Vaya pregunta

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En Zerio lunes, 4 febrero, 2019 12:00 PM

¿Te estás bañando?

“No, me estoy regando para ver si crezco”.

Autor: Anónimo de la redacción.

 

Confundido

Una señora pregunta a un niño:

— ¿Cómo te llamas?

“Uuuyyy señora, ¡ya ni sé!”.

— ¿Por qué dices eso?

“Verá, en mi casa mi papá me dice Francisco; mi mamá, ‘Pancho’; mis hermanos, ‘Paco’ y mis tíos, ‘Kiko’. Y cuando estornudo todos, me dicen ‘¡Jesús!’… Así que ya ni sé ni cómo me llamo”.

Autor: “El Paquirris”.

 

Bien merecido

Un niño en la calle, un hombre pasa por su costado y le pregunta qué tiene.

—  Mi tío me pegó, señor.

“¿Y por qué te pegó?”.

Es que estaba haciendo lo mismo que usted está haciendo ahora, metiéndome en lo que no me importa.

Autor: Un metiche.

 

Problema gramatical

Dos niños de cinco años conversan:

Te cuento, unos malditos del barrio me pegaron y no me pude defender…

“¿Y no te vengaste?”.

Claro que me vengué, si no me vengo, ¡me matan!

Autor: Maestro de español.

 

Niño a dieta

Juanito veía televisión en casa cuando su madre grita:

¡¿Quién tomó del refrigerador el pastel que iba a compartir en la tarde con las señoras?!

“Yo, mamá, se lo di a un niño que estaba hambriento”.

Ay, qué lindo. ¿Y quién era ese niño, hijito?

“¡Yo, mami!”.

Autor: Pepito.

 

Otra vez esos gallegos

Un gallego iba por la calle y encuentra un espejito de cartera, lo levanta, se mira y dice:
“Vaya, que yo a ese tipo lo conozco”.

Guarda el espejito en el bolsillo del pantalón y, de vuelta a casa, vuelve a ver su reflejo y repite:

“¡Joder! ¿De dónde conozco a ese tipo?”.

Al entrar a su casa, guarda el espejito en el bolsillo del pantalón. Se sienta a la mesa del comedor mientras la Josefa le sirve los alimentos. Entonces vuelve a mirarse en el espejito:

“Que yo a ese tipo lo conozco, creo que es el que se corta el pelo enfrente mío”.

Curiosa, la Josefa le pregunta:

¿Qué tienes en la mano?

“Nada importante, mujer”.

Y guarda nuevamente el espejito en el bolsillo del pantalón.

Terminada la cena, el gallego va a dormir, dejando el pantalón sobre la silla.

La Josefa, quien quedó intrigada y ya dormido su esposo, se acerca a la silla y retira el espejito del bolsillo, se observa y exclama:

“¡Lo sabía! ¡Una foto de mujer… y qué cara de zorra tiene!”.

***

Un gallego regresa de un viaje a Las Vegas y Pepillo le pregunta cómo le fue.
“Bien, hay unas máquinas tragamonedas sensacionales. Le eché una moneda y gané. Le eché otra y volví a ganar. Finalmente tuve que desistir, pues ya no sabía qué hacer con tantas Coca-Colas”.

***

Un gallego aguarda en la fila de la taquilla para comprar boletos para el cine.

Deme dos boletos, por favor.

“Aquí tiene, son doce reales”.

Al poco rato, la taquillera observa que el gallego regresa por otros dos boletos para la misma película. A los cinco minutos, vuelve a comprar otros dos boletos para la misma cinta.

Después de unos instantes, regresa a la taquilla y pide otros dos boletos para la misma película, a lo que la encargada reacciona:

“Dígame cuántos boletos va a querer de una buena vez, ¡y se los vendo todos juntos!”.

El gallego responde:

“Sólo quiero dos, pero el tipo de la entrada ¡me los rompe cada vez que se los doy!”.

Autor: Un atlante.

 

Remedio para el estrés

En Beijing, un curioso concepto se ha puesto rápidamente de moda. Se trata del llamado “Salón de la Ira”, que no es más que un cuarto donde por el equivalente a 150 pesos mexicanos, el usuario tiene oportunidad de liberar su estrés ¡EN ZERIO! rompiendo aparatos y viejos objetos con un martillo.

El negocio abrió sus puertas en septiembre de 2018 y a la fecha los clientes han quebrado alrededor de 15 mil botellas para calmar su ira, según explicó Jin Meng, uno de los socios fundadores de este negocio mejor conocido como Smash.

La idea no es promover la violencia, sino ayudar a la gente con las presiones de la vida diaria en una ciudad grande como Beijing.

Además, pueden llevar sus propios objetos para destrozar. Como ejemplo, Meng citó el de  una señora que rompió todas las fotos de su boda. Ni qué decir, pues.

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