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Adela Navarro Bello

Reubicación

A cortina de humo sonó esa propuesta del Gobernador José Guadalupe Osuna Millán de reinstalar la Penitenciaría del Estado en una zona fuera de La Mesa. Es como querer tapar el pozo después del niño ahogado, o como dijera un escritor de superación personal, “un grito desesperado” del mandatario.
Lo de reubicar las instalaciones de la cárcel estatal y sacarlas de la poblada, transitada y activa delegación de La Mesa, no es una novedad, dicho sea de paso, Osuna no está descubriendo el hilo negro. Sacar la Peni de la ciudad fue bandera de campaña política desde tiempos inmemorables. Lo prometieron los candidatos a gobernador desde Ernesto Ruffo Appel para acá (antes no había tantas promesas porque siempre ganaba el PRI) y los nominados a Presidentes Municipales, Diputados Federales, Diputados Locales y Senadores de 1991 hasta entrados los 2000.
Prometer hacer arreglos para cambiar la ubicación de la cárcel, venía a la par de promover reubicar la gasera que hasta la fecha se ubica en la “5 y 10”, o mandar la zona norte (al menos sus usos y costumbres) a la periferia de Tijuana. Era pues, cosa de cada tres años.
Hasta que finalmente, alguien no lo propuso y el tema quedó en el olvido. La Penitenciaría siguió en La Mesa, lo mismo que la gasera y la zona norte en su lugar con todo y sus cuotas y compensaciones al poder.
Nada cambió y las promesas fútiles se olvidaron aun cuando con ellas se ganaron votos, diputaciones y senadurías.
Hoy, tras los dos motines en la Cárcel, el Gobernador Osuna saca el tema a colación y da la impresión de ser un vil político en campaña, que no tiene más que la promesa para salir avante de una situación azarosa. Y pa’pronto, Jorge Ramos. El Alcalde más rápido que haya tenido Tijuana (no en obras sino en declaraciones) agarró monte, y ya dijo que la intención de su gobierno es hacer en el edificio de la Penitenciaría en Tijuana un parque recreativo, una escuela o un centro cultural. De verdad.
O sea… los presos se están reacomodando, los custodios alertándose, la propia cárcel atraviesa por una etapa de reconstrucción, recién inauguraron una prisión de mínima seguridad, no hay dinero para mantener a tanto presidiario, el gobierno mal atiende a los que tiene, exigen a la federación dinero para mantener penales, que se lleven a los reos federales… pero Osuna y Ramos, de un pensamiento, ya reubicaron la prisión estatal y construyeron un parque ahí en Avenida de los Pollos.
Realmente: ¡Qué le pasa a estos gobernantes! Debe de haber por ahí algún incauto que les crea, pero en serio, ¿pensarán que así, con declaraciones pueden acabar superficialmente con un añejo problema de fondo?, ¿realmente lo pensarán así?
Francamente no tienen remedio, lo de políticos demagogos sigue siendo un estilo de vida en Baja California. Prometer para acallar aquello que no pueden cumplir, es peor que quedarse callados.
Ahora imagínese usted un centro de diversiones en las instalaciones actuales de la penitenciaría, puede ser el ala de las carracas embrujadas, o la casa de la tortura; también podrían echar a andar la celda del castigo, y por supuesto desde cualquiera de las “actuales” torres de vigilancia nada como el tiro al blanco.
Ya entrados en gastos y para que no quede, podrían hacer el área de comida chatarra a la que bien podrían llamar “El Pueblito”. Y de paso, como van a reubicar la Penitenciaría, pues tendrían que reubicar los juzgados que fueron construidos ex profeso a un lado del penal, y claro sacar presupuesto de quién sabe dónde para construir en las afueras de la ciudad una prisión para nueve mil reos y otros nuevos juzgados.
Qué cosas, ante la crisis y los gobernantes divirtiéndose con sus declaraciones de campaña política anquilosada.
Por supuesto, en una oda al cebollazo político, Jorge Ramos aplaudió la decisión de Guadalupe Osuna de reinstalar la Peni para que tooooda la estructura de la prisión, pase a ser patrimonio municipal, así, así, sin reforma, sin reglamento, sin presupuesto, sin negociación, sin acuerdo político, sin opinión ni plebiscito, sin plan, sin proyecto de ingeniería, basados en sus ocurrencias y sus declaraciones.
Están para llorar estos señores.
Pero si quieren, que empiece la cuenta regresiva, a Osuna le quedan cinco años para cambiar la Penitenciaría y los Juzgados de lugar, y a Jorge Ramos dos, para hacer su parque de diversiones, su centro cultural o lo que quiera en los edificios que hoy, todavía, albergan reos.
¿Cómo la ve? ¿Les fiscalizamos la promesa?


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