Procusto y Solomon

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Opinionez Lunes, 23 Abril, 2018 12:00 PM

Cuenta la mitología griega que Poseidón tuvo un hijo al que llamó Procusto, y que éste recibía a los viajeros ofreciéndoles hospedaje, pero una vez que se dormían, los ataba a la cama y si no coincidían con la longitud de la misma, les amputaba las extremidades o se las estiraba hasta destazarlas, no habiendo quien diera las medidas perfectas, porque a los de menor estatura los acostaba en una cama más grande y a los más altos los colocaba en una cama más chica, por lo que nunca sus víctimas se acomodarían a las exigencias y expectativas desquiciadas de Procusto, quien más que buscar sincronía entre cuerpos y camas tenía la intención de torturar a los destinatarios de su locura.

De acuerdo a la fuente https://muhimu.es/comunidad/sindrome-procusto/ “La propia definición del síndrome de Procusto ya deja claras sus negativas consecuencias: “lo padecen aquellos que cortan la cabeza o los pies de quien sobresale”.

En la vida real, la fuente https://elpais.com/elpais/2013/05/17/eps/1368793042_628150.html refiere que en 1951 el reconocido psicólogo estadounidense Solomon Asch coordinó un experimento social llevado a cabo en una escuela donde se les dijo a 123 jóvenes que se les realizaría una supuesta prueba de visión, quienes pasarían de uno en uno a integrarse con un grupo de siete alumnos que estaban de acuerdo con Asch.

“Haciéndose pasar por oculista, Asch les mostraba tres líneas verticales de diferentes longitudes, dibujadas junto a una cuarta línea. De izquierda a derecha, la primera y la cuarta medían exactamente lo mismo. Entonces Asch les pedía que dijesen en voz alta cuál de entre las tres líneas verticales era igual a la otra dibujada justo al lado. Y lo organizaba de tal manera que el alumno que “víctima” del experimento siempre respondiera en último lugar, habiendo escuchado la opinión del resto de compañeros”.

A pesar de que la respuesta era obvia, el 75% de los estudiantes preferían dar la razón a los demás, quienes los influenciaban intencionadamente para que se equivocaran.

“Este estudio sigue fascinando a las nuevas generaciones de investigadores de la conducta humana”.

“El síndrome de Solomon pone de manifiesto el lado oscuro de nuestra condición humana. Por una parte, revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Y por otra, constata una verdad incómoda: que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos”.

“Detrás de este tipo de conductas se esconde un virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el progreso de la sociedad: la envidia. La Real Academia Española define esta emoción como “deseo de algo que no se posee”, lo que provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más”.

“Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de las alegrías ajenas. De forma casi inevitable, éstas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones. Sin embargo, reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien”.

Todo es cuestión de no padecer el síndrome de Procusto o de Solomon.

 

Alberto Sandoval es Fundador de Alianza Civil, A.C., Presidente del COMOSC y Secretario del CEFAB. Correo: AlbertoSandoval@AlianzaCivil.Org Internet: www.AlianzaCivil.Org Facebook: Alberto Sandoval. Twitter: @AlSandoval

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