Ébola Chichimeca (Primera parte)


 
Cartaz lunes, 15 septiembre, 2014 03:00 PM

Este territorio bautizado como México a mediados del siglo XIX, el siglo de los vende patrias chichimecas, había inaugurado su proceso de descomposición tres siglos antes, el 13 de agosto de 1521, cuando un puñado de aventureros sin línea ni programa político pero bajo el paraguas de un mesianismo cristiano con un toque de aroma musulmán destruía una civilización como un transeúnte troza una flor con una vara mientras en Europa nadie sabía lo que sucedía en lo que terminó llamándose América. Después del conquistador llegaron el Virrey y sus lacayos, y su par, el delegado de la Curia Romana con su equipo. De inmediato llegó el complemento del ajiaco: el abarrotero gallego. El Dream Team estaba formado. Espada, cruz y estanquillo revueltito con autóctonos produjo un pozole denominado mexicanos que en sus inicios no sé cómo se llamaban. Prácticamente no tenían nombre. Eran pobladores de la entonces denominada Nueva España “pacificados” por peninsulares de la “Madre España”, peninsulares que gustosos segmentaron a sus siervos en indios, mulatos, sambos, negros –o sea, “pelados” – y otras castas que hoy pululan rozagantes en La hermana República de Yucatán, Quintana Roo, Chiapas, Oaxaca y algunos almácigos de Veracruz, Estado de México, Puebla y la Costa Chica. Actualmente los de abajo –los pelados– se trepan a La Bestia en su viaje al norte a intercambiar una espalda mojada por una comida. Los de arriba –la gente bonita, los recoletos– también viajan al norte pero en avión privado a esquiar. En 1521 nació el ébola chichimeca. Ahí se definió la helicoidal del ADN chichimeca. Nunca existió un proyecto de nación, apenas una colonia explotada y cultivada por señoritos que a partir que el imbécil y timorato de Fernando Séptimo se arrodillara ante Napoleón, se convirtió en ocurrencia, un correlequetealcanzo, traiciones, asesinato de patriotas, juego de veletas, remates de la patria, autoritarismo, entreguismo y saqueo. Se sugiere echar un vistazo a la historia no oficial de nuestro país-aje. (Nota no oficial de la R.) Como sabemos –y nos lo recuerda el actual problema del Ébola en África, problema de todos– cualquier virus demanda entorno favorable para su fermentación. Nada mejor que el altiplano central mexicano, la inmarcesible “región más transparente” con su maravilloso lago de Texcoco en cuyas prístinas aguas el Ébola Chichimeca, cual loca despeinada, se echara un clavado aquel 13 de agosto de 1521. De ese acto surgió la esencia chichimeca: la cultura popular expresada en Ermelinda Linda, la Familia Burrón, El Enmascarado de Plata, Fidel Velázquez, el Chupacabras, el Abad Schulenburg, la H1N1, la Gordillo, Juanito, el Deschamps, el Rey de la Basura, el Peje, el Copetón o los regocijados dipu-tables de moda son productos de esporas desarrolladas en la Glan Chilangostlan. Todo lo que gira alrededor, arriba, abajo, enfrente, es expresión de lo mismo. Fascinante. Con contadísimas excepciones, el periodismo chichimeca es una vergüenza, una miseria humana, incluyendo en forma prominente a paleros como Zabludovsky, quien hoy se mece en la poltrona del Alzheimer: no recuerda sus décadas de amanuense del sistema represivo, autoritario, asesino. Hoy publica notas rosas, espejos de Narcizo. Le fascina verse, solazarse con desvariada prosa. Un caso para La Araña: Alzheimer + ébola chichimeca. ¡Aguas! (Nota sanitaria de la R.) Continuará… Diego Moreno Correo: [email protected]

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