Templo cívico. México: su pasado, presente y futuro (Última parte)


 
Cartaz lunes, 11 febrero, 2019 12:00 PM

Ruiz Cortines, próximo para elegir candidato para sucederlo, usó su política y diplomacia sutil propia de él al prometer a varios de sus secretarios legarles la gerencia presidencial, advirtiéndoles que para merecerla sólo tenían que abstenerse de hacer futurismo.

Así contuvo la agitación propia de estos procesos, sólo necesitó hacerles faena a los precandidatos que se creían merecerla: como Ángel Cabral y el secretario de agricultura el primero encargado de gobernación. Cierto día, Carbajal mostró al presidente miles de telegramas enviados de varias partes del país por políticos que le ofrecían apoyo para su candidatura presidencial. Ruiz Cortines se mostró impresionado y le dijo -guarde muy bien estos telegramas para cuando haya que mostrarlos Don Ángel, no se le vayan a perder.

Cuando Ruiz Cortines dio el dedazo para destapar a López Mateos muchos vieron el proceso como un triunfo de la democracia. Al enterarse de que el elegido había sido López Mateos; Flores Muñoz pidió audiencia para aclarar la situación, con cara compungida, Ruiz Cortines sólo se limitó a decir “perdimos”, ¿qué le vamos a hacer?

Al entregar la presidencia, Ruiz Cortines mostraba mejor aspecto que cuando la recibió, como que hubiera envejecido. De inmediato se fue a vivir en la casa que poseía en la modesta colonia capitalina de San José Insurgentes, que sólo contaba con dos recamaras, dos baños y un pequeño espacio para salita, cocina y comedor, y un pequeño jardincito. Para trasladarse de un lugar a otro, el expresidente siguió usando el “Ford 1953” que le serviría hasta quedar inutilizado por viejo.

Ruiz Cortines dictó su testamento al notario público Heberto A. Román, en el que figuraron como albacea su hija Lucía, el veterano político, Fernando Román Lugo y el abogado Manuel Cordera Pastor. Don Adolfo dejó su casa de Veracruz y trescientos mil pesos a la Fundación Cordera Ruiz Cortines, así llamada en honor de los tíos que lo protegieron durante su niñez. La Fundación debería usar los fondos para becar a estudiantes pobres o huérfanos.

En su caja de seguridad atesoraba varios montoncitos de monedas mexicanas de oro envueltas en papel periódico, valores de Nacional Financiera, y las escrituras de algunas propiedades pequeñas, todo lo cual presentaba una cifra que Ruiz Cortines pudo haber reunido a base de ahorros personales, máxime que después de haber entregado el mando siguió recibiendo su sueldo íntegro de presidente, como lo señala la ley. Ordenó que estos fondos fueran entregados en partes iguales a sus ocho nietos conforme fueran cumpliendo 25 años de edad.

A Doña María Yzaguirre, su segunda esposa, no le dejó nada, ya que, según dice el testamento, ella era propietaria de bienes que “formaban un patrimonio suficiente y amplio para su sustento económico, de manera que pueda llevar una vida decorosa”.

Hasta el año de 1960, Don Adolfo vivió con Doña María en la casa de San José Insurgentes. Posteriormente se marchó a una casita que adquirió en Veracruz. A menudo iba a la plaza y se instalaba en una banca pública a leer El Dictamen, su periódico favorito, o a que le lustraran los zapatos. Los vecinos lo veían de vez en cuando arreglando su pequeño jardín, pero en sus últimos años se aisló por completo y prohibió que lo visitara la familia, pues se sentía mal y no quiso que le tuvieran lástima.

Su amigo más cercano era el Dr. Mauro Loyo, pero ya para morir, con el único que hablaba era con el político local, Manuel Caldelas, un amigo que aparte de acompañarlo le hacía la cama y medio limpiaba la casa.

 

Atentamente,

Guillermo Zavala

Tijuana, B.C.

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