De cómo llegamos a Kiko (Segunda parte)

Foto: Internet/Don Héctor Terán Terán
 
Opinionez Lunes, 17 Diciembre, 2018 12:00 PM

Ruffo llegó al poder con poca experiencia política, su más grande reto era armar un gobierno diferente, pero el pequeño partido que lo llevó al poder tenía una militancia envejecida y con vocación opositora, la mayoría de ellos negados para gobernar, sin embargo, de ahí saco a algunos de sus secretarios más importantes, particularmente a dos que después serían gobernadores y jefes de grupo político: Elorduy y Héctor Terán.

Acudió también a muchos de los jóvenes que entusiasmados se habían sumado a su campaña de esa hornada, sumó a algunos de los cuadros que hoy llevan tres décadas ejerciendo el poder, pero ni con esos muchachos era suficiente y no tenían edad ni preparación para hacerse cargo del gobierno del estado. Por esto decidió recurrir a las filas de la iniciativa privada de la que él provenía y a la que le tenía mucha fe. De ese otro conjunto emergieron muchos oportunistas sin propósito político o social, que después se revelarían como la cara más corrupta de Acción Nacional.

Las cosas parecieron funcionar, pues logró iniciar su gobierno sin mayores sobresaltos, dotado de una legitimidad renovada y de la paciencia del grueso de la ciudadanía que entusiasmada quería ver lo bueno y no lo malo de esa gestión. Como el hecho de que el más joven de los miembros del cártel de narcotraficantes locales, fue rescatado por la policial judicial local de un inminente arresto por parte de la Policía federal, desatándose la primer gran balacera entre narcos y policías en la historia de nuestro joven estado.

A Ruffo lo blindaba el hecho de ser el primer gobernador de oposición y de la “concertacesión” prianista. Si Salinas en los hechos había destituido a Xicoténcatl Leyva porque no le caía bien, al ensenadense no lo podía tocar ni con el pétalo de una rosa, aunque Claudio Ruffo, pistola en mano, obligará a salir de un restaurant y descargara su arma en plena vía pública, (afortunadamente con borracha mala puntería), contra un importante empresario de los medios de comunicación.

Con ese blindaje el PAN gobernó a sus anchas. La sucesión de Ruffo ocurrió sin sobresaltos, pues logró refrendar la confianza ciudadana a pesar de que un año antes del fin de su gobierno, en la elección presidencial de 1994, su partido, en el estado, perdió todos los espacios en juego. Había una explicación, el triunfo priista de aquel año era sólo una caricia culposa al viejo padre autoritario, de un electorado traumatizado por el asesinato en tierra tijuanense del candidato priista a la presidencia de la República, no un perdón.

En 1995 Acción Nacional se consolidaba como el partido mayoritario. Frente a un agigantado Héctor Terán, poseedor de una fama de decencia y bonhomía, el PRI presentaba a un candidato aturdido y sin respuestas a la primera campaña mediática en la que el PAN utilizaba la difamación disfrazada de campaña de contraste. Don Héctor Terán gobernó decentemente, ningún hermano pertenecía a las filas de los narcos y mantuvo un diálogo respetuoso con toda la oposición, pero en los tres años de su malogrado gobierno se desarrolló el peor PAN que hemos conocido, pues de las filas empresariales que Ruffo había sumado, don Héctor empoderó a un ladrón de siete suelas llamado Francisco Vega, tanto, que lo hizo alcalde de la industriosa Tijuana y por poco termina por ser gobernador en el 2001. Sólo la voluntad de elefante de Elorduy, y una que otra trampita en el proceso electoral interno blanquiazul, evitó el temprano arribo al poder local, de la corrupción encarnada.

 

Jesús Alejandro Ruiz Uribe es Doctor en Derecho Constitucional, ex diputado local, rector del Centro Universitario de Tijuana en el estado de Sonora y coordinador estatal de Ciudadanos Construyendo el Cambio, A.C. Correo: chuchoruizuribe@gmail.com

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