Selma


 
lunes, 23 febrero, 2015 08:00 PM

Ava DuVernay destaca por el timón con el que llevó la historia de las marchas que la comunidad afroamericana emprendió de Selma a Montgomery, Alabama, encabezados por Hosea Williams, James Bevel, John Lewis y Martin Luther King Jr., para reclamar el derecho al voto en tiempos de la Presidencia de Lyndon B. Johnson. Con un guion sumamente acertado de Paul Webb, un capítulo fundamental en la lucha por la igualdad en Estados Unidos no solo se concentró en Luther King Jr. sino que permitió extender la mirada para ver los pilares del movimiento y la estrategia que estos extraordinarios líderes implementaron para tener un resultado a favor que culminó en la Ley de Derecho al Voto de 1965. El tener el ojo testigo de los medios masivos de comunicación -particularmente de The New York Times- es pieza clave para el involucramiento de blancos en la causa, principalmente de líderes religiosos que no quedan exentos de la brutalidad siempre miope del gobernador George Wallace (Tim Roth) y del sheriff Jim Clark (Stan Houston). Entonces el tema del voto, con sus restricciones que complicaban el proceso dejando sin voz una comunidad específica, tiene que ser visto con LBJ, un primer mandatario que desde Washington no veía la causa del sur. Otro elemento extraordinario en este filme es contar con tres actores británicos en los papeles clave: Tim Roth como George Wallace, Tom Wilkinson como Lyndon B. Johnson y, por supuesto, David Oyelowo en el rol de Martin Luther King Jr. Oyelowo nos permite conocer al líder de los derechos humanos como un hombre religioso de corazón, un pacifista, un padre de familia, un compañero no solo fiel con su causa, sino contra la injusticia y la violencia, digno de un discurso que llevaba a la práctica que llegó a convocar a Malcolm X, con quien no simpatizaba precisamente por su enfoque más agresivo. Y cuando el diablo mete la cola -o sea, J. Edgar Hoover escalofriantemente encarnado por Dylan Baker en acaso un par de escenas- vemos también a Carmen Ejogo hacer un trabajo convincente como la esposa, Coretta Scott King, pilar del movimiento. Por supuesto que también Oprah Winfrey tiene mucho qué hacer aquí en el rol también pequeño pero fundamental de la activista Annie Lee Cooper, además de haber estado a bordo desde Harpo Productions. Así es como el largometraje nos lleva de la mano sin permitirnos ver el camino al capitolio de Alabama, cuando las escenas estremecen y las víctimas también incluyen a cuatro niñas en una iglesia. Qué labor tan poderosa ha hecho DuVernay. No es fácil manejar un tema que para muchos podría parecer recurrente en el cine, pero la forma en que aquí se narra permite lograr eso que solo el arte puede hacer: cambiar la percepción. Bravo por eso y por todo lo ya dicho. ****   Punto final.- Viene la noche de Iñárritu…

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