones en los puertos por violaciones de inmigración, penales u otras razones de seguridad nacional. Mientras que en el 2013 se registraron 203 mil 578.      


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Autor(a)

Redacción Zeta
Redacción Zeta
Redacción de www.zetatijuana.com
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