Goyo cárdenas: El estrangulador de Tacuba (Segunda Parte) 

Foto: Internet/En la cárcel escribió varios libros
 
Opinionez lunes, 13 mayo, 2019 12:00 PM

 La vida de los muertos está en la muerte de los vivos”

Cicerón.

 

El día dos de septiembre en que Goyo Cárdenas salió con Graciela Arias Avalos, ella esperó a Goyo afuera de la Escuela Nacional Preparatoria. Goyo pasó por ella en su auto, supuestamente la llevaría a su casa, ubicada en Tacubaya número 63. Goyo así lo hizo; al llegar fuera de la casa de la chica, y aún adentro del auto, le habló de su amor por ella. Graciela lo rechazó, y entonces él intentó besarla a la fuerza. Ella le dio una bofetada y entonces Goyo, iracundo, de un tirón arrancó la manija del automóvil y comenzó a golpear con fuerza a Graciela en la cabeza hasta que la mató.

La sangre empapaba su larga cabellera. Goyo condujo hasta su propia casa. Bajó el cadáver, lo puso sobre el catre donde dormía, lo envolvió en una sábana y ya en la madrugada del 3 de septiembre, procedió a enterrarla.

Para el 7 de septiembre, a petición expresa de su hijo, la madre de Goyo lo internó en el Hospital Psiquiátrico del Dr. Oneto Barenque, ubicado en la calle de la Primavera, en la Colonia Tacubaya de la hoy Ciudad de México. Adujo que él “había perdido completamente la razón”.

Allí acudió, el 8 de septiembre el Subjefe del entonces Servicio Secreto, Simón Estrada Iglesias, para interrogarlo sobre la desaparición de Graciela Arias. Como respuesta, Goyo le mostró unos pedazos de gis y le dijo que eran pastillas “para volverse invisible”. El investigador recrudeció afanosamente su interrogatorio y finalmente Goyo se derrumbó: confesó que había matado a la joven Graciela Arias y que la había enterrado en el patio de su casa.

A las tres de la tarde ese día la policía, acompañada de Goyo, entró a la casa de la calle Mar del Norte; de inmediato vieron un pie que presentaba ya signos de descomposición y que sobresalía del suelo. Procedieron a excavar y hallaron los cuatro cadáveres. Goyo los había guiado. En su cuarto de estudio, los investigadores hallaron un diario escrito con puño y letra de Goyo, que decía: “el 2 de septiembre se consumó la muerte de Gracielita. Yo tengo la culpa de ello, yo la maté, he tenido que echarme la responsabilidad que me corresponde, así como las de las otras personas desconocidas para mí, ocultaba los cadáveres de las víctimas porque en cada caso tenía la conciencia de haber cometido un delito.

El 13 de septiembre se le dictó auto de formal prisión, y fue recluído en el Palacio Negro de Lecumberri, en El Pabellón para enfermos mentales. Sin embargo, sus abogados consiguieron que Goyo fuera trasladado al Manicomio General de La Castañeda, supuestamente para recibir tratamiento. Allí le dieron electro choques y le inyectaron pentotal sódico para determinar si realmente estaba loco o solamente fingía. Inexplicablemente, de pronto Goyo obtuvo múltiples comodidades. Asistía a las clases de psiquiatría que ofrecía el Director del Manicomio, entraba a la biblioteca sin problemas, recibía visitas familiares e incluso, se iba al cine con unas amigas. El 25 de diciembre de 1947, cinco años después de entrar allí, Goyo se fugó con otro interno y partió rumbo a Oaxaca; 20 días después fue reaprendido y alegó que no se había escapado sino que se había ido de vacaciones.

Las autoridades decidieron regresarlo a Lecumberri el 22 de diciembre de 1948. Una vez allí, Goyo memorizó totalmente el Código Penal, cursó la carrera de Derecho, se convirtió en litigante, realizó historietas dibujadas por él mismo donde contaba crímenes famosos, e incluso escribió varios libros, entre ellos “Celda 16”, “Pabellón de Locos”, “Una Mente Turbulenta” y “Adiós a Lecumberri”.

 

Benigno Licea González es Doctor en Derecho Constitucional y Derecho Penal. Fue Presidente del Colegio de Abogados “Emilio Rabasa”, A. C. Correo: [email protected]

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