La última salida de los migrantes

Fotos: Alejandro Gutiérrez Mora
 
Ezenario Lunes, 31 Diciembre, 2018 01:00 PM

Migrantes centroamericanos en Tijuana que tienen puesta la mira en llegar a Estados Unidos a través de la solicitud de asilo, dicen que si son rechazados, se regularizarán primero en México para regresar nuevamente a territorio mexicano

Como una última posibilidad de encontrar estabilidad en sus vidas, o para no quedarse sin opciones en caso de ser rechazados por Estados Unidos y retornados a sus países de origen, un grupo de integrantes de la caravana migrante han estado llevando a cabo una estrategia que les ha sido factible y que están comenzando a replicar.

Contrario a esperar a que pasen los días sin obtener una respuesta o bajo la incertidumbre, como lo están la mayoría de los migrantes que siguen en Tijuana, este grupo autodenominado como “Contra Viento y Marea”, albergado en una bodega de la Zona Norte, está optando por sacar primero sus permisos de estancia y trabajo en México.

Aunado a ello, tramitaron sus fichas para la petición de asilo, y aguardan en grupo su turno para una vez que los llamen, presenten sus casos y,  de ser rechazados y/o deportados, regresar a México sin problema alguno, ya con su permiso aceptado.

Migrantes están optando por regularizar su estancia en México.

Están optando a no quedarse sin nada y a no regresar totalmente vulnerables nuevamente a la situación de pobreza, persecución y violencia que aqueja en sus países.

“Es lo mejor que podemos hacer”, dijo Ronald Martínez, migrante hondureño ya regularizado en México que se encuentra a la espera de su turno para la solicitud de asilo, quien agregó, “sólo de esta forma podemos estar seguros de no regresar y quedarnos en nuestros países a que nos maten”.

Si bien no es una estrategia nueva, comenzó a ponerse en práctica en 2017 con el arribo de la primera caravana migrante y ha sido la mejor opción para los centroamericanos, quienes la han ido replicando de manera cada vez más fuerte.

No solamente porque así es más fácil que se les respeten sus derechos humanos, sino porque para el propio gobierno mexicano significa una opción de tener control y registro de las personas que ingresan al país.

Activistas de la ciudad comparten este panorama, porque así como a los migrantes se les respetan sus derechos, también cumplen con sus obligaciones dentro del país, como lo deben hacer todos los ciudadanos en territorio mexicano.

 

“NO NOS AFERRAMOS POR GUSTO, SINO POR EL ASILO”

En el albergue autodenominado “Contra Viento y Marea”, ubicado en la Zona Norte de la ciudad, quedan alrededor de 300 migrantes centroamericanos, quienes desde que se abrió El Barretal como segunda opción en la Zona Este, se han negado a moverse del área y desplazarse hacia el otro espacio.

Todos los que integran este grupo ya cuentan con número de ficha para la solicitud de asilo político en Estados Unidos, la gran mayoría ha llevado a cabo su proceso regulatorio de estancia y trabajo en México; los que hacen falta, siguen haciéndolo diariamente o están en proceso.

Ninguno se quiere mover del lugar, a pesar que han pasado noches y días “pesados”, al no contar con todos los servicios básicos y que prácticamente han quedado a olvidados; desisten de la idea ser reubicados y se aferran a ese espacio como si fuera suyo.

La razón es la misma en todos: están esperando sus turnos para el asilo. A la mayoría les toca en próximos días y quieren estar cerca del lugar para no perderse su llamado, con la esperanza que tuvieron otros de sus compañeros, amigos o familiares que de forma “ordenada” ya lograron cruzar y están en el país vecino continuando con sus procesos de asilo.

Pero este grupo ha ido más allá, ha comenzado a replicar de manera fuerte y concreta una opción que sus compatriotas hicieron de manera esporádica y sin mayor relevancia en las caravanas anteriores que llegaron a Tijuana.

Diariamente salen los migrantes hacia El Chaparral para solicitar asilo a EU.

Ronnie Gómez, migrante hondureño y actual coordinador del grupo en el albergue “Contra Viento y Marea”, compartió que la estrategia consiste en que todos están sacando su permiso de estancia en México, por si Estados Unidos les niega el asilo y si los deportan, puedan tener la opción de regresar a este país sin ningún problema.

Es decir, están guardando ese permiso para llevarlo con ellos o lo están enviando a sus países con algún familiar, mientras esperan para la solicitud de asilo y, una vez que les toque ir, si se los dan, se quedan; de lo contrario, si los deportan, con ese permiso pueden regresar a cualquier parte de México para continuar con sus vidas y “no seguir expuestos a la violencia en nuestros países”.

Es por esa razón que no se mueven del predio, “no nos aferramos por gusto, sino por el asilo”, como lo hizo saber Martín Delgado, migrante salvadoreño que lleva en Tijuana desde el martes 13 de noviembre de 2018, cuando arribó el segundo grupo a la ciudad.

Los propios migrantes consultados por ZETA resaltaron que muchas de las personas que estaban en ese lugar lograron ingresar a Estados Unidos, incluso hay familiares de algunos de que ya se comunicaron con ellos para decirles que no desistan; ellos estuvieron alrededor de un mes a la espera de sus turnos, ya que ahora están llamando entre 45 y 50 personas cada día.

 

LLEVAR UN CONTROL, OPCIÓN CONVENIENTE PARA MÉXICO

José María García Lara, director del albergue Juventud 2000 y coordinador de la Alianza Migrante Tijuana, compartió a este Semanario que si bien, esta medida adoptada por los centroamericanos no es totalmente nueva, puesto que la aplicaron algunos pocos desde la primera caravana migrante,  le parece “muy conveniente” para el gobierno mexicano porque con ello se puede tomar un control de la situación y de igual manera, brindar garantías tanto al país como a los propios migrantes.

Es una forma que han tomado en cuenta los migrantes para en caso de ser retornados, regresar “sin problemas” al país y retomar sus vidas.

Aunque lo importante es que con esta medida se generan garantías para la seguridad nacional, es decir, con la regularización de la estancia y trabajo de los migrantes, se establece  un registro que no solamente permite saber “quiénes son estas personas”, independientemente de lo que decidan hacer después que ingresen al territorio.

Así, los migrantes tendrán mayores garantías para que sus derechos humanos sean totalmente respetados y se les brinden los servicios humanitarios que les corresponden, pero también para que los migrantes lleven a cabo las obligaciones que por Ley, toda persona deben tener en este país.

 

AUTORIDADES MIGRATORIAS INSISTEN EN QUE REGRESEN A SUS PAÍSES

Pese a esta circunstancia y alternativas que activistas ven con buenos ojos, para las autoridades migratorias resulta aún inconveniente el hecho de que los migrantes se resistan a ser reinstalados y contrario a “comprender su situación”, lo que están haciendo es “tratar de erradicarlos del país”, como han coincidido otros activistas.

De acuerdo con testimonios de algunos migrantes y a lo que ZETA pudo percibir en una de las visitar al lugar, personal del Grupo BETA ha estado yendo constantemente al sitio para tratar de convencer a los centroamericanos para que regresen de forma “voluntaria” a sus países.

Mediante el diálogo directo con los migrantes y a través de volantes, les hacen saber que sus retornos serán de manera asistida y vía aérea a sus países de origen, sin costo alguno y en la aerolínea Volaris, con quienes tienen convenio las autoridades migratorias, de acuerdo a lo que se compartió a este medio de manera extraoficial.

Situación que ha causado la molestia generalizada de los migrantes, debido a que anteriormente esa acción de “convencimiento” la realizaban al exterior del albergue, pero desde el miércoles 26 de diciembre, se han estado metiendo al interior del mismo a “persuadir de una forma muy grosera, casi a la fuerza”, expresó una centroamericana que no reveló su nombre.

Tan sólo ese día, Grupo BETA confirmó que 50 personas habían decidido retornar a sus países “de manera voluntaria”.

 

A LA DERIVA POR AMENAZAS DE MUERTE

Mientras el turno para solicitar el asilo les llega, los centroamericanos continúan a la deriva de las autoridades y, “lo peor de todo, bajo amenazas”, expuso Ronnie Gómez, ya que el pastor que coordinaba anteriormente el albergue los dejó, al recibir “muchas amenazas de muerte” por parte de algunas personas que no quisieron especificar.

Hay alrededor de 300 migrantes en el albergue “ Contra Viento y Marea”.

“Terminó huyendo junto con su hija que también era voluntaria, para resguardar su integridad, pidieron ayuda a la Policía Federal hace un par de días, quienes les apoyaron custodiándolos hasta la garita para después ingresar al país vecino”, dijo, y agregó no tener miedo a esa circunstancia, debido a que ellos siguen unidos como grupo.

Asegura entender al pastor por el hecho de que los haya dejado, ya que su hija estaba como coordinadora y lo más probable es que “pensó en ella, su seguridad”.

En el improvisado albergue “Contra Viento y Marea” aún les quedan dos meses, por razones de que se terminará el periodo de renta que consiguieron el Padre Alejandro Solalinde y el Gobierno Federal; sin embargo, Ronnie fue claro: “No nos preocupa eso, porque para ese tiempo nosotros ya no vamos a estar acá”.

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