Enrique Serna narra el lado mercenario del periodismo

Fotos: Archivo
 
Cultura lunes, 23 septiembre, 2019 12:15 PM

El escritor entrega a Alfaguara “El vendedor de silencio”, novela que hurga en lo peor del periodista de política Carlos Denegri, vocero oficial que tuvo su apogeo como extorsionador durante el régimen de Miguel Alemán. “Yo quería compartir con los lectores mi perplejidad por el hecho de que un periodista tan descaradamente mercenario, haya sido considerado en su época una celebridad”, expresó a ZETA el narrador

 

El lado mercenario del periodismo de la fuente de política, encarnado por el periodista Carlos Denegri, es lo que magistralmente recreó Enrique Serna en su más reciente novela “El vendedor de silencio”, publicada este año por el sello Alfaguara de Penguin Random House Grupo Editorial.

Hijastro del diplomático mexicano Ramón P. Denegri, Carlos Denegri (1910-1970) fungió como periodista en Excélsior durante los sexenios de Miguel Alemán Valdés (1946-1952), Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958), Adolfo López Mateos (1958-1964) y Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), época en que se ganó una mala fama.

Aunque advierte en la posdata de su novela que fue en 1997 cuando Jacobo Zabludovsky le contó algunos pasajes sobre Carlos Denegri que “despertaron mi curiosidad por saber más del personaje”, el autor de “El miedo a los animales” (Joaquín Mortiz, 1995) confesó a ZETA cómo descubrió la leyenda negra del periodista, al grado de querer escribir una novela.

“Antes de que Jacobo Zabludovsky me contara algunas anécdotas sobre Carlos Denegri (en 1997) yo ya había leído otras narradas por sus contemporáneos que me llamaron poderosamente la atención y me di cuenta que había una leyenda negra sobre Carlos Denegri; y bueno, decían los románticos alemanes que la materia prima de la literatura deben ser las leyendas populares”, reveló Serna.

“Me atraía mucho este personaje porque, a pesar de estar muy ensoberbecido, también era muy vulnerable; era un hombre intoxicado de poder tanto en el trato con sus mujeres como en el ejercicio de su profesión, pero tenía un Talón de Aquiles: dividía el carácter que lo arrastraba al despeñadero con más fuerza que la ambición. Entonces, me pareció interesante escribir una novela narrada desde la conciencia de Denegri, que era una conciencia en descomposición, sobre todo en los dos últimos años de su vida, porque finalmente fue vencido por sus demonios”.

Una vez seducido por los claroscuros del personaje, el autor emprendió una labor de investigación en hemerotecas y archivos sobre Denegri, mientras se gestaba también la ficción.

“Empecé hace cinco años la investigación sobre este personaje y me di cuenta que había muchas lagunas, porque en este caso no es como ‘El seductor de la patria’ (Joaquín Mortiz, 1999), mi novela sobre Santa Anna, que ya habían escrito varias biografías; en el caso de Denegri no había ninguna, tuve que recabar testimonios y descubrir algunas cosas que creo nadie sabía, como la de su actuación en la Guerra Civil española, que es un momento muy importante en la vida de Denegri porque es donde sus ideales de justicia social entran en contradicción con el pragmatismo, el relativismo moral”.

 

VOCEROS DE LOS POLÍTICOS

Aunque fue conocido como el “periodista más importante de México” (página 282), Carlos Denegri también tenía fama como “el favorito de la corte -en el sexenio de Miguel Alemán-” (57), “un periodista importante, famoso y respetado en las altas esferas del poder” (121), “periodista extorsionador” (149), “portavoz del gobierno” (155), “un interlocutor del poder” (180), “un cínico” (182), “un pistolero más, que disparaba con la máquina de escribir” (221), “incondicional de Maximino -hermano de Miguel Alemán-” (247), “vocero oficial del gobierno” (278), “ventrílocuo del poder” (278), “correveidile de un asesino de periodistas” (279), “Rey Midas del periodismo” (298), “periodista mercenario” (299), “ratero” (370) e “incondicional del régimen” (375), por citar solo algunas de sus referencias que pululan por la novela.

“Y ahora, ese engranaje autoritario, avergonzado de su engendro, lo sustituía con una mueca de asco por voceros más presentables” (p. 476). Queda la sensación que como tantos periodistas que creen que se sirven de la política, en realidad son desechables ante la maquinaria del poder, algunos hasta terminan de funcionarios públicos como pago a sus favores y otros quedan en el olvido desprestigiados y sustituidos por otros reporteros más presentables…

“Creo que en el caso de gente como Denegri, se sienten en realidad copartícipes del poder porque, por ejemplo, él tiene su época de gloria en el sexenio de Miguel Alemán, donde una camada de cachorros de la Revolución regenteó la industrialización del país y se enriqueció ilícitamente a costa del erario público.

“Denegri encajaba perfectamente dentro de esta pandilla porque es el hijastro de un político prominente que había sido secretario de Agricultura con Obregón (1920-1924) y de Industria y Comercio con Portes Gil (1928-1930), entonces, lo aceptaron como un miembro de esa pandilla y se convierte en una especie de ministro de propaganda sin cartera al que utilizaban para mandar mensajes a toda la pandilla revolucionaria por medio de su Fichero Político, una columna que publicaba los domingos.

“Creo que Denegri llegó a sentir que él gobernaba desde su tribuna, porque en su Fichero Político él hacía profecías: ‘Fulano de tal aspira a ser alcalde y el pueblo lo derrotará’, y esas profecías siempre se cumplían, obviamente, porque lo que estaba es mandando señales que le arrojaban desde la Presidencia.

“Entonces, eso lo hacía muy temido en la época, hacía que fueran muy caras las menciones favorables en sus columnas y le daba una patente para chantajear, porque en ese tiempo ninguna demanda por difamación en los periódicos prosperaba; esto es algo que señalaba muchas veces Miguel Ángel Granados Chapa”.

Obviamente, sin los mercenarios del periodismo como Denegri la maquinaria política del Partido Revolucionario Institucional en el Siglo XX hubiese sido imposible…

“En efecto. Por eso tuve que narrar como telón de fondo el proceso degenerativo de un régimen que llegó al poder a balazos, creó un monolito invencible y una aplanadora electoral, y a pesar de haber tenido un liderazgo ético en el sexenio de Lázaro Cárdenas, nunca pudo renunciar a su ADN autoritario; necesitaba una prensa servil que entronizara a la autoridad presidencial, porque todas las dictaduras tienen que dar la impresión de unanimidad”.

 

EL NARCOTRÁFICO NO DENUNCIADO

Uno de los pasajes memorables en “El vendedor de silencio” es cuando Enrique Serna narra el apogeo del narcotráfico en Sinaloa cuando Leopoldo Sánchez Celis era gobernador de aquella entidad (1963 y 1968).

“Con el auxilio del ex convicto Miguel Ángel Félix Gallardo, jefe de escoltas de sus hijos, el gobernador exportaba toneladas de droga a Estados Unidos”, menciona el narrador (142), hecho que incluso el diputado panista Héctor Malpica le comenta al periodista Carlos Denegri, quien por supuesto no hace la denuncia en Excélsior y, de hecho, el mandatario le paga 50 mil pesos por su silencio; incluso al poco tiempo, el diputado apareció muerto misteriosamente.

Háblanos de este episodio del narcotráfico en México en la década de los 60 que evidentemente está basado en la realidad.

“Sí, sin duda. Obviamente quise que todas las figuras públicas estuvieran en esta novela con sus nombres, porque si Carlos Denegri está con el suyo, pues creo que todos los que contribuyeron a encumbrarlo también debían aparecer en la novela como fueron con sus nombres; y esas complicidades están completamente documentadas, en este caso, con el gobernador Sánchez Celis.

“Siempre he estado en contra de esa idea de que de pronto en México irrumpió el crimen organizado y adquirió un enorme poder como si hubiera ocurrido súbitamente, esto es el resultado de un larguísimo proceso degenerativo que viene no solo desde esa época del gobernador Leopoldo Sánchez Celis, sino desde mucho más atrás, desde la época de Miguel Alemán, por ejemplo, donde ya existía esa complicidad entre el poder y el narcotráfico.

“El narcotráfico es algo que se viene incubando desde mucho tiempo atrás, precisamente por lo cual es tan difícil de combatir ahora, porque tiene un tremendo arraigo en nuestra vida pública”.

Cortesía

 

LOS PERIODISTAS HONESTOS

En contraste a un personaje mercenario en el ejercicio del periodismo, por “El vendedor de silencio” también pululan reporteros que han dignificado el oficio en la misma época en que Carlos Denegri la devaluaba.

“El prestigio tenía más valor que la lealtad al régimen”, menciona el narrador en “El vendedor de silencio” (375) cuando Díaz Ordaz prefiere tutear a Julio Scherer y ningunear a Denegri en el funeral de Manuel Becerra Acosta (1932-2000), director de Excélsior. Es decir, para mostrar la corrupción en el periodismo, también das cuenta de la honestidad que practicaron Jorge Piñó Sandoval, Julio Scherer García, José Trinidad Mata…

“Quise mostrar en mi novela la otra cara de la novela del periodismo mexicano de aquella época, porque sí hubo periodistas combativos que dieron batalla por la libertad de expresión, por ejemplo Jorge Piñó Sandoval, un personaje importante de la novela porque está bastantemente ligado a Denegri desde la juventud, él fue quien lo llevó a Excélsior.

“Jorge Piñó inició en el sexenio de Miguel Alemán la revista Presente, en la que se denunciaban todas las corruptelas, las mansiones que estaban construyendo los miembros de su gabinete desde el segundo año del sexenio y que es una revista que duró menos de un año porque primero le mandaron unos matones a destruir la imprenta donde la editaban y después le cortaron el suministro de papel. Digamos que Jorge Piñó Sandoval fue un disidente que terminó siendo aplastado por el sistema.

“Sí, antes hubo otros periodistas que nunca aceptaron el ‘chayote’, como Carlos Septién García, un precursor en ese sentido de Julio Scherer, el ‘Mirlo Blanco’, como lo llamaban burlonamente; esos periodistas de la vieja guardia decían que querer aparentar virtud era una hipocresía dentro del mundo periodístico. Y José Trinidad Mata, que fue asesinado por Maximino Ávila Camacho”.

 

EL NOVELISTA EN LA HISTORIA

Tal como en “El seductor de la patria” (Joaquín Mortiz, 1999) y “Ángeles del abismo” (Joaquín Mortiz, 2004), Enrique Serna narra en “El vendedor de silencio” un episodio de la historia de México. Y a propósito de una novela histórica, el reportero indagó:

En “El vendedor de silencio” citas a Balzac cuando afirmaba que “historiador de la vida privada de las naciones, el novelista no aporta pruebas de las verdades, las intuye”. A diferencia de un libro de historia, ¿qué te da la ficción para contar esta historia de nuestro país?

“Lo que procuramos hacer los novelistas, es articular la vida pública y la vida privada, y ver cómo esas esferas influyen recíprocamente, lo cual me parece que esa correspondencia está muy clara en la vida de Denegri, porque su machismo patológico corresponde perfectamente con el carácter autoritario del régimen al que sirvió.

“He sabido que podía golpear a sus mujeres, hacer un escándalo en un centro nocturno y echar balazos y no le iba a pasar nada porque era un influyente que si lo llevaban a delegación, salía en cinco minutos; y esa prepotencia es lo que va haciendo que sea cada vez más violento con sus parejas, sin sospechar que eso finalmente lo iba a llevar a la muerte.

“Yo quería compartir con los lectores mi perplejidad por el hecho de que un periodista tan descaradamente mercenario, haya sido considerado en su época una celebridad, a quien por, ejemplo, varias universidad de provincia, incluyendo la Universidad Autónoma de Baja California, le dieron doctorados Honoris Causa y que además tenía condecoraciones de gobiernos extranjeros y la Associated Press lo consideraba uno de los diez periodistas más influyentes del mundo.

“Creo que en esa época, y todavía en la actualidad, la corrupción fascina a un sector de la sociedad, en que en lugar de ver a Denegri como un personaje miserable, lo veían como un triunfador y hay gente que envidia eso y que lo encumbra; entonces, cuando esto sucede, pues una sociedad debe hacer una revisión física de su pasado. Por eso en mi novela el personaje más beneficiado no es Denegri, sino la élite política empresarial, que fue la que lo utilizó como representante, como su gato de angora, hasta que los escándalos de Denegri llegaron a ser tan incómodos para ellos que le dieron una patada en el culo y lo sustituyeron por un vocero extraoficial más respetable, que fue Jacobo Zabludovsky”.

 

LA ESTÉTICA DE LO GROTESCO

La fina ironía de Enrique Serna no puede faltar, por supuesto, en “El vendedor de silencio”, que también desemboca en la estética de lo grotesco. Por eso, cuando se le inquirió de dónde viene esa vena irónica que imprime en su nuevo libro, el autor no dudó en apelar al temperamento:

“Es muy probable que sea una cuestión de mi temperamento, porque creo que la estética de lo grotesco produce una mezcla de hilaridad y de horror ante las cosas. En este caso hay una tradición literaria, que es la de hacer una ficción en torno de la historia del periódico Excélsior, que es un periódico emblemático de México porque además era el más leído en esa época y tiene tres obras literarias en su haber: la obra de teatro Salvador Novo ‘A ocho columnas’; la novela sin ficción de Vicente Leñero ‘Los periodistas’; y mi novela que viene a llenar el hueco de lo que pasó en medio de esas obras.

“Para mí el desafío en ‘El vendedor de silencio’ fue la compenetración emotiva con un personaje que al principio me repugnaba demasiado, meterme dentro de su alma aunque no me gustara; creo que lo fundamental en una novela es la impresión de vida que le pude dar un escritor”.

Para concluir, el narrador sentenció: “‘El vendedor de silencio’ es una novela donde se mezcla libremente lo verdadero con lo verosímil. Mi deber como novelista es lograr que el lector suspenda su incredulidad, de modo que crea que todo lo que le estoy contando es verdadero”.

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