En búsqueda de la felicidad  


 
Cartaz Lunes, 12 Febrero, 2018 12:00 PM

Apreciable lector, me tomé la libertad de poner como título de mi comentario, el nombre de una excelente película basada en la vida real y protagonizada por el también excelente actor Will Smith y su pequeño hijo.

Es un hecho conocido e innegable en el ser humano, el desear vivir plena y verdaderamente feliz toda su vida. A nadie nos gusta el sufrimiento (excepto a los masoquistas), son nada deseables todo tipo de angustias y preocupaciones o el vivir carentes de amor, cariño o la atención de nuestros seres queridos y amistades.

En tiempos actuales, los medios publicitarios, de comunicación, así como redes sociales, nos atiborran a diario con promociones de artículos, bienes o servicios para el bienestar y nos aseguran una completa felicidad después de consumirlos o adquirirlos.

Nos presentan lo que anuncian como algo necesario e imprescindible, diciéndonos: “Si su vecino ya lo adquirió, ¿usted por qué no? ¿Qué espera? Cómprelo también y se sentirá feliz y realizado”. Por dar un ejemplo.

Fíjese nomás en el engaño en que muchos caen, sin darse cuenta ya les “implementaron’’ los anuncios comerciales, un chip de consumismo en el cerebro. Todo ello deriva en los prejuicios y acciones discriminatorias que existen en la sociedad. Cito algunos: “Cuánto dinero tienes y te diré cuánto vales” o “como te ven, te tratan”.

Quiero hacer mención que soy consciente de la importancia del dinero en la vida para el sustento diario personal y familiar. Es bueno también aspirar a mejores condiciones de vida y sano entretenimiento. Es cierto. Bien se dice que el dinero no es todo en la vida, pero como ayuda.

Sin embargo, no significa que mientras más y más bienes materiales tengamos, seremos más felices.

Lector mío, me pregunto si no vivirán más sanos y felices las comunidades de tribus indígenas existentes en nuestro país, como los rarámuris de la Sierra Tarahumara, por citar un ejemplo, y donde ellos mismos tienen su propia organización comunitaria; los modos de subsistir y atender sus necesidades básicas, dependiendo casi nada de la tecnología y progreso del mundo “civilizado”. Me inclino a creer que SÍ son más felices que muchos de nuestro mundo progresista y tecnificado.

Bueno, quizá te preguntes: “Entonces, ¿cómo puedo ser feliz?”.

Permíteme compartir contigo la receta que me brindaron hace algunos años y me dio excelentes resultados, pero si tú prefieres practicar otro método, respeto tu decisión:

a) La felicidad no se compra con dinero. Es un regalo de Dios que cada uno de nosotros tiene la libertad de aceptar o rechazar. Solo Él puede llenar los vacíos de nuestra alma con plena felicidad.

b) La felicidad verdadera la cultivaremos únicamente en la espiritual forma de vivir, jamás en la avaricia ni en las apariencias personales o en frivolidades.

c) Para mejorar nuestra vida espiritual nos recomiendan tener reservado un tiempo de 15 o 20 minutos al día, fuera de todo ruido y todos los distractores, para reflexionar en nosotros mismos en cuanto nuestra relación con Dios, nuestra familia y la sociedad. Es importante hacerlo a diario.

Si te das cuenta, la felicidad la encontraremos según la espiritualidad que vivamos. Haz la prueba que nada pierdes y en cambio, puede ser que ganes el más grande tesoro para toda tu vida. Es recomendable pertenecer a una religión o un grupo que realice obras de caridad.

Realidad tremenda en la que vivimos, repleta de injusticias, crisis económicas, morales, corrupción por todos lados, contaminación de la naturaleza; desastres naturales, peligro de guerra nuclear y tantas calamidades más que parece que las buenas noticias ya no existen. A pesar de todo ello, la mejor noticia esperanzadora que todos tenemos es que, pase lo que pase, sí se puede ser feliz con el método que comparto contigo, por si tú gustas practicarlo. No es mi intención imponértelo, tú decides.

Todavía es tiempo, mientras vivamos en el mundo. Tú sabes que actualmente son pocas las personas que llegan a vivir 90 años y aún menos los cumplen 100.

Por lo tanto, ¿verdad que no merece la pena vivir derrotado ni amargado el resto que nos quede de vida?

¡Deseo de todo corazón que tú y tu familia sean realmente felices!

P.D. “La felicidad es como los abrazos. Hay que compartirla para disfrutarla”.

 

Eduardo Velarde Vázquez

Tijuana, B.C.

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