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sábado, junio 22, 2024
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Eduardo Antonio Parra: “El cuento no vende, pero sí se lee”

Cuando Tusquets convocó a diversos autores para que escribieran un cuento sobre el erotismo en plena Nochebuena, los escritores “ya estábamos metidos en broncas”, asegura Eduardo Antonio Parra. No era para menos, sobre todo tomando en cuenta que tenían el reto de contar una historia erótica, pero sin llegar a ser “común y corriente”, diría el narrador en alusión a la traicionera línea que separa al erotismo de la pornografía. Producto entonces de aquella propuesta más literaria que morbosa, el vástago fue el libro de cuentos titulado “Nochebuena en tu Cuerpo” editado por Tusquets en 2011. Obviamente, cada escritor enfrentó los desafíos del peculiar tema con los discursos y recursos literarios a su alcance, con una diversidad de estructuras y formas. La obra reúne a escritores de reconocida trayectoria hasta noveles autores. Generaciones desde los 50 hasta los 80 convergen en “Nochebuena en tu Cuerpo”, entre ellos Eduardo Antonio Parra con su cuento “Mal Día para un Velorio”; Luis Humberto Crosthwaite con “A Cuatro Manos”; Francisco Hinojosa presenta “Muñeca”; y Álvaro Enrique da a conocer “Anunciación”. Por la antología pululan también “En un Vagón del Metro Utopía”, de Ana Clavel; “Rostros sin Identidad”, por Claudia Guillén; “La Fragilidad de las Esferas”, de Verónica Gerber Bicecci; “Blanca Navidad”, de Mónica Lavín; mientras que Gabriela Jáuregui propone una “Navidad Negra”. La Nochebuena, cuenta Tusquets, es una oportunidad para dar regalos que pueden llegar a convertirse en verdaderos deleites del cuerpo, como lo descubrió María, la bienamada del Señor, quien goza la llega del ángel enviado para anunciarle que será madre del futuro Mesías. O Remigio, un hombre a quien su prometida ha obligado a refrendar su deseo hasta el matrimonio, pero que se escapa para conocer a la navideña reina de las nieves. Por su lado, un impávido lector de diarios es elegido por una hermosa cazadora para explorar los placeres de la lengua, en un oscuro café. Marcos, cuya mujer muere en la víspera de Navidad, recuerda vivamente cuando retozó en las satisfacciones furtivas de un amor cercano al incesto. Y Santa Claus no solamente trae obsequios para los niños, también puede complacer la fantasía de un hombre para jugar con la muñeca de sus sueños. Silvia se derrite como un iglú ante la calidez de un animal salvaje que le ofrece un delicioso regalo y le hace aullar de satisfacción. Ana, una adolescente curiosa, descubre en plena Navidad que hay cosas del sexo que es mejor ignorar. Adolfo, un duro y experimentado  jefe de seguridad en un table dance, tiene un encuentro casual con un apuesto joven extranjero, y el más anhelado sueño de un usuario del metro por descubrir la veracidad de una leyenda urbana con hermosas chicas vestidas de Santa Claus, termina de forma inesperada. Cuando se le plantea a Eduardo Antonio Parra que es interesante ver cómo los autores seleccionados de diversas generaciones reflejan una época en torno al trato del erotismo, expresa que “se ven las diferentes visiones” del tema. Y argumenta: “Yo creo que el erotismo por supuesto que no cambia demasiado de una época a otra, de una generación a otra; yo creo que no cambia de un siglo a otro o de un milenio a otro; lo que cambia es el decorado, en realidad. Lo que cambia puede ser el imaginario de quien vive ese erotismo; aquí lo que estamos viendo es diferentes imaginarios, como lo acabas de hacer notar”. De la autora más joven (Verónica Gerber, 1981) al autor de más edad (Francisco Hinojosa, 1954), hay treinta años de diferencia; entonces, confiesa Parra, “lo que estamos viendo ahí es una manera de tomar el tema, diferente; hay quien lo toma con más solemnidad, hay quien lo toma con más humor, hay quien lo toma con ligereza”. En todo caso, quizá las antologías temáticas como la de “Nochebuena en tu Cuerpo” cumplen la crucial función de acercar a los lectores a la obra en general de algunos escritores: “Muchas veces son como la introducción hacia los autores de parte del lector. A mí me ha pasado que mucha gente se acerca que le firme mis libros y me dicen: ‘Tu primer cuento lo leí en tal volumen de Cal y Arena y me gustó, por eso empecé a buscar tus cuentos’. Es como una especie de referente”, revela el barbudo narrador. “El cuento, un género bastante castigado”: Parra Eduardo Antonio Parra es uno de los narradores especialistas en cuento, una de las voces autorizadas y de mayor credibilidad para hablar sobre cuento. Es autor de “Los Límites de la Noche” (Era, 1996), “Tierra de Nadie” (Era, 1999) y “Nadie los Vio Salir” (Era, 2001). También de la novela “Nostalgia de la Sombra” (Premio Joaquín Mortiz 2002), el libro de cuentos “Parábolas del Silencio” (Era, 2007), la obra de largo aliento “Juárez. El Rostro de Piedra” (Grijalbo, 2008) y “Sombras Detrás de la Ventana: Cuentos Reunidos” (Era, 2009), con el que obtuvo el Premio de Narrativa Antonin Artaud 2009. Partiendo de que no todas las editoriales promueven el cuento, Eduardo Antonio Parra (León, 1965) se congratula por el hecho de que Tusquets haya fraguado la idea de promover al género a través de la selección de autores ahora propuestos en “Nochebuena en tu Cuerpo”: “Tusquets hace la convocatoria, y luego sí está haciendo una promoción del libro, y está promoviendo libros de cuentos. Es una editorial de las que no descuidan al género, afortunadamente, porque es un género bastante descuidado por las editoriales en México, todos lo sabemos, hay pocas editoriales que se arriesgan a publicar libros de cuento”.  — ¿Cómo es actualmente la producción de cuento en México? “La producción sigue siendo igual, incluso más intensa que en años anteriores. Casi todos los jóvenes que empiezan a escribir narrativa escriben cuento; el problema es cuando ya se tiene un libro, o cuando se tiene un cuento, hay muy pocos espacios donde acomodarlo. Al menos en el Distrito Federal, los suplementos han desaparecido, han estado desapareciendo, hay muy pocos, y los que existen tienen muy poco espacio. Por ejemplo, en lo personal me piden cuentos y me dicen ‘oye, que no pase de cinco cuartillas’. Y yo digo: ‘oye, yo necesito por lo menos diez para ir agarrando vuelo’. La producción de cuento se va quedando en los blogs, se va quedando en internet, no llega al papel, desgraciadamente”. — Mencionaste que el cuento está “descuidado” por las editoriales, ¿podrías abundar un poco más sobre cómo operan los sellos al respecto? “Las editoriales de más renombre comercial, por decirlo así, manejan un sistema muy extraño: Tú llevas un libro de cuentos, les gustó muchísimo y te piden una novela. Y dicen: ‘danos primero una novela y ya luego te publicamos los cuentos’; en las editoriales más grandes, me refiero. Yo publico cuento en Era, ahí nunca he tenido problema; creo que Tusquets tampoco tiene mucho ese problema, aunque no publican mucho. Tenemos ese problema; es un problema en México, yo creo que en todo el mundo en realidad, bajo la famosa premisa de que el cuento no vende, no se lee. Yo estoy de acuerdo que el cuento no vende, pero sí se lee. Estoy seguro que sí se lee”. — ¿Cómo es la apertura de las editoriales en torno al cuento, en relación con otros tiempos? “Yo creo que ha sido igual, era bastante difícil. Hay editoriales que en algún momento fueron como simbólicas, o como las más reconocidas en México y que eran independientes en su tiempo, Mortiz por ejemplo. Mortiz publicó un montón de cuento. Tengo la impresión de que cuando lo compra Planeta, dejan de hacerlo, porque Planeta pues ya es una editorial que piensa más en el negocio que en la literatura. Creo que mientras las editoriales se mantienen pensando más en la literatura que en el negocio, o pensando a partes iguales, es cuando hay oportunidad de publicar cuentos; y pues esos tiempos ya se nos fueron hace mucho, desgraciadamente. En cuestiones de calidad literaria, yo creo que México tiene un cuento de primer nivel, muchas veces mejor que la novela mexicana”. — ¿Determinan los suplementos literarios el mercado editorial del cuento? “Yo creo que sí, y están marcando la extensión. Creo que lo han hecho siempre, de alguna manera. Cuando inicia el cuento como género ya bastante probado a principios del Siglo XX, a finales del Siglo XIX, también se publicaban en periódicos y revistas; entonces el espacio que les daban determinaba la extensión, es algo muy curioso. Si revisas los cuentos completos de Chejov (Rusia, 1860-1904), son dos tomos, en el primer tomo casi todas las historias son demasiado breves, y yo pienso que no es porque Chejov no pudiera escribir más extensamente, sino porque era el espacio que le daban. Luego, ya cuando se empezó a hacer más de prestigio, ya le abrieron el espacio más amplio, ya le dijeron lo que todo mundo sueña: ‘Bueno, danos un cuento del tamaño que sea, no importa, te lo publicamos’”. — Eso sucedió en el caso de Chejov, en Rusia, pero ¿el fenómeno ocurrió en otros países? “En Francia, con Maupassant (París, 1850-1893), es lo mismo. La mayoría de los cuentos de Maupassant son breves porque tenían que tener determinada extensión para entrar en los periódicos, hasta que Maupassant empieza a pensar ya en escribir libros de cuentos, entonces ya le suelta la rienda a la extensión y los hace mucho más largos, pero antes tenían que ser breves”. — ¿Los suplementos literarios determinan al género? “Están incentivando mucho, que eso también es bueno para ese otro género que es la mini-ficción; están incentivando la mini-ficción porque quieren aprovechar todo el espacio. Por ejemplo, El Ángel de Reforma publica cuentos, pero muy de vez en cuando o no tan seguido, y sí son cuentos de cinco cuartillas. En Laberinto, de Milenio, son cuentos incluso yo creo que más breves, porque tiene mucho menos espacio. La Jornada de repente sí saca uno o dos cuentos en un número que es algo extraordinario, pero de repente pasan algunos números sin que saquen cuentos. Entonces, el cuento sigue siendo un género bastante castigado. Hay esfuerzos por paliar esto: La UNA saca su antología de cuento cada año, la de ‘Solo Cuento’, pero pues es un solo libro, es imposible que quepa demasiado en un libro por año; de repente Cal y Arena saca algunas antologías temáticas con varios autores”. — ¿Qué papel está jugando internet en cuanto a la publicación de cuento? “Yo creo que ahí se publica mucho más, y te digo ‘creo’ porque yo no soy un cibernauta, soy un hombre de las cavernas, todavía, pero si me pongo a buscar algún cuento clásico, lo encuentro; alguno que no he encontrado en libro. Y luego le echas el ojo a sitios nuevos que publican específicamente cuento y sí ves muchísimo. El único problema que yo le veo a internet es la falta de editor; como no hay editor, te pones a leer tres cuentos y son de calidades completamente diversas, puede ser uno muy malo, uno muy bueno y uno medianón. Si hubiera editores pues estaría un poco más pareja la calidad. Hay gente que no le publicaron y abrió su blog y le ha ido muy bien. Hay gente que ni siquiera se preocupó en andar buscando publicar, abrió su blog y lo leen bastante. La ventaja de internet es que tiene público para todo lo que se publique”. — ¿Cómo ves la producción de cuento actual en el norte, en comparación con otras regiones del país? “Por lo que yo he visto, en el norte es más intensa; en el norte y en el centro. Acabo de hacer un prólogo para una antología de cuento sinaloense que me pareció de bastante calidad, lo editó la Universidad de Sinaloa, es una antología de cuento sinaloense actual, no es histórica, son los autores que están escribiendo ahora. Hace mucho que no veo una de Baja California, pero también había muy buena calidad. En Nuevo León están fuertes, y lo que es Jalisco, Estado de México, San Luis Potosí, creo que ahí están los fuertes. Donde yo veo un poco floja la producción es en el sureste, pero ahí ya lo sabemos, históricamente  los del sureste son más poetas que narradores. No sé por qué extraña razón allá se da mucho más la poesía”. — ¿Cuál es o cuáles son las temáticas que están abordando los narradores jóvenes? “Los muy jóvenes, y lo veía desde hace unas dos décadas, venían escribiendo mucho sobre violencia. Ahora es obvio que escriben mucho más; el contexto por supuesto que afecta o determina un poco la temática que el escritor está manejando. Es una violencia muy dura, muy cruda, muy bárbara. Muchas veces lees cuentos que lo único que tienen es eso, que dices, ‘sí, me está reflejando un crimen como si fuera una nota roja muy bien escrita’, pero no hay una estructura más allá de eso. Eso es lo que yo veo en muchos como parte negativa. Abordan mucho el tema de la violencia o de la ultraviolencia, de la situación actual, pero no le construyen una estructura narrativa; pero sí, es un tema omnipresente a donde vayas, sobre todo en el norte, es impresionante”. Eduardo Antonio Parra adelanta a través de ZETA sobre sus próximas publicaciones: “Este año salen los dos, un libro de cuentos (en Era) y una novela (en Random House Mondadori), si no, por lo menos uno de los dos sale. Los cuentos en su mayoría se han publicado en suplementos y revistas, y algunos olvidados, el más antiguo debe tener unos 12 años que lo publiqué, y vienen ahí un par de inéditos”. Y concluye: “La novela es histórica -en la época de la República del Siglo XIX-, el personaje es Díaz. Si tomamos en cuenta que el Díaz oficial es el villano, éste no lo vamos a ver, porque además voy a cortar en el triunfo de la República. A diferencia de lo que hice con Juárez (‘Juárez, El Rostro de Piedra’), es que ésta es una novela de aventuras, Díaz era un héroe romántico, era indiscutible que nadie tenía nada qué reprocharle, ni los historiadores, ni sus contemporáneos”.


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Autor(a)

Redacción Zeta
Redacción Zeta
Redacción de www.zetatijuana.com
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