Sobre los “burro cebras”


 
Cartaz lunes, 15 septiembre, 2014 03:00 PM

Sr. Francisco Navarro F. Editor del Semanario ZETA Sección “Cartaz”. — El pasado primero de septiembre leí en el periódico El Mexicano de esta ciudad de Tijuana, B. C., un artículo en la sección de “Marketing y Publicidad”, titulado “Un nuevo brand para Tijuana”. El autor de este artículo es un joven profesionista en mercadotecnia, de nombre Landare Pimentel. Me llamó la atención una fotografía incluida en el artículo, de los llamados “burro cebras” (burros pintados a rayas negras a semejanza de las cebras). Pero lo que más me llamó la atención y me llenó de indignación fue observar sus patas atadas con cadenas. El Señor Landare Pimentel hace énfasis de que él pertenece a la nueva generación de ciudadanos “tijuanenses de Tijuana” y que tanto él como otro “mercadólogo” de la vieja escuela de nombre Roberto Lango creen que el “burro cebra” resurge como parte de nuestra identidad, creen que se debe dignificar tanto la tradición como a los que operan a los “burro cebras”, ya que al final son personas que han representado a nuestra ciudad de forma digna. Y se logró reconocerlos como patrimonio cultural de Baja California y en palabras del Señor Landare Pimentel, a él todo esto le pareció “emocionante”. Pues bien. Da tristeza que tanto las pasadas como las presentes generaciones actúen sin razón ni juicio. René Descartes decía: “La razón o el juicio es la única cosa que nos hace hombres y nos distingue de los animales”. Yo les pregunto a los “tijuanenses de Tijuana”: ¿Qué acaso su identidad, su dignidad y su patrimonio cultural, deben de basarse en el cruel sufrimiento infringido a estos animales? Recuerden que Mahatma Gandhi decía: “Un país y una civilización, se puede juzgar por la forma en que ésta trata a sus animales”. Los invito a invertir los papeles. Imaginémonos por un momento que nosotros somos los “burro cebras” y que nuestros “dignos operadores” nos mantienen los pies y las manos encadenados y con unos atrinques de madera en las caderas, para cerciorarse de que no podamos sentarnos a descansar y así permanezcamos todo el día, de pie, bajo los inclementes rayos del sol y soportando las altas temperaturas, mientras nuestros “dignos operadores” se mantienen refrescándose y dicharacheros bajo la sombra. Les vuelvo a preguntar: ¿Seríamos capaces de soportar todo este sufrimiento, solo para que unas personas sin razón ni juicio nos nombren “patrimonio cultural de B. C.”? ¿Qué acaso en estas acciones se basa la “Tijuana Innovadora”? ¡Me gustaría mucho saber sus respuestas! Para mí en lo personal, estos actos de barbarie no tienen nada que pueda parecerme “emocionante”. Más bien me resulta increíble que tal aberración pretenda dignificarse. A nosotros como una “sociedad culta”, estas injusticias más bien deberían avergonzarnos. “Mientras no tratemos a los animales con dignidad seguiremos siendo unos salvajes” (Albert Einstein). Por cierto. ¿Por qué el periódico El Mexicano sigue fomentando la prostitución, trata de personas, abuso de menores, etcétera, publicando anuncios clasificados de alto contenido pornográfico en su sección de “Masajes”? La ley es muy precisa: Cárcel a quien publique anuncios relacionados con el comercio sexual. Los propietarios de periódicos, revistas y medios de comunicación electrónicos, que publiquen anuncios relacionados con la explotación sexual: “Purgarán condenas sin derecho a fianza”. Esto lo debe de saber mejor que nadie el Director de ese “prestigioso periódico” como diputado que fue. Atentamente.   Armida Saralegui Tijuana, B. C.

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