Paco Ignacio Taibo II

Foto: Internet/Paco Ignacio Taibo II
 
Opinionez lunes, 3 febrero, 2020 12:00 PM

Paco Ignacio Taibo, escritor de oficio naturalizado mexicano, ha contribuido a la cultura y a la investigación de la historia de México como pocos: con la valioso biografía de Francisco Villa, tan buena y amena como la del alemán Friedrich Katz; la biografía del Che; la investigación de los días y años más críticos del grupo de Benito Juárez, en expulsión de la invasión francesa que culmina con la gloriosa Batalla de Puebla; el Cerro de las Campanas, donde conocemos el patriotismo de Ignacio Zaragoza, Francisco Zarco, Ignacio Ramírez, Melchor Ocampo, Riva Palacio, entro otros; y la derrota histórica de los reaccionarios y vende patrias de aquella época.

Lleno de optimismo, energía y dinamismo, refrescado por la responsabilidad de ser cabeza de la casa editorial del Estado, a Taibo II se le nota que disfruta las oportunidades de comunicarse y escuchar preguntas y comentarios de un auditorio, especialmente de jóvenes.

Recientemente se le invitó por parte de la Secretaría de Cultura y estuvo en Tijuana, Ensenada y Mexicali. Así, pudimos escuchar su intervención en el pequeño espacio del ICBC, lleno de jóvenes, para comentarnos sobre los retos de su trabajo en el Fondo de Cultura Económica; el problema de analfabetismo que ahí está, como zopilote carroñero, explotando el oscurantismo nacional.

En 2019, encontró los almacenes del FCE llenos de libros poco o nada útiles para las necesidades sociales, que se editaban como compromiso personal, con fines de justificar o “reforzar” las aberraciones del régimen político neoliberal (eficaz en concentrar la riqueza nacional con base en un sutil despojo, que nunca detectaron los radares de la conciencia mexicana); asimismo, descubrió almacenes del FCE -de piso a techo- llenos de un desperdicio de recursos, de libros que nadie quiere ni regalados, que se han puesto a la venta a un peso, y ninguno se vende.

Pienso en la importancia de las editoriales, los escritores, periodistas, las revistas y su producto por excelencia, el libro. Debemos de reconocer su valor de los textos, desde los más modestos hasta los más premiados, leídos y traducidos como un gran y fiel amigo; las hojas, unas compañeras, como gotas de experiencia de vida y sabiduría. Los libros son consejeros, un tiempo refrescante, un refugio de conocimientos para finalmente abrir los ojos a otras realidades: historias gloriosas, personajes luminarios, argumentos, descubrimientos, hipótesis, sueños, fantasías o crudezas de la vida capturada en los textos.

Además de faros y guías existenciales, los libros son -si me permiten la parábola- intensas vacaciones por mundos interiores; la presencia de un apoyo moral e intelectual, que permite reiniciarse la cosmovisión de las ideas y precepciones en un reencuentro con perspectivas nuevas. Además, se halla un confidente que redimensiona el entendimiento pragmático, la lógica de la vida, la moralidad en los usos y las costumbres, el deber interior, la voz de la conciencia; en suma, los valores humanistas que revolucionan a las personas con acceso a la cultura de las palabras, ideas y conceptos coherentes.

¿Por qué el libro se convierte en salvador personal, de la sociedad y las familias?

Es en el estudio y la palabra donde se construye o reconstruye la chispa de comunicación y el puente cultural del pasado con el presente, sin descartar el futuro deseado; el libro resulta un instrumento esencial para la experiencia del autoconocimiento, la riqueza y necesidad de convivencia, la viabilidad de desarrollo social y la liberación de las energías pensantes. Es un pilar y principio de vida reflexiva que estimula sanamente el ejercicio de las neuronas y del sistema cerebral.

Alguien dijo que en Rosarito no existe una sola librería. El quinto municipio podrá presumir de tener la mejor comida, cantinas, cabañas y hoteles excelentes, playas… pero aún no tiene una sola empresa que invierta, promueva o distribuya literatura, ciencias, tecnologías, historia, arte, gastronomía, etc. Por eso estamos como estamos, de jodidos.

Posdata.- Sí, se les debe caer la cara de vergüenza a todos los involucrados, desde Calderón y Peña Nieto, así como su círculo, que incluye los partidos políticos que los llevaron al cometer ese increíble abuso, cada vez que se habla del avión presidencial -que ninguna monarquía presume- con un costo de casi tres mil millones de pesos. Gasto inaudito en un país con hambre, ignorancia y 10 por ciento de analfabetismo (otra asignatura pendiente de la 4T), más otro porcentaje nada despreciable de personas que solo hablan un idioma y que no pueden entender el castellano, por ausencia o voluntad de impulsar la cultura, y de escuelas bilingües para los pueblos originarios.

 

M.C. Héctor Ramón González Cuéllar es académico del Instituto Tecnológico de Tijuana.

Correo electrónico: [email protected]

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