Efrén Acosta Baray


 
Toroz lunes, 12 mayo, 2014 07:00 PM

Su historia es digna de una novela, empezando por su resonante triunfo el 8 de octubre de 2000 en Madrid, donde acompañado de Luis Francisco Esplá y José Luis Moreno, picó a “Embudito”, ejemplar que correspondió a Eulalio López “Zotoluco”, de la vacada de Victorino Martín. Las ganaderías que más ha lidiado en España, son Miura y Victorino Martín. Acosta perdió su brazo izquierdo en un accidente automovilístico en 2011, en Dallas, Texas, a pesar de eso, mantiene una sencillez y humildad que lo engrandecen, reflejándose en su rostro, aunque siempre le gustó vestirse de la aguja. Hizo su debut a los cinco años, en Ciudad Juárez. Perteneció a la Escuela de Monterrey, donde estaban Eloy Cavazos, su hermano “El Vito” Cavazos, Herminio Alvarado, Alberto Preciado Meléndez, José Guadalupe de la Fuente “Lupillo” y José Santacruz. Se vistió de luces por primera vez en 1961, entonces tenía once años  y se despidió definitivamente el 23 de marzo de 2008. Se colocó siempre con las figuras del Toreo. Su mejor tiempo fue cuando participó con los “Toreros de la Abundancia”: Manolo Martínez, “Curro” Rivera y Eloy Cavazos, así los llamaban los “Hombres de Plata”; afortunadamente Efrén ya había alcanzado la madurez profesional que lo caracteriza. Tuvo su examen profesional el 6 de marzo de 2008 en Morelia, Michoacán, con Antonio del Olivar, Manuel Benítez “El Cordobés” y Manolo Martínez, con toros de San Antonio de Triana.    Se convirtió en uno de los picadores mexicanos más reconocidos en el mundo. Lo apodan “El Loco”, mote que heredó de su padre, y éste a su vez a su hijo, quien  representa a la quinta generación en los ruedos que principió su padre en el siglo pasado. Algunos de los pormenores de la pica se centran en cuando el toro se mantiene  parado y debe llevarse el palo arriba, en el momento que se arranca baja la puya y es cuando lo prende. El varilarguero mexicano no usa la parte del fierro en el lado derecho, y sí los zapatos normales o botines. En España se lleva la cuarta para arrear al caballo. El jamelgo es más ancho y pesado, ya que se cruza con percherones, la alzada es la misma, pero más dura que en México. No se puede negar que al toro azteca se le pega más que a ninguno y las faenas son más largas, además, la afición exige que a los astados se les pique a “manos llenas”, considerando a los picadores como los “malos de la película”. El exceso de castigo resulta en contra del torero y el varilarguero. La mayoría no sabe apreciar la suerte de varas. En la Iberia saben apreciar trasteos breves y de calidad, a los encastados hay que darles más castigo que a los blandos, los bravos sostienen por si solos la pelea y, cuando aflojan, se suelta el brazo. La medida del recargo es producto de la experiencia y el aprendizaje, el lugar donde cae la puya tiene como fin corregir los defectos que pueden acusar los toros durante la lidia; si el burel lleva la cara alta, hay que pegarle delantero para que humille y el torero se encuentre los más cómodo posible cuando tome la muleta. La puya no debe caer más atrás, pues el bovino echará la cabeza arriba. El peor animal que puede haber, es el manso. [email protected] 

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