Murubes en México


 
Toroz viernes, 25 abril, 2014 03:22 AM

La familia Hernández, a través de sus hijos Sergio y Francisco, viajó a España y le compró a Pedro Gutiérrez Moya “El Niño de la Capea” –quien tiene una ganadería formada con sangre selecta de Murubes- varias pajuelas para inseminar a las vacas y abrir las líneas, asegurando con ello el crecimiento de las familias que ahora mismo son trece, pues de los 16 astados que llegaron en 1997, ahora hay 64, obedeciendo a un infructuoso proyecto genético. El ambicioso plan que ilusiona a Sergio Hernández, consiste en cruzar en ambos sentidos las tres líneas de Saltillo que actualmente hay en Rancho Seco, de divisa caña y rojo;  una vez que creció el ganado, lo pusieron a padrear toros mexicanos con vacas “mururbeñas” y santa colomeñas. Hoy los ingredientes están a la vista, rodeada de anhelos y sueños, pero solamente el tiempo, paciencia y trabajo al lado de sus hijos, serán la clave para encontrar el equilibro perfecto que pueda devolver a México, la posibilidad de admirar la lidia de los “murubes” de épocas pasadas, y de canalizar una apasionante vocación mediante un concepto muy válido de bravura. Durante los años de 1940 y 1950 la sangre española de “Murube” ocupó un  destacado lugar en la ganadería mexicana, que fue la importación de varios ejemplares de dicha procedencia en 1938 y 1945, respectivamente, que significó clamorosos triunfos para las ganaderías de Pastejé, Zacatepec y Rancho Seco. En cada una de ellas, la sangre “murubeña” dio un toque de distinción en medio del encaste “saltillo” tan extendido. En estas tres casas se hicieron cruzas con dos ramas distinguidas de “saltillos” que dieron buenos dividendos, sin embargo, el hecho de no haber podido conservar pura la sangre, debido a la sencilla razón de que nunca vinieron hembras, ocasionó que el vigor genético de los “murubes” se diluyera paulatinamente hasta ver muy reducidos sus porcentajes. En su momento, Sergio Hernández González, propietario de Rancho Seco, trajo vacas con el hierro de Bohórquez con la intención de imprimir un sello especial a sus animales, convencido de una concepción muy estricta de bravura, emprendiendo así la esperanzadora búsqueda de un animal bravo con personalidad que brinde variedad al espectáculo. Se trata de una sólida aspiración a largo plazo que quiere alcanzar con “piaras” de Santa Coloma. Los cinco sementales de Murube dejaron una descendencia de 30 hembras y 44 machos, escogiéndose seis para la presentación de la ganadería en un mano a mano entre Fermín Espinosa “Armillita Chico”, que cuajó a “Clarinero”, y su ahijado Silverio Pérez “El Faraón de Texcoco”, quien inmortalizó a “Tanguito”, faena  relevante del Siglo XX.  “Tanguito” fue bravo, tuvo tranco, emotividad y no tuvo mella una “vuelta de campana” que se dio por humillar tanto. El clímax de Pastejé se desarrolló el miércoles 11 de diciembre de 1946. [email protected]

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