El problema no es si César Nava firmó el pacto con el PRI para que su partido el PAN no hiciera alianzas electorales en el Estado de México (en miras evidentemente de proteger la sucesión de Enrique Peña Nieto), tampoco si Beatriz Paredes empeñó su palabra y la de sus legisladores para perjudicar a los mexicanos y aprobar el aumento y la creación de impuestos a cambio que el PAN no hiciera alianzas en el Estado de México (para favorecer a Peña Nieto), sino que ambos dirigentes nacionales de partido le hayan querido ver la cara a sus militantes, al poder legislativo, y a los mexicanos todos.
Eso de primero negarlo, habiendo cometido la estupidez de estampar una firma para que no quedara duda y luego poder probarlo, es la mayor testarudez de César Nava, del Secretario de Gobernación y del propio Presidente de la República. Porque es un hecho, por lo menos en el equipo cercano de Felipe Calderón, no se mueve la hoja de ningún pacto sin su conocimiento y autorización. El Presidente no da manga ancha. El Presidente controla a los que puede y ésos los tiene a un lado, muy cerquita de él.
La testarudez de Nava es equiparable con la ausencia de oficio político de Beatriz Paredes. Sorprende realmente que la señora Presidenta del PRI haya caído en la soberbia tentación de hacer constar en un documento sus intenciones para tener la prueba en sus manos.
Y lo peor, que el Secretario de Gobernación, el hombre de la política interna del País, el número dos del Gabinete, el que se supone más ecuánime, pensante, y políticamente correcto, hubiese tenido la debilidad de signar con su nombre un deshonroso pacto para la política nacional, empeñando la seguridad social, fiscal de los mexicanos a quienes debe lealtad.
Enrique Peña Nieto se ha convertido poco a poco en el aspirante a la Presidencia de la República más expuesto. Con más metidas de pata. Él debía estar fuera de la decisión de aumentar impuestos, pero le ganó el ansia electoral. Se dejó embarrar evidentemente desconfiado de su legado político en el Estado de México. Mejor firmar con la oposición a ganar de buena lid. Mejor obligarlos a no aliarse para dividir las conciencias políticas de los mexiquenses. Poco le faltó para entregarles el engelado copete como prenda de su lealtad al Presidente Calderón y su aumento de impuestos a cambio de que no se le fueran en bola.
El pacto de estos cuatro no fue el problema de fondo. Realmente las promiscuas relaciones políticas siempre han existido. Durante la época de don Carlos Salinas de Gortari (Sí, el Presidente favorito de muchos) se les conoció como concertacesiones, con Miguel de la Madrid fueron pactos, con José López Portillo, acuerdos. Con Luis Echeverría, comisiones, y con Ernesto Zedillo Ponce de León, negociaciones, diálogos. Con Vicente Fox de plano no hubo nada de nada, fue el sexenio en blanco.
Pero en ninguna otra administración como ésta, la testarudez ha reinado. El potencial intelectual de los actores políticos se encuentra, evidentemente, en su nivel más bajo. Tanto, que es necesario signar un pacto para no olvidarlo. Para presionarse en la desconfianza de la palabra de uno, de otro, de aquél y el otro.
Lo peor de esta situación entonces, no es que hayan hecho un pacto, sino que hayan dejado por escrito su traición a los mexicanos que a través de sus impuestos los mantienen a los cuatro, que hayan exhibido su falta de oficio político, su ausencia de compromiso, su promiscuidad política, la avaricia de Enrique Peña Nieto por buscar un triunfo a costa de pactar con el PAN para que no haga pactos con el PRD.
Y lo peor, lo peor, lo peor, es que estos cuatro al firmar su escritillo de compromisos, le dieron la oportunidad a los malos, a los colmilludos, de intentar hacerse pasar por blancas palomitas (y aquí tomaré prestada la frase que mi compañera Gaby Olivares, colocó en cultura): “El Malo, cuando se finge bueno, es pésimo: Francis Bacon”. Y como muestra, la siguiente joya de declaración hecha por el Senador Manlio Fabio Beltrones Rivera:
“Queremos dejar en claro que ningún integrante de nuestro grupo parlamentario conoció, se comprometió o signó acuerdo. No podría ser de otra forma: cambiar votos por pactos deshonestos nunca lo haríamos”.
Ajá. ¿Usted le cree?