Civismo, educación y democracia

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Opinionez lunes, 25 mayo, 2020 12:00 PM

En memoria de Julio Anguita, maestro de corazón

 

El INE aprobó destinar $5,239 millones de pesos para el financiamiento público de los siete partidos nacionales en 2020. Esto implica que los institutos políticos tendrán 273 millones de pesos más respecto del presupuesto que se les asignó este año 4,965.8 millones de pesos. De 1997 a 2020 se han derrochado en los partidos políticos 83.670 mil millones de pesos (datos del INE); una fortuna, y aún hay una burocracia especializada en fraudes y el pueblo no manda.

Con tal presupuesto, ¿cuáles son las responsabilidades de los partidos políticos?

La ley dice que la socialización política y creación de opinión, la conciliación de intereses de las capas sociales, la formación de cuadros militantes y elites políticas, la canalización de peticiones de la población hacia los poderes y el reforzamiento y estabilización del sistema político.

El partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) fue creado en 2011 para impulsar la campaña presidencial de AMLO de 2012 por parte de la coalición Movimiento Progresista (conformada por el PRD, el PT y MC). Tras la compra masiva de voto en 2012, el movimiento se separó del PRD y de la coalición, buscando constituir su propio partido político. En julio de 2014, Morena obtiene su registro ante el INE. El partido se declara de “izquierda, democrático, anticorrupción y opuesto al neoliberalismo, al que acusan de que sólo ha beneficiado a una minoría de lobos a costa de la miseria de los trabajadores”.

Hasta hoy, las penalizaciones por parte de las autoridades electorales a las contradicciones, violaciones y rompimiento a sus estatutos y programa han sido económicas; el castigo político deviene lento y lo aplican algunos electores en coyunturas como el 2018, donde la derecha quedo aparentemente marginada del poder.

La base de la democracia es el ciudadano calificado. Sin adolescentes, jóvenes y adultos ciudadanos construidos, moldeados, informados, conscientes, críticos y libres no se puede cimentar la democracia participativa y activa. Sin construcción de una sociedad analítica, con juicio crítico, es imposible crear plataformas de participación social para estimular y desarrollar el estudio, la investigación, el análisis, y el debate público razonado. Es necio diseñas espacios críticos y libres de interés público en los medios de comunicación, en manos de intereses privados o de gobiernos huecos de ideas de progreso.

La educación cívica escolarizada ha fracasado (perversa y deliberadamente), aunque nominalmente existan universidades públicas y privadas que continúan sin ofertar diplomados en ciudadanía elemental, en un contexto de participación institucional donde la población adquiera la calidad de conciencia ciudadana, el alma de la democracia (ser mayores de 18 años y de forma decente de vivir y dueños de cultura cívica). Los partidos políticos, a pesar del enorme financiamiento y de ser uno de sus objetivos estratégicos, mucho menos forman ciudadanía y cuadros de dirigentes sociales con sentido de patria y ética política. Y si lo hacen, es de manera esporádica, accidental, “para taparle el ojo al macho”.

Y hay aún una grave rémora en la vida pública, financiera, académica, cultural, política y de administración de la justicia en este país, sigue las decisiones centralizadas; es decir, existe un colonialismo chilango, donde la economía, los impuestos siguen controlados desde el centro del país.

En Baja California, nos va de la patada por la distancia máxima con la CDMX, desde donde se toma el pulso a 30 entidades. Donde los medios de comunicación que informan lo que sucede en la capital, lo demás es relleno. Los gobernadores y sus aliados (los alcaldes), actúan como señores feudales al ser -de hecho- intocables, impunes, amos y señores que se confabulan sin decoro con los grupos criminales.

La centralización no se justifica, y más en un “sistema federal”, pero tiene una explicación: el manto de la incompetencia moral, el nepotismo, la desconfianza, la ausencia de instrumentos de control y la corrupción descarada hacen que las fugas de recursos se desplacen al centro del país y no se dispersen debidamente. ¿Cuál será peor? ¿Si la que ejercen las estructuras vivas del PRIAN o la descomposición en las entidades y municipios?

Los intelectuales del centro viven en un cuadrito; piensan y actúan en función de un eje con poder central, y las “provincias” son invisibles; los municipios son una fea caricatura en sus responsabilidades y atribuciones. Los mejores diarios, universidades, centros de investigación con sus raras excepciones, son y están en el ombligo del país.

 

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es académico del Instituto Tecnológico de Tijuana. Correo electrónico: [email protected]

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