La ética del abogado

Foto: Internet/El abogado siempre se tiene que conducir con verdad ante el cliente, la contraparte y el propio juzgador
 
Opinionez Lunes, 21 Agosto, 2017 12:00 PM

Juzticia

 

 

 

 

Eventualmente debemos hacer una reflexión sobre el ejercicio de nuestra profesión, a efecto de encontrar alguna fórmula para el mejoramiento de nuestra profesión, recordando que, por tradición y en general (con respeto para los abogados probos), el abogado tiene mala fama, ya que se cuentan múltiples historias: el hecho de que nos quedamos con las herencias, con las divorciadas; transigimos el contrario a espaldas de nuestros clientes; irresponsablemente faltamos a las audiencias importantes; cobramos sin saber; no interponemos los recursos o incidentes oportunamente; etcétera.

En el medio del litigio se identifica al abogado como el Licenciado en Derecho, el cual ejerce su profesión haciendo valer los derechos de su cliente ante cualquier instancia. El Licenciado en Derecho puede desarrollar actividades académicas, funciones públicas o consultoría, o, como es de esperarse, ejercer la abogacía, pero en todas debe actuar con ética y honestidad.

La ética en general se refiere a la disciplina que juzga el comportamiento del hombre; un conjunto de principios y reglas morales favorables a las buenas costumbres, refiriéndose a conductas adecuadas, a pautas socialmente aceptadas o que están en la conciencia individual; lo que está íntimamente ligado a la honestidad que se refiere a actuar con justicia o en cumplimiento de la palabra, o deber; actuar con decencia, es decir, respetando las buenas costumbres. En la especie, el abogado debe actuar con honor, cualidad que lleva a una persona a ser merecedora de la consideración y respeto de la gente.

No obstante, el hecho de que la gente tenga esta idea, es con fundada razón, pues se basa en que los abogados dicen solo lo conveniente para los intereses del cliente o de sus propios intereses, aunque digan falsedades. El abogado siempre se tiene que conducir  con verdad ante el cliente, la contraparte y el propio juzgador; de lo contrario, la relación procesal se envicia al punto de tener que acreditar sus falsedades, obviamente, con pruebas irregulares (testigos que no fueron testigos).

Un aspecto importante en la ética del abogado es la fijación de sus honorarios, los cuales deben ser justos y de acuerdo a la complejidad y novedad del planteamiento, pero debe plantearle al cliente la cantidad que pretende cobrar por sus servicios, suma que el cliente puede aceptar o rechazar, o en su caso, negociar.

Algunos abogados, pretendiendo quedarse con el cliente, afirman que el juicio se va ganar, lo cual es temerario, pues los juicios, si bien es cierto que se pueden ganar, también se pueden perder TODOS; por lo que hay que informarles que los asuntos se pueden ganar, perder o arreglar y los casos se arreglan mediante un convenio establecido cuando ninguna de las partes quiere correr el riesgo de perder, de modo que acceden a disminuir porcentualmente sus pretensiones.

El respeto y la confianza entre el abogado y el cliente son fundamentales y ello depende de que ambos se conduzcan con verdad y adquieran un conocimiento mediano de lo que pueden esperar ambos del juicio. Cuando el cliente le pierde la confianza al abogado, debe dejarlo, igualmente si es el abogado el que le pierde confianza al cliente.

Es importante celebrar un contrato de servicios profesionales entre abogado y cliente, porque, de esta manera, habrá precisión en las condiciones pactadas e incluso, se podrá prever la terminación anticipada del contrato y la disminución del pago.

La comunicación oportuna entre abogado y cliente también es esencial, mas tratándose de sentencias y mucho más cuando sean adversas, en virtud de que éste tipo de sentencias implican que el cliente tome las medidas conducentes para su cumplimiento.

El abogado es un asesor, no un solapador; no debe poner a disposición del cliente su creatividad para generar actos ilícitos en perjuicio de terceros, porque incluso, esta conducta le puede acarrear corresponsabilidad penal en su caso.

El abogado debe actuar éticamente, su concepto dice que es un humanista; como asesor privado o público debe ser un garante del buen consejo, la justicia, solucionador de problemas y nunca generador de ellos.

 

El Licenciado Gerardo Dávila ejerce su profesión en Tijuana,  B.C. Correo: lic_g_davila@hotmail.com

 

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