La cena que encolerizó a Bonilla

Columnaz viernes, 30 julio, 2021 10:00 AM

Fue el miércoles 14 de julio. La cita, en el penthouse del empresario David Saúl Guakil en uno de sus complejos residenciales ubicado en la colonia Cacho de Tijuana. Los convocados, todos empresarios de esta ciudad fronteriza y de Mexicali. Entre ellos, el notario Javier Ibáñez, Roberto Castro, Carlos Bustamante, Luis Lutteroth, Raúl Villarreal, los hermanos Cortín, Carlos Murguía, José Luis Hernández Silerio, un empresario de apellido Levi, el gerente regional de un banco y desde Guadalajara, hombres de negocios y el hijo de Víctor Llamas. La invitada de honor, Marina del Pilar Ávila Olmeda, gobernadora electa de Baja California, quien llegó acompañada de su esposo, Carlos Torres, del consultor Marco Moreno Mejía y del ex alcalde suplente de Tijuana, Kurt Honold. Los dos últimos, presentados como los próximos secretarios de Finanzas y de Desarrollo Económico, respectivamente. La reunión la convocaron los empresarios para platicar sobre el futuro de BC con quien a partir del 1 de octubre tendrá en su responsabilidad la administración pública del Estado. Le dijeron a la gobernadora electa que de sus acciones dependerá el desarrollo de la entidad, además, que es necesaria una reconciliación entre el empresariado y el gobierno estatal (aunque no lo dijeron, se refirieron a la muy minada relación por los constantes ataques de Jaime Bonilla hacia la clase empresarial). Receptiva, Marina asintió por momentos, pero siempre escuchó atenta. Con mucha educación y prudencia, no refirió ni un solo comentario negativo sobre el todavía gobernador Bonilla, como tampoco lo hicieron los hombres de negocios. Pero sí se comprometió a trabajar de la mano con los empresarios, lo que no se ha hecho hace tiempo. Todos estuvieron satisfechos con la reunión de acercamiento con la gobernadora electa… hasta que alguien informó al actual mandatario bajacaliforniano. Hay quienes reflexionan que fue Hernández Silerio, ahora empleado de Amador Rodríguez Lozano, y cuando Bonilla se enteró, entró en cólera. Se indignó es lo de menos. Despotricó y se enojó harto. Lanzó centellas. A su consideración, quien debía haber sido el invitado era él, pues es el gobernador y no Marina del Pilar Ávila Olmeda. Que nada se mueva en el Estado sin que Bonilla no se entere, esté al tanto o sea participado. Por eso no acude a los actos que él no organiza. Desprecia al Ejército, los actos de la Secretaría de Marina y aquellos que los alcaldes planean por su cuenta. Lo primero que ordenó luego de enterarse de la reunión, fue ir contra el anfitrión. Por eso los ataques recientes, desde su gobierno y la Fiscalía General del Estado, a David Saúl Guakil. Algunos de los convidados ese día y que conocen la historia de primera mano, refieren que ya lo había amenazado anteriormente. El hotel del grupo de Guakil no tenía ni tres meses abierto cuando la administración bonillista le cobró, personalmente, 7 millones de pesos por derechos de conexión de agua con la mentada Fisamex. El gobernador no entendió razones y el empresario desarrollador terminó pagando esa cantidad, pero después de la cena en honor de la gobernadora electa, se vino otra andanada de ataques. Catorce auditorías a las empresas de David Saúl, revisiones de tránsito estatal, del Servicio de Administración Tributaria de Baja California, primeras planas en los periódicos oficialistas tachando al empresario de defraudador… Y la intervención estelar de la FGE, que filtró una investigación en proceso, a propósito de una denuncia contra Grupo Cosmopolitan por vicios de origen en un condominio. Todo el aparato del Estado, de la FGE, contra el empresario por haber organizado una cena sin consultar al gobernador, y a favor de su sucesora en el poder. Esta semana y la que viene, continúan los embates contra el empresario anfitrión. Ya le han amenazado con una investigación por parte de la Unidad de Inteligencia Financiera que preside Santiago Nieto, aunque este último ni enterado está de las intenciones de Bonilla. Luego, para encolerizar más al gobernador, el grupo de Saúl Guakil ganó el amparo por el cobro de conexión de agua, ante lo cual el Estado deberá devolverle los 7 millones de pesos. Para la mala fortuna de muchos, en Baja California y durante el bienio de Bonilla, la política pública se maneja no con las leyes como sustento, sino con el humor y la vendetta de un gobernador encolerizado.

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