Los migrantes


 
Cartaz Lunes, 19 Noviembre, 2018 12:10 PM

Me he quedado sorprendido, preocupado y atónito viendo en las pantallas y en los periódicos el gigantesco éxodo migrante, con sus cientos de miles de niños, mujeres y hombres que asemejan un río interminable de seres humanos dispuestos a lo que sea necesario por llegar y entrar a Estados Unidos de Norteamérica.

Esto me trae a la mente cómo es que debió verse el éxodo de los judíos de Egipto en busca de la tierra prometida. 4 mil años después se repite la historia de los desplazados buscando su propio paraíso.  Al ver todos esos cuerpos casi destruidos por el extremo cansancio, esas miles de almas aferradas a una diluyente esperanza, me pregunto si no saben realmente la terrible realidad que les espera una vez que se acerquen a una frontera ya militarizada, con soldados dispuestos a disparar a quien intente por la fuerza violar su soberanía.

Contrario a lo que quisieran, aquellos miles de pobres seres humanos desesperados y hambrientos, el Sr. Trump no da visos de quererlos ni a 100 metros de distancia, menos da pie a pensar que algo le va a ablandar el corazón con súplicas de asilo o refugio.

Creo que esta pobre gente ha sido malamente alentada por nuestro gobierno actual, falaz, inepto y titubeante, que los detiene un día para luego darles paso por nuestro país sabiendo perfectamente que México no es su objetivo.

No desean quedarse aquí pues no quieren pesos, quieren dólares. No quieren lo que México les ofrece sino vivir el American Dream. Como eventualmente no los dejarán entrar a la famosa tierra de la libertad, miles se quedarán varados en una frontera que ya se desborda de haitianos, venezolanos, chinos y africanos. Los migrantes no se preocupan si no hay lugar en albergues ni les apura de dónde venga el presupuesto para atenderlos. Menos les importa de dónde México pague su costosa caravana humana. Por ello el inquilino de la casa blanca amenaza a los países, entre ellos México, con que tomará medidas muy serias por no atender su llamado enérgico de bloquear la entrada a millones de personas, con uno que otro malandro entre ellos, sin trabajo, sin casa, sin nada que una muda de ropa.

Me pregunto, qué clase de lógica puede tener para cualquier ser humano arriesgarse perder la libertad, la vida y encima poder perder a sus hijos por un sueño que no es posible cumplir en este clima de extrema xenofobia y repudio. Sepan que cuando los atrapen los van a encarcelar, enjaular y encima les es van a sustraer de sus hijos como ya pasó antes, para darlos en adopción.

Sumado a esta inimaginable crueldad van a terminar prohibiendo dar la ciudadanía a todo hijo de inmigrantes ilegales para que no sean un puente para ingresar. Eso sí es medida disuasiva para los que intenten cruzar de ilegales.

¿Realmente será peor ser pobre que ser separado permanentemente de tus propios hijos? Todo ese largo, duro y penoso peregrinar acabará siendo en vano pues sin duda serán oportunamente regresados a su país y tal vez sin lo único valioso que conservan, a su propia familia. No lo entiendo en verdad. Y no es que no simpatice con las causas legítimas de los migrantes, claro que entiendo perfectamente su fe, su desesperación, su pobreza, su hambre y su deseo de trabajar. Pero igualmente entiendo que existen leyes y fronteras que deben ser respetadas. Que cualquiera que quiera transgredir las fronteras de mi país sólo para poder internarse en otro país por la fuerza nos hace cómplices.

No debemos ser trampolín de delincuentes, ni tapete de los intereses del vecino. Sin embargo, en este caso tengo que darle mucha razón al intolerante de Donald Trump cuando se enfurece de que su vecino mexicano no le ayuda a resolver el problema de gente migrante sino lo exacerba con su actitud permisiva, atrapado entre los derechos humanos, las leyes endebles, los compromisos y el pavor a entramparse en un incidente de condena internacional.

Me da mucha rabia saber que en este país no hay dinero para ayudar a indígenas mexicanos sumidos en la pobreza extrema, pero para los migrantes, todo lo que requieran para su apoyo. Claro que la generosidad del pueblo se ve en cientos de actos de caridad y bondad hacia ellos lo cual habla del espíritu noble y solidario de mi pueblo azteca.

Dicho esto, las palabras del Bronco son muy atinadas. Primero se les atiende a los mexicanos y si sobra con mucho gusto. No sé qué piensan los que dicen a los migrantes, ¡vengan todos sus pobres y afligidos! Aquí hay para todos. Aquí caben en la mesa millones de guatemaltecos, hondureños, beliceños, congoleses y hasta marcianos porque a México le sobra riqueza, comida y trabajos bien pagados.

Por supuesto que esta no es ni de cerca la realidad de un país endeudado, con gobiernos capaces de despilfarrar trescientos mil millones en un aeropuerto pero incapaces de darle lo básico a 50 millones de mexicanos con hambre. No debemos permitir que se nos vea por los centroamericanos como el traspatio del primer mundo y se metan cuando quieren. Bienvenido el que legalmente quiera vivir en nuestro país bajo nuestras leyes y de acuerdo a nuestra realidad económica. Al que le parezca poca cosa mi bello país pues que entonces no circule por él y se vaya a buscar por otro lado. Nosotros no tenemos la necesidad ni la capacidad de suplir las carencias de los malos gobiernos de Centro América para con sus paisanos.

Dicho esto, yo espero que los migrantes entren en razón una vez que se enfrenten a la realidad de una infranqueable barrera militar y decidan quedarse en México o irse a otro lado a buscar su sustento. También espero que el gobierno mexicano se vuelva bastante más enérgico con la migración masiva para evitar que 300 millones más de desplazados piensen que es una buena idea cruzar al mismo tiempo nuestro país, para lograr absolutamente nada del sueño americano.

También espero que esos racistas ignorantes se pongan en los zapatos de quienes caminan cientos kilómetros por un pedazo de pan para darle de comer a su familia. De la misma manera, espero que no haya un inimaginable derramamiento de sangre y se mantenga la cordura ante un presidente inestable y agresivo como Donald Trump. Y a los migrantes más que desearles que lleguen milagrosamente a USA, les deseo que de vuelta en sus países tengan la capacidad de exigir unos gobiernos más justos que les permitan vivir dignamente, que nunca tengan que dejar sus raíces y su hogar por la violencia, por el hambre o por falta de trabajo.

Todos queremos prosperidad y bienestar, pero no a cualquier costo. El día que aprendamos a darle el valor a las leyes justas y aprendamos a respetarlas, muchas cosas mejorarán en esta Latinoamérica de grandes desigualdades, pero de brillantes oportunidades de cambio.

Mucha suerte y que Dios los bendiga.

 

Alejandro Torres Oc.

Tijuana B.C.

Correo: arendori2113@gmail.com

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