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¿Quién va por las tortillas?

Érase una vez una fiesta de animales a la que acudieron todo tipo de especies de la selva. A la hora de ponerse a comer, se dieron cuenta que no había tortillas, por lo que el rey león ordenó:
— Vaca, anda por las tortillas…
“No, que vaya otro”, respondió el bovino.
Entonces el león dijo:
— Liebre, arráncate por las tortillas…
“No, yo traje la botana; que vaya la tortuga, que no puso ni un cacahuate”, replicó.
— ¿De veras, tortuga? -cuestionó furioso el rey león-. Entonces, tú ve por las tortillas.
“Sí”, respondió la tortuga y se fue por las tortillas.
Dos horas después dijo el perro:
“¡Uta! Para ese caso yo hubiera ido por las malditas tortillas...”.
Luego el águila protestó:
“Sí, es cierto, para la cochina lentitud de tortuga, mejor me hubiera ido volando por ellas”.
El canguro no se quedó atrás: “No, pues la verdad sí, yo hubiera ido en friega y me las hubiera traído en mi cangurera, aquí estarían ya calientitas en vez de estar aguantando la maldita lentitud de la tortuga”.
Y en eso que la tortuga se asoma por la puerta y dice enojada:
“Y si siguen fregando, ¡no voy!”

Autor: Gracias, ex Alcaldoski de Tijuanoski.


Noche de table

Estaba un grupo de amigos platicando sobre cómo les había ido la noche del jueves anterior en su noche de farra.
Habían ido a un table-dance donde las mujeres tenían fama de ser muy guapas y voluptuosas. En eso uno de ellos se puso a recordar y, con los ojos aún en blanco y mordiéndose el labio inferior, comentó:
“¡No manchen! La vieja que me saqué del antro estaba buenísima, güera, ojos azules, con unas hasta allá y otras hasta acá, ¡estuvo increíble! Acabamos hasta las cinco de la mañana…”.
Otro de los compas vagos preguntó:
— ¿Cómo te fue a ti con la rubia y la pelirroja con las que estabas?
Sonriente y satisfecho, el amigo contestó: “¡No manches!, ¡estuvo fenomenal, con las dos al mismo tiempo! Nos metimos al jacuzzi los tres... ¡no,  no, nooo! ¡Fue la mejor noche de mi vida!”.
Finalmente, uno de los que también había ido a la borrachera reprochó con el más profundo sentimiento:
“¡Malditos zánganos, qué gachos son, de veras! A mí me dejaron a la más fregada.
La vieja estaba toda guanga y nada más estaba friegue y friegue,  no quería que la tocara y ni le gustaba hacer nada; hasta me trató mal la muy desgraciada y horrorosa”.
En eso se le queda viendo uno de los cuates: “Si serás bruto.... ¡A ti te llevamos a tu casa temprano porque ya andabas bien borrachote!”.

Autor: La esposa vengadora.


Carta de una madre gallega a su hija

Querida hija:
Estoy escribiendo lentamente porque yo sé que tú no puedes leer rápido.
Si recibes esta carta es porque te llegó, si no, avísame y te la mando de nuevo.
Nosotros no vivimos donde vivíamos cuando tú te fuiste de casa. Tu padre leyó en el periódico que la mayoría de accidentes ocurren dentro de un radio de 30 kilómetros de la casa, por lo que nos mudamos; por cierto, si ves a tu primo dile que venga a casa, si no lo ves no le digas nada.
No vas a reconocer la casa, el lugar es lindo, tiene una lavadora que no estoy segura si funciona o no, ayer metí una ropita y tiré de la cadena, y no he vuelto a ver la ropa desde entonces.
La dirección de la casa es la misma, debido a que tomamos el número de la casa cuando nos marchamos, para no tener que cambiar de dirección.
El clima no es tan malo; la semana pasada sólo llovió dos veces, la primera vez por cuatro días y la segunda por tres días.
Con respecto a la chaqueta que querías que te enviara, tu tío dijo que si la mandábamos con los botones puestos, pesaría demasiado y el envío sería muy costoso, así que le quitamos los botones y los pusimos en el bolsillo.
Ayer Venancio cerró su automóvil con las llaves dentro, estuvimos muy preocupadas porque tardó como dos horas en ir a casa a por una copia para sacarnos a mí y a tu tía de adentro del auto.
Te cuento que el otro día hubo una explosión en la cocina de gas, y tu padre y yo salimos disparados por el aire cayendo afuera de la casa; qué emoción, era la primera vez que tu padre y yo salíamos juntos en muchos años.
Sobre tu padre, qué orgullo. Te cuento que tiene un bonito trabajo, tiene cerca de 500 personas debajo de él. Él es quien corta la hierba en el cementerio.
A quien nunca hemos visto más por acá es al tío Venancio, el que murió el año pasado.
El que nos tiene preocupado es tu perro, se empeña en perseguir a los coches que están parados.
Tu padre le preguntó a tu hermana Pilar que si estaba embarazada, ella le dijo que sí, de cinco meses ya; pero ahí tu padre le preguntó que si ella estaba segura que era de ella. La Pilarcita dijo que sí; moza de hierro tu hermana Pilar, qué orgullo, de tal palo, tal astilla.
Tu madre que te quiere,
Eustaquia

P.D. Te iba a mandar unas monedas, pero ya he cerrado el sobre.


Otra ronda de gallegos

Durante su viaje a Nueva York, Manolo compró una televisión para llevársela a su familia, pero al llegar a la aduana le preguntan:
— ¿Es qué no hay televisores en su país?
“Claro que los hay, pero los programas de aquí me gustan mucho más”.

Le dice un gallego a otro:
—  Oye Manolo, ¿cómo se escribe bala?
“Pues como suena”.
Entonces va el gallego y escribe: “¡Pun!”.

¿Por qué los gallegos no pueden marcar el 911?
Porque no encuentran el 11 en el teléfono.

Tres hombres están desnudos tomando una sauna y, de repente, empieza a sonar un pitido.
El primer hombre, ingeniero de la Universidad Politécnica de París, aprieta su antebrazo y el pitido se detiene. Ante la mirada sorprendida del resto les dice:
— Es mi localizador. Tengo un microchip bajo la piel de mi brazo.
Unos minutos después suena una melodía polifónica y el segundo hombre, licenciado por la Universidad de Harvard, pone el pulgar en la oreja y el meñique en la boca y empieza a hablar.
Una vez que acaba, se dirige al resto:
— Es mi teléfono móvil. Lo tengo implantado bajo la piel de la palma de la mano.
Sintiéndose tecnológicamente desubicado, el tercer hombre -un comerciante gallego- decide ausentarse un rato y aprovecha para ir al baño. A los pocos minutos vuelve a la sauna con un pedazo de papel higiénico colgándole del trasero.
Ante la estupefacción de los concurrentes, se da cuenta y les dice en tono solemne:
“Tranquilos, estoy recibiendo un fax”.

Autor: Otro madrileño.


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