La contaminación de la conciencia

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Opinionez Lunes, 18 Septiembre, 2017 12:00 PM

A la inteligencia de Claudia Sheinbaum

 

Tijuana es una de las ocho ciudades más complejas en su organización, saturada de automóviles, transporte pesado; las calles son insuficientes para el tráfico de esta frontera, con graves limitaciones orográficas, de cerros, cañones; pésima planeación urbana, donde las políticas e intereses privados están por encima del interés público, de la funcionalidad y del sentido común que dictaría un urbanismo que respetara el tiempo, la salud física y mental de todos.

No funciona un Estado que gasta bárbara e ineficientemente sus recursos para regular la vida cotidiana que genera altos grados de contaminación.

1.– La peor polución es la humana; la costumbre de tragar sapos sin gestos; los valores sociales, la moral que pudre ideas y cerebros; la desintegración familiar, social que produce una convivencia violenta, la pérdida de solidaridad. Tragamos sin vomitar a instituciones y funcionarios descompuestos que envilecen y saquean impunemente.

2.– Motocicletas: Chulada, son libertad de movilidad, de rapidez, de colarse por doquier, de no hacer línea ni detenerse en semáforos. Todo bien hasta que presenciamos el enorme escape que tienen y que se escucha por la comarca. Mientras más ruido hacen, más “importantes” se deben de sentir estos cuates que los fines de semana se agrupan y, como si fueran una “sinfónica”, hacen una rabiosa presencia auditiva. Tacha doble porque, mientras más ruido agudos o graves causan, insultan al medio ambiente y rompen una norma de respeto a los demás que no tenemos por qué tolerar esos excesos de mofles arreglados para maximizar el estruendo. También hay autos “arregladitos” que impunemente practican ese deporte sonoro.

3.– Talleres mecánicos, de carrocería y pintura en zonas residenciales que no tienen regulación; carecen de filtros, de medidas anticontaminantes y trabajan bajo la vista gorda de inspectores, autoridades municipales, estatales o federales. Consideremos además negocios de alimentos, las personas que viven cerca o pasan y que deben respirar los químicos de las pinturas. ¿Cuánto dan de mordida a las autoridades? ¿Cuántas enfermedades generan? ¿Cuántos talleres improvisados, sin control sanitario, que son un alto riesgo de salud pública?

4.– La quema de plásticos en la vía pública, en terrenos baldíos o lugares plenamente identificados y que no existen sanciones ni acciones para detener ese crimen al medio ambiente y a la salud de la población. Ésta es otra de las acciones que, a pesar de reportarlas, no se tiene control ni se imagina la comunidad lo que significa para sus pulmones, de los infantes y embarazadas, especialmente, quienes respiran el humo terriblemente tóxico de los plásticos que recubren el cobre.

5.– Automóviles, camiones, motocicletas, que viejos y extenuados por el largo uso, mejor digo abuso, abundan en el parque vehicular y que producen visiblemente humo, que hacen notar que nunca han sido afinados; que son autos chocolate y que, por razón de salud pública, no existen medidas efectivas para que no sean retirados de la circulación por una autoridad competente. No solo se limita a particulares o empresas lucrativas, sino el mismo gobierno que tiene unidades que dan vergüenza, me refiero a los camiones recolectores de residuos domésticos o industriales.

6.– Quema de basura, obligada por las circunstancias y por ignorancia al daño ambiental que implica, ante la “original y brillante” idea del peor alcalde, el prianista Gastélum y que (por algo será) responde mejor al nombre de “El Patas”, de privatizar y rentar los camiones que deberían de recorrer cientos de colonias. El plan estúpido y perverso maquinó una crisis de recolección que aún persiste a más de 300 días de su desgobierno. Las personas que no saben qué hacer con montones de basura ante la ausencia del servicio público de recolección, los cuales optan por la elección criminal de quemar la basura para “deshacerse” de ella. Ignoran el mal que hacen y nadie lo discute para alertar y tomar medidas preventivas y exigir a los inútiles que desgobiernan Tijuana.

7.– Contaminación de la red de drenaje no es menor, debido a que la población, industrias, restaurantes, talleres, viviendas, negocios clandestinos, tiramos cualquier porquería y posteriormente padecemos. Circular por la Vía Rápida en Zona Río o el centro viejo, en horas de calor, es la prueba de que algo aberrantemente y equivocado está pasando. Sin autocrítica, sin conciencia de la gravedad de la suciedad de aire y suelo.

8.– La industrial: fábricas, maquiladoras y empresas locales que la corrupción les permite criminalmente contaminar alimentos, al campo agrícola. Tiran desechos tóxicos al drenaje, a los cañones, calles, aire y ríos. Dañar mantos freáticos, sin que el Estado repare en ello por simulación, ineptitud y moches a la Semarnat, Profepa, etc.

 

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es Académico del Instituto Tecnológico de Tijuana. Correo electrónico: [email protected]

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