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Celebró en Tijuana 20 años de narrativa
“Fue como una maldición kármica, como un pago literario cíclico”: Malú Huacuja.
Eduardo Andrade Uribe
En el marco de la XXV Feria del libro de Tijuana, la escritora mexicana Malú Huacuja Del Toro celebró dos décadas de oficio literario, con presentaciones de su obra en el Centro Cultural Tijuana, así como en la sede expositiva del festival editorial.
Radicada en Nueva York desde 1999, la autora capitalina estuvo de regreso en el país exclusivamente para participar en el festejo literario local. El 25 de mayo ofreció una presentación general de sus libros en el CECUT, la mayoría editados por Plaza y Valdés. Al día siguiente, en las instalaciones asignadas a la feria, en Avenida Revolución, presentó el título “Álbum de la Obscenidad. Crónicas y Relatos sobre la Vida y la Guerra en Nueva York Después del 11 de Septiembre de 2001” (2002) y su última novela, “La Lágrima, la Gota y el Artificio” (Ariadna, 2006).
Después de dos años de no venir a México, Huacuja Del Toro confiesa encontrar bastante significativo el que su regreso haya abarcado sólo un extremo territorial, el municipio de Tijuana. “Parecería que está distante geográficamente -precisó-, pero en términos de la temática de mi novela, la verdad es que no, no está nada alejado de la capital”.
Efectivamente, con una figura pública controversial adoptada del Estado de México, atenta a la carrera por la gubernatura de Baja California, la actualidad tijuanense no dista mucho del panorama descrito en “La Lágrima, la Gota y el Artificio”, el cual corresponde con una etapa reciente en que en México, detrás de los esquemas de desarrollo centralizado, dinastías ávidas de poder definían el destino de la nación.
Autora prolífica, Huacuja ha escrito las novelas “Crimen sin Faltas de Ortografía” (1986), “Un Cadáver Llamado Sara” (1989), “Un Dios para Cordelia” (1995); los volúmenes “Herejía contra el Ciberespacio” (1997) y “Crónicas Anticonceptivas” (2006); las obras de teatro “Historia de Amor, en Síntesis” (1984), “Cielo de Abajo” (1993) y “Celebrities Shouldn't Have Children” (2004), así como los guiones (cinematográfico, televisivo y radiofónico, respectivamente) “El Amor de tu Vida, S.A.” (1987), “Amor por Televisión” (Imevisión, 1988) y “Tirando a Matar” (Núcleo Radio Mil, 1990); entre varias obras más.
Narradora controversial, cuyo discurso parte de la intolerancia y la denuncia, Huacuja Del Toro ha logrado constituirse como severa crítica de la realidad nacional, dirigiendo su interés a las ligas de poder que operan detrás de todo sistema sociopolítico, centrándose en los ámbitos de la cultura.
Tras advertir cierta situación en su contra, como ella misma refiere, donde la intención de opacarla como escritora terminó siendo evidente, la autora optó por no ceder a provocaciones o caer en juegos sucios, de tal modo que en 1999 cambió su residencia a Nueva York, donde ha continuado con su labor literaria y actualmente prepara su próxima novela.
A continuación, la entrevista que la narradora concedió a ZETA:
– Al encontrarte de nuevo en México, habiendo transcurrido casi ocho años de tu mudanza a EU, ¿cómo percibiste el desarrollo de la industria editorial?
“El objetivo de reducir la oferta editorial a una sola casa editora enorme con una sola propuesta homogeneizada y transnacionalizada, a un consorcio acaparador que compre y absorba a todas las editoriales independientes pequeñas y que imponga sus modas controladas y controladoras. Yo creo que se está logrando bien en nuestro neoliberal modelo mexicano. De la misma manera, la ardua tarea de lograr reducir la oferta de escritores mexicanos a uno solo (con suerte llegará a ser sólo medio escritor, dicen los que piensan), neutralizado, pasteurizado y controlado, también se está poniendo en marcha con gran éxito. El chiste es que no haya variedad, ni pluralidad, ni diversidad de géneros (tanto literarios como congénitos), ni pensamiento independiente y refinado, ni crítica, y que el éxito de la industria editorial, cuando no es de libros de autoayuda, se reduzca al de la venta de libros de moneros de La Jornada. ¿Por qué? Porque tienen menos letras y hartos dibujitos. Yo creo que en ese sentido la industria editorial está cumpliendo su objetivo, pero que al mismo tiempo habemos quienes no vamos a permitir que eso ocurra en nuestro país”.
– ¿Cuándo fue la última vez que estuviste en la República Mexicana?
“La última vez antes de esta visita fue un viaje relámpago, muy breve, al D.F., de trabajo, casi secreto porque debido al trabajo no podía ver a mis amigos ni visitar nada. Se realizó en julio de 2005 para entregar un guión de cine que me habían encargado y que todavía no se ha filmado”.
– ¿Consideras que tu traslado del Distrito Federal a Nueva York, ha influido en tu ritmo de vida como escritora y con respecto a tu creación literaria?
“Absolutely! Después de la experiencia de haber quedado en el D. F. en una especie de lista negra laboral por obra de una empresaria muy poderosa y hábil en la mercadotecnia literaria, y que ya los artistas que antes me contrataban como guionista no me buscaran más, yo me propuse seguir escribiendo costara lo que costara, porque la historia para las escritoras mujeres casi siempre es de derrota, suicidios y manicomios, y yo quería dejar, si no una obra para la posteridad, al menos un ejemplo distinto, para que haya esperanza y no nada más las cursis y tramposas sean las que siguen publicando sin problemas. Eso requirió mudarme a otro idioma y soportar una cultura que no es mi preferida en el mundo, pero el objetivo era el mismo y valió la pena. Modificó totalmente mi escritura, empezando por el idioma -de suyo difícil porque es no sólo el cuerpo con el que yo me relaciono con el mundo, sino la forma como pago mi manutención-, y siguiendo por los códigos y las referencias culturales, que es un factor también fundamental, especialmente para una escritora de humor negro como yo.
“La broma infantil y medio idiota de lo que es ‘lo mexicano’, se comprende bien en Estados Unidos, pero no es lo que yo manejo ni el tipo de literatura que yo escribo. Tenía que traducir la sátira a un lenguaje que obviamente requiere apoyarse en otros códigos culturales”.
– ¿Cuál habrá de ser el papel de la literatura en estos tiempos de información desmesurada y de globalización?
“Lo que cambia es el soporte, impreso o cibernético, pero el hecho de que podamos acceder desde a una obra de Esquilo o al Cantar de mío Cid con más rapidez, oprimiendo botones en lugar de revisando estantes, no altera la figura del Prometeo encadenado en la historia de la literatura universal ni en el imaginario de las culturas occidentales. La ‘muerte de la novela’ se viene anunciando desde el siglo pasado, a la par de la ‘desaparición de la palabra escrita’, pero lo cierto es que la comunicación ciberespacial -hasta por motivos económicos, o sobre todo por ellos- ha recobrado la tradición epistolar hasta en quienes aspiraban a convertirse en individuos casi totalmente ágrafas y aglóticos”.
– ¿Qué impresión te llevaste de la Feria del Libro de Tijuana, dentro de su vigésima quinta edición y en el marco de tu vigésimo aniversario como escritora?
“Yo, tal como señalé en mi presentación en la feria, estoy muy agradecida con la Librería Sor Juana por hacer posible mi participación en ella, así como con la editorial Ariadna y con Plaza y Valdés, que facilitaron mi visita a Tijuana. Me sobrecogió ese ejercicio de tolerancia. Solía yo contar la anécdota de la única vez que me habían invitado a una feria del libro en México, me desinvitaron. Tratábase de la famosa FIL de Guadalajara, que iba a contar con la presencia de Laura Esquivel, y para no ofenderla con mi presencia, o con mis entonces 36 años y con mis libros, me dijeron que por favor no fuera. Prefirieron ofenderme a mí, ja, ja, ja. Gracias a la Feria del Libro de Tijuana ya no voy a poder contar esa anécdota, y me regresé a Nueva York con un recuerdo que atesoraré toda mi vida. Ésa es la impresión que tengo de la feria”.
– ¿Qué opinión tienes de los niveles de lectura en la ciudad de Tijuana, entre otras cuestiones, considerando los comentarios emitidos por el público asistente a tus presentaciones en el CECUT y en la sede oficial de expositores de la feria?
“¡No todos eran de Tijuana! Un lector del D.F. tomó un avión y se desplazó hasta allá sólo para que le dedicara todos sus ejemplares. Otro lector de San Diego hizo lo propio. Pero respecto al público tijuanense a mí me causó una impresión muy grata que, al final, cuando se inquirió si tenían preguntas, la gente de inmediato empezó a participar. Hubo una intervención activa, verdaderamente atenta. Unas señoras al final, durante la firma de libros, me decían: ‘Pues yo venía originalmente a ver a Paty Chapoy, pero después de oírla hablar a Usted no vuelvo en mi vida a ver a Paty Chapoy y no voy a comprar su libro; mejor compré sus novelas’. Son los efectos poderosos, esplendorosos, que tienen las novelas, junto con una propuesta literaria opuesta al FONCA (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) y a las mafias intelectuales. Por eso, por más que traten de sabotear la lectura de la palabra escrita con shows de Regina Orozco y de Paty Chapoy y con puestos de moneros de La Jornada a la entrada del auditorio donde yo me iba a presentar, casi estorbando la entrada -en un insulto descarado hacia mi persona-, no importa. La palabra escrita tiene ese poder fecundo. Por eso se hace tanto esfuerzo y se gasta tanto dinero por silenciarla con televisión, musicales frívolos, campañas políticas y becas”.
– ¿Te parece significativo haber vuelto al país pero en un viaje que sólo abarcó un extremo, territorial y sistemático; una localidad bastante apartada aun del centro, en términos sociopolíticos?
“Me parece de lo más significativo, después de haber escrito esta historia de intriga filosófica, llegar a una ciudad gobernada por Hank Jr. a presentar una novela que no es tanto sobre asesinatos entre las mafias como sobre los efectos lingüísticos y conceptuales de las mismas, la cual se desarrolla en dos ciudades gobernadas por dos dinastías. En Chicago reina la dinastía de Daley y acuérdate que yo pasé mi juventud en el D.F. de Hank padre, quien también desquició profundamente el vocabulario de la geografía urbana con ‘ejes viales’ y con su negocio de ‘microbuses’ conducidos por adolescentes desenfrenados, sin ninguna regulación, en lugar de los amplios camiones de antes con conductores que por lo menos tenían la obligación de saber manejar y que eran mayores de 18 años. Ahora toda esa cadena de desregulación desquiciada irónicamente tiene un capital político para los taxistas piratas y peseros acarreados en el mega-plantón, lo cual es también muy chistoso y muy corrupto. Parecería que está distante geográficamente, pero en términos de la temática de mi novela, la verdad es que no, no está nada alejado de la capital. Es fabuloso que yo llegue a presentar ‘La Lágrima, la Gota y el Artificio’ en la Tijuana de su hijo y en tiempos de elecciones. Es formidable. Parece como una maldición kármica, como un pago literario cíclico. Cuando me invitaron, no lo podía yo creer. Llegué y prendí la televisión y vi un anuncio de la campaña electoral y brindé por Inés Carrasco (en referencia a un personaje “La Lágrima…”) en un capítulo post mortem de la novela”.
– Por último, ¿tienes pensado o programado estar próximamente, de nuevo en México?
“La verdad, no. Es muy difícil”.
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