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Pan y Zirco

Juan Carlos Domínguez

De lo más perversa y siniestra ha resultado la campaña política actual en Baja California, sobre todo hablando de los spots de televisión. Obviamente, refiriéndonos a los dos partidos de batalla, los demás no cuentan.

Las promesas y mentiras, por supuesto, son de rigor. Pero ahora aderezadas con un mucho de cinismo, y más pose, se nota que a todos los candidatos ya se les empieza a dar muy bien eso de la actuada, frente a la cámara.

El galardón al cinismo se lo lleva Jorge Hank Rhon, candidato a gobernador. Contrario a su contrincante, José Guadalupe Osuna Millán, que de forma muy correcta y modosita afirma que él no viene a buscar culpables, sólo a cumplir; el priísta arremete diciendo que él sí, con un “yo los acuso”, “yo los culpo”. Señala con pelos y señales a los panistas y les condena de todo aquello que “seguramente” no se da en su partido. Para rematar, asegura que trae “ideas frescas y respuestas serias”, precisamente él. El “convincente” spot, sentencia con un: “Conmigo la renovación va en serio”.

El que raya en el fascismo es el comercial ese donde Hank Rhon está reunido con varios médicos, consternado por las vicisitudes que aquéllos le cuentan, falta de medicamentos, mal sueldo, etc. Claro, todo por culpa de los gobiernos panistas. Cualquier televidente no le dará importancia sabiendo que los pésimos servicios médicos en hospitales públicos ya es un mal histórico de nuestro país, así que uno deja proseguir el spot con los aparentemente inofensivos hombrecitos de blanco siguiéndole la “onda” al candidato. Lo sorpresivo es el final, en donde como dicen “se le ven las orejas al coyote”. Los médicos rematan con unos gritos  que resultan, aparte de desagradables, casi hitlerianos: ¡Hank¡ Hank! Hank!

Para oscuros, los panistas, que de repente le dicen a Hank “quítate que ahí te voy”. Porque verdaderamente denso, y hasta diabólico resulta ese comercial donde acusan a Jorge Hank de comprar todo. De entrada el montaje de la escena podría causar risa, un teléfono, una copa con algún líquido, una chimenea; una decoración kitsch donde el principal elemento es el famoso chalequito rojo del candidato priísta. Luego surge una voz en el contestador, que pareciera es la del mismísimo diablo. La dramatización sirve para acusarlo directamente de ciertas cosas, y sugerir otras: la compra de gente, jóvenes y partidos políticos; el gusto por los animales, y la mujer, como el favorito de ellos: “Me encanta”, dice la entre siniestra y lujuriosa voz. Al final el espectador se cimbra con las risas surgidas como de un aquelarre.

De la satanización a lo chusco va la personalización a Jorge Hank Rhon. El sitio de Internet You Tube es un buen muestrario de ello. Lo mismo se puede ver un video gore o snuff, titulado “H7 virus”,  donde se desfilan cuerpos mutilados, infectados, cancerosos, accidentes, ejecutados, cargamentos de drogas, en fin, todas las calamidades del Apocalipsis. Mientras que en otro, titulado “Todos Unidos contra Hank”, donde van apareciendo personajes de caricatura por demás elocuentes: Don Gato (el de la pandilla), el Gato Félix, Garfield, Cucho, Tom (el de Jerry), Silvestre, y hasta Tigger. Al último aparece un tierno gatito con un fondo de pared que se va tiñendo de sangre. Y una sentencia final: “¡Ni un gato más!”

El bueno de la película aquí es Jorge Aztiazarán, de sus primeros spots de campaña donde se le veía casi como la Madre Teresa de Calcuta ante la mirada lánguida de sus seguidores, terminó haciendo comerciales que más bien se me figuran que serán como los videos entrañables que en el futuro se verán en las reuniones familiares de los Aztiazarán. En You Tube también se encuentran las imágenes que algún aficionado grabó cuando el candidato priísta –respondiendo a su vocación de médico—, auxilió a una militante panista. Titularon al video “Aztiazarán cura sin mirar a quién”. Verdaderamente conmovedor.


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