El dragón de las visas (Parte 1)


 
viernes, 2 noviembre, 2012 11:37 PM

Sin lugar a duda, uno de los retos más grandes de viajar alrededor del mundo en bicicleta es el tema de las visas. Nosotros como tijuanenses, quizá seamos más sensibles al trabajo y esfuerzo que se requiere para obtener una aprobación a nuestra solicitud por parte del cónsul en turno. En muchos casos, ese SÍ o ese NO puede afectar nuestras vidas de una manera importante. Tal fue mi caso hace un par de meses. “En Teherán es muy fácil tener la visa de China”, decían. “Solo tienes que pagar 40 dólares y listo”, leías en los foros. Y fue ahí en Teherán donde Annika y yo decidimos tramitar las 4 visas que nos garantizarían un paso por la ruta de seda hacia el país de los dragones y el Tai Chi. En primera fila el resguardado y cerrado país de Turkmenistán, donde ni nos tomamos la molestia de sacar una visa de turista, pues con 55 dólares y 8 días de trámite, se puede aspirar a tener una visa de tránsito y agradecerle a la vida que el cónsul te dio la oportunidad de tenerla. Después Uzbekistán, el cual es un poco más relajado si cuentas con una carta de invitación que te sale en 40 dólares más los costos normales de una visa de turista de 30 días. En total, tramitar una visa para este país suma 110 de los verdes. Otro inconveniente más que tiene la visa de turista de Uzbekistán es que, aunque te la expiden el mismo día que la solicitas, la carta de invitación tarda 10 días en llegarte. Y para poder obtenerla debes presentar una serie de papeles que incluyen: comprobante de sitio de trabajo, póliza de seguro de gastos internacionales, una carta motivo que describa la razón para visitar el país y finalmente un itinerario con tu ruta a seguir. Como nota adicional no puedes solicitar la visa de tránsito en Turkmenistán si no cuentas con la de Uzbekistán, y como la visa de tránsito tarda 8 días hábiles en llegar, tan solo tramitar estas dos visas consume 18 valiosos días de tu tiempo. Después de resolver estas dos visas sigue la de Kirguistán (aproximadamente 8 días y 55 dólares por 14 días) y luego la de China. Algunos solicitan la de Tayikistán o Kazajstán, pues en comparación de las otras, los 25 y 45 dólares que cuestan respectivamente, y los tres días de trámite parecerían “tortilla comida”, pero lamentablemente no hay frontera entre Tayikistán y China y para cruzar desde Kazajstán hay que comprar un permiso especial. Finalmente, y después de asegurar tu transito por la exótica Asia central, debes solicitar la grande: la visa de China. Habíamos pasado todas las pruebas, nuestras visas de Turkmenistán, Uzbekistán y Kirguistán estaban selladas en nuestros pasaportes. Habíamos entregado nuestros papeles ordenados y limpios cinco días atrás en la Embajada China para su tramitación. Era un viernes, recuerdo. Ese día recogeríamos nuestra visa sellada de China y estaríamos listos para culminar la ruta de la seda en bicicleta. Recibí la visa, la abrí y leí: 15 días de validez y tan sólo 30 para ingresar al país. No me servía, si queríamos viajar por Asia central esa visa no me servía de nada. En ese momento maldije a todos los espías infiltrados en la primera guerra mundial, pues gracias a ellos el grandioso invento de la visa fue creado. Por supuesto que a Annika le dieron sus 30 días, pero viajamos juntos. Teníamos 15 días para atravesar un país gigantesco y podíamos llegar a su frontera para iniciar el recorrido dentro de 30 días. No iba a funcionar. Me acerqué a la ventanilla y le pregunté a la señorita la razón por la cual me otorgaron tan poco tiempo dentro del país. Con la confusión reflejada en su rostro me contestó: “La verdad no lo sé, el cónsul no me quiso firmar los 30 días”. Aunque no me la habían negado del todo sentí como si me hubieran prohibido la entrada y, permítame decirle, amigo lector, se siente peor que no haber sido aceptado dentro del club del Tío Gamboín. Annika y yo salimos de la embajada y sopesamos la situación. “¿Cómo le vamos a hacer?, esa visa no te sirve de nada”, decía Annika mientras yo notaba su cara de tristeza. Después de haber gastado casi 400 dólares en visas nos encontrábamos con una barrera inesperada que impedía el flujo natural de nuestro camino. No entiendo por qué existen las visas, mucho menos por qué un papel puede ser tan trascendente en los planes de un viajero. Hace tan solo 20 años recuerdo que aún se podía cruzar por la garita hacia los E.U.A diciendo “american citizen” y ni a quién le importara. Hoy en día eso es cercano a imposible. Lo más paradójico es que un mexicano es y será siempre un ciudadano del continente americano. Quizá la humanidad era más sabia antes. Así que después de fallar en el intento en Teherán lentamente pedaleamos hacia Bishkek, en Kirguistán, donde volvería a intentar aplicar para la visa. Ahí nos aguardaba otra historia.   El Licenciado Roberto S. Gallegos Ricci es mercadólogo por el ITESO. Actualmente darle la vuelta al mundo en bicicleta dirección Este, promueve su proyecto “Tasting Travels” con la tesis que establece el viaje como un medio para fortalecer la empatía social. Correo: [email protected]  www.tastingtravels.com

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