“La poesía es la esperanza de lo que ha perdido esperanza”: Raúl Zurita

Fotos: Enrique Mendoza Hernández
 
Cultura Lunes, 17 Diciembre, 2018 12:15 PM

El autor presentó en la FIL Guadalajara “Un mar de piedras” (FCE, 2018) y compartió un memorable recital en el Salón de la Poesía. Este año, la editorial Matadero publicó la antología “Mi mejilla es el cielo estrellado”. “La poesía le dio la espalda al mundo”, sentenció en entrevista con ZETA

 

El legendario poeta chileno más importante de la actualidad, Raúl Zurita, acudió puntualmente a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) para participar en diversas actividades literarias, entre el sábado 24 de noviembre y el domingo 2 de diciembre.

Para empezar, presentó “Un mar de piedras” (Fondo de Cultura Económica, 2018), bajo la edición de Héctor Hernández Montecinos, donde comulgan 300 entrevistas concedidas a diversos medios en Chile, Argentina, México, Perú, Ecuador y España, entre 1979 y 2017. Se está ante un libro imprescindible en torno a su pensamiento sobre literatura en general, en torno a poesía en particular y, por supuesto, su época durante la dictadura de Augusto Pinochet.

Además de acudir al módulo de firma de libros en el Área Internacional de la Expo Guadalajara, Raúl Zurita compartió un memorable recital en el Salón de la Poesía ante medio centenar de lectores conmovidos por el dolor y esperanza de su poesía de “Purgatorio”, “Anteparaíso”, “La vida nueva”, “Inri” y “Poemas militantes”, célebres poemarios contenidos -por cierto- en “Mi mejilla es el cielo estrellado”, antología editada por Matadero en 2018.


UN AVIÓN HACIENDO PIRUETAS EN EL CIELO
Tierra de poetas como Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Nicanor Parra y Vicente Huidobro, entre otros, Chile tiene en Raúl Zurita a su más importante poeta vivo de la actualidad, cuya voz sublima el dolor y la esperanza de la dictadura militar chilena durante el régimen de Augusto Pinochet.

En su paso por la FIL Guadalajara, Raúl Zurita (Santiago de Chile, 1950), concedió generoso una entrevista a ZETA para rememorar las primeras imágenes de las palabras, sus poemarios antologizados en “Mi mejilla es el cielo estrellado” y su idea de la poesía.

— En “Un mar de piedras” recuerda que una vez vio una imagen en el cielo en la que “un avión dando volteretas escribía con humo”. ¿Podría argumentar qué papel jugaron las imágenes antes de aprender a leer y a escribir en su descubrimiento de la poesía, aunque no supiera qué era?

“Lo que pasa es que yo aprendí a leer y a escribir bastante chico, entonces no tengo muchos recuerdos, pero tengo algunas imágenes desde los cinco años. Una vez vi una imagen de un avión que daba vueltas y empezaba una palabra, no sé si era radiolina, pero era una palabra, lo hacía dando piruetas; nunca supe si era un sueño, lo había soñado o lo había visto cuando era muy niño, porque lo que más recuerdo a mí se me confunde con sueños.

“Por ejemplo, yo tengo una imagen donde está mi papá, mi abuelo, mi madre, mi abuela y yo estoy en una cuna, estoy con un lechero de juguete, eran de madera en mis tiempos, y están todos mirando; imposible que recuerdes eso, tenía dos años, mi padre murió cuando yo tenía dos años; entonces, eso en realidad es un sueño, pero yo lo recuerdo como si fuera ahora. Esa imagen en el cielo la recordé en los peores momentos más desesperados, de ahí se me ocurrieron algunas cosas que he escrito”.

— Después de la imagen del avión dibujando palabras en el cielo, ¿cómo supo que había una relación de las imágenes con la poesía o con las palabras?

“Eso fue de más adulto, fue cuando leí o vi ‘Los cantos de Ezra Pound’, cuando uno ve los ideogramas uno no entiende una palabra; los ideogramas se ponen en medio de los cantos de ‘Los cantos…’, son muy pocos los que pueden decir qué diablos significan, casi nadie sabe; entonces, en medio del poema aparecían estos signos, letras, palabras, todo lo que el poeta decía que era. Así se me unificó para siempre lo visual, por así decirlo, con el poema, pero esas imágenes para mí son parte de la poesía; son poemas tan ortodoxos como puede ser un soneto”.

EL PAISAJE EN LA POESÍA

Desde “Purgatorio”, pasando por “Anteparaíso”, “La vida nueva” hasta llegar a “Inri” y “Poemas militantes”, las cordilleras, montañas, cielo y mar pululan por la obra de Raúl Zurita.

— En “Mar de piedras” escribe: “Yo siento que con la pasión de vivir emergen las montañas, los ríos, en cierto sentido hay una especie de gran diálogo donde nosotros no sabemos dónde comienza el paisaje”. ¿Podría abundar en ese diálogo permanente en su obra con el paisaje?

“Yo siento que los paisajes son como grandes telones en blanco, que van girando con la pasión de vida, es la vida la que levanta las montañas, es nuestra vida. Entonces, una montaña es también la suma de los ojos que la han visto, por eso de pronto te emociona, porque tú ves dos volcanes nevados en la Ciudad de México y de pronto te emocionas como si todos los que han visto esos volcanes te estuvieran devolviendo la mirada.

“Es una paradoja, porque las montañas están antes que uno y sin embargo se levantan cuando uno las ve; todos los que las han visto de una u otra forma te miran. Entonces, los paisajes son como telones que se van llenando con la pasión.

“La primera irrupción de los paisajes en la poesía escrita en castellano en esas tierras fue Alonso de Ercilla, poeta del Siglo XVI que fue un soldado español que participó en la guerra de la Conquista, ahí aparecen los bosques, los ríos, pero aparecen por resistencia, porque en los bosques se escondían los indios araucanos para tender una emboscada; es decir, todos los escenarios que se le dan los describe solamente, por eso aparecen los paisajes.

“Entonces, es muy impresionante porque ahí uno se da cuenta que hay toda una formación, levantamos los paisajes en la medida que vamos viviendo, también todo lo que decimos, porque haya sido dicho, lo que hacemos es interpretar la sinfonía, el lenguaje que nos dejan nuestros muertos, todo lo que hablamos es una reinterpretación permanente; va naciendo el hombre y el lenguaje lo transforma al hablar, es decir, la lengua son grandes partituras que vamos modificando”.

“EN EL LENGUAJE ESTÁ TODA LA HISTORIA”

Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Nicanor Parra, Vicente Huidobro, fueron sólo algunos de los grandes antecesores del ganador de premios como “Pablo Neruda” 1988, “José Lezama Lima” 2006, Iberoamericano de Poesía “Pablo Neruda” 2016 e Iberoamericano de Letras “José Donoso” 2017. Ante la tradición poética chilena, había que preguntarle a Zurita:

— Desde el golpe militar en Chile el 11 de septiembre de 1973 y después durante la dictadura de Pinochet, ¿Usted tuvo definido el tono de su poesía, que oscila entre el dolor y la esperanza? ¿Cómo fue la búsqueda de su propia voz?

“Yo de joven, cuando escribía estando en la universidad, publiqué en revistas, pero mi desesperación era conseguir lo que se llama una voz propia, o sea, porque leía algo de Neruda, me ponía a escribir y me salía igualito, me lograba engañar por un rato; leía -qué sé yo-, a Octavio Paz, me salía igualito; todo me salía igualito y sufría. Por ese lado, me di cuenta que la poesía me importaba, porque me hacía sufrir.

“Una vez leí un libro de un joven poeta muy bueno, era dos años mayor que yo, se llama ‘Relación personal’, era una joya y es una joya, del poeta Gonzalo Millán (Santiago, 1947), entonces yo me revolcaba en angustia. Yo estudiaba ingeniería, o sea, aparentemente no tenía nada que ver con lo que estaba haciendo, ahí me di cuenta que me importaba mucho la poesía.

“Y de pronto apareció algo: ‘La voz propia es decir algo que si no lo dices tú, no lo dice nadie’, entonces encontré la seguridad en la voz propia, es lo que iba yo a hacer ahora, independiente ya de la experiencia joven.

“Después me he dado cuenta que eso que llaman la voz propia es lo menos propia que hay, es la voz de todos menos la tuya; es decir, que todo habla en ti cuando tú hablas, el único que verdaderamente permanece en silencio eres tú.

“Entonces, al hablar, al decir ‘hola’ estamos apelando a todo, al comienzo del mundo, a todos los seres que han terminado en otros y que finalmente terminan en ti. En el lenguaje está toda la historia y muchas veces pienso que los poemas son el espacio donde se cruza una lucha feroz entre lo que quiere decir el poeta con las palabras y lo que el idioma quiere decir a través del poeta.

“La lengua es un ente vivo, quiere expresarse a través de los poemas, de los poetas, es una lucha sin cuartel. Generalmente los grandes poemas son aquellos en que triunfa la voluntad de la lengua, lo que la lengua quiere decir; ‘Alturas de Macchu Picchu’ son poemas que no están gobernados por un yo, sino que es como si el idioma mismo se levantara, se celebrara; a mí me ha mostrado eso, creo que ésa es la grandeza de Neruda.

“En ‘Alturas de Macchu Picchu’ ya no es un hombre el que habla, es una lengua, una lengua que llega a América, que es culpable de miles de muertes, de imposición de la lengua, porque la lengua guarda también todas las heridas, todas las muertes, todos los sacrificios; nuestra lengua, la lengua que hablamos carga de una u otra forma la memoria de las condiciones en que se impuso, por la lengua han sucumbido tantos pueblos, entonces, creo que esa lucha está en la poesía latinoamericana y nadie lo entendió mejor que el peruano César Vallejo.

“César Vallejo habla con un idioma que parece que estuviera en un cuerpo encepado, expuesto a posiciones de tortura; o sea, como cuerpo que está en sacrificio, porque él escribe una lengua a la que no puede sino tenerle cariño, porque es la que escribe, con la que leyó, con la que aprendió a leer; también no puede sino tenerle rencor, porque es la culpable de las desapariciones. Creo que en México es más o menos similar.

“Pero Neruda, en cierto sentido, libera a las palabras de esa culpa, las palabras y quiénes la hablan se reconcilian, es una cosa que no ha sucedido en un futuro, que es un sueño; o sea, ‘Alturas de Macchu Picchu’ de Neruda es la celebración del reencuentro de la reconciliación de las palabras que hablamos, que nos fueron impuestas alguna vez”.

DEL DOLOR A LA ESPERANZA

Leer a Raúl Zurita es encontrar el dolor de los horrores propios de una dictadura como la que padeció Chile tras el golpe militar de Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, pero también la esperanza de la emancipación.

— “Toda la patria fue entonces la resurrección / pintándose en sus despojos”, se lee por la página 135 de “Mi mejilla es el cielo estrellado”; o “Pero aunque casi todo es mentira / sé que algún día Chile entero / se levantará solo para verte / y aunque nada exista, mis ojos te verán” (pág. 169). ¿Por qué entre el dolor de su poesía prevalece un tono de luz o esperanza?

“Porque creo que es la más honda de las desesperaciones; si tú no te mueres, si no te suicidas, pues ahí está una luz de esperanza; o sea, esa madre palestina que ve al hijo destrozado por una bomba a cien metros de ella; ese padre sirio que se vuelca a la barca donde están migrando a Turquía, desesperado huyendo de la guerra y ve a su hijo ahogarse, trata de salvarlo y solamente lo ve desaparecer, si no se suicida hay una esperanza.

“Si no hay esperanza nos morimos a los cinco minutos; entonces, la esperanza es parte del dolor; si el dolor es más fuerte, si borras ese último átomo de esperanza, entonces te mueres.

“Yo creo que la poesía es la esperanza de los que no tienen esperanza, es decir, es una esperanza, pero no es una esperanza trivial; es una esperanza que nace en el fondo de lo más destruido, de lo más frágil, de lo más arrasado. Esa esperanza -que te mantiene no obstante vivo-, es tan fuerte como el dolor”.

 

— ¿Por qué en su obra constantemente hay referencias bíblicas o una dimensión religiosa?

“Yo creo que no hay ningún poeta que escriba en español que no tenga una dimensión religiosa; Dios, el castellano, la lengua, el catolicismo por antonomasia, son una misma cosa; entonces, si tú le sacas la palabra Dios a la lengua castellana queda un cráter más grande que el Océano Pacífico; son cuatro letras, d- i- o- s. Si tú quitas esa palabra, no nos llamaríamos como nos llamamos; está en la lengua que estamos hablando.

“El autor (Neruda) de ‘Alturas de Macchu Picchu’ -‘Sube a nacer conmigo hermano…’-, es un poeta comunista, marxista, ateo, vuelve al mito cristiano. Posiblemente el poeta más ateo sea Octavio Paz, pero no hay poeta hispanoamericano que no tenga una dimensión religiosa. Civilmente no creo en Dios, soy ateo, en la poesía se me aparece, en la poesía se me aparece todo; está inscrito en la lengua que hablo”.

“LA POESÍA LE DIO LA ESPALDA AL MUNDO”

Antes de concluir la entrevista con Raúl Zurita había que preguntarle por lo menos dos consideraciones fundamentales sobre la poesía:

— ¿Cómo ha evolucionado su idea de la poesía o ha llegado a alguna conclusión de qué es la poesía?

“Sí he llegado a una especie de conclusión: la poesía para mí es la esperanza de lo que ha perdido esperanza; es el amor de lo que carece de amor, es la posibilidad de vivir de lo que no tiene ninguna posibilidad, es exactamente aquello que la mantiene viva.

“Yo soy chileno, hay 18 millones de chilenos; en China hay mil 300 millones; tenía muchas más posibilidades de ser un chino que un chileno, tenía diez posibilidades más de ser mexicano, tenía muchas más posibilidades de ser una mosca que ser un ser humano, sin embargo, estoy aquí.

“Si hace dos semanas un matemático hubiera calculado que tú y yo íbamos a estar al cuarto para las doce en este hotel, exactamente en este momento conversando, las posibilidades hubieran sido prácticamente cero, y sin embargo estamos conservando.

“Cada acto humano, cada hecho humano es una cosa increíble, es una posibilidad que se da entre millones de que no fuera así; entonces, yo creo que la poesía es la esperanza de lo que ha perdido mil veces la esperanza, el amor de lo que carece de amor, esa excepción infinita que hace que seamos seres vivos que no ha muerto todavía”.

— Luego de una reconocida trayectoria, ¿cuál es el debate que le interesara sobre la poesía?

“La poesía ha sido sepultada por montañas de una poesía autista, o sea, el ‘yo’, ‘yo’, ‘yo’. Si hoy llegara un marciano a la Tierra y la única información que tuviera de ella fueran los libros de poesía en los últimos 80 años, llegaría a la conclusión que en la Tierra no ha pasado absolutamente nada, más allá de los problemas sentimentales, de algunas angustias existenciales, no ha pasado nada.

“La poesía le dio la espalda al mundo, y con ello fue una pérdida tremenda; en cierto sentido se lo entregó al ensayo y a la novela, le entregó lo que era propio de la poesía, y eso ha sido una pérdida; y toda esa montaña de poesía del yo, esa montaña insoportable de poesía del yo, ha sido muy importante.

“El género de la poesía tal como lo entendemos, tal como lo hemos practicado es un género que está muriendo, pero podemos hacer que muera con una cierta grandeza, que sea digna de su comienzo, que la poesía escrita muera con dignidad; que muera con la misma dignidad que tuvo durante todo su comienzo”.

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