La maldición española

Foto: Internet/Los hondureños en Tijuana
 
Opinionez Lunes, 19 Noviembre, 2018 12:05 PM

Estoy de acuerdo con la sentencia de que las migraciones se dan básicamente por dos razones: Hambre y miedo. Así fue desde la primera de la que se tiene registro científico, cuando un primate ancestro nuestro, decidió bajar, aterrorizado, del árbol en que se refugiaba de los depredadores de aquella gran sabana, a caminar sin rumbo en busca de alimento. En ese momento empezó el largo peregrinar que construyó nuestra especie, hasta convertirnos en humanos.

Ya como cromañones seguimos mudándonos en busca de alimento, de hecho, el fenómeno de la vida sedentaria es un asunto muy reciente en el contexto temporal de la humanidad. Una vez que nos sedentarizamos en ciudades estado, prosiguió la migración que se daba a veces en forma de guerra o invasión, otras en forma de caravana y siempre, en forma de comercio e intercambio cultural.

Desde el surgimiento de la industrialización y la consolidación del capitalismo, las migraciones se han dado hacia los espacios en los que hay sobre oferta laboral, nunca hacia lugares más pobres. Es el caso de Estados Unidos, pero también de Tijuana, que gracias al desarrollo económico basado en el sector servicios de principios y mediados del siglo pasado y después, a un proceso de industrialización, se pobló de migrantes.

Si algo me gusta de mi ciudad natal es la diversidad cultural que la construye, tanto del mosaico cultural mexicano como del mundial. Allí convergen sinaloenses con jaliscienses y yucatecos, armenios con españoles, italianos, chinos y coreanos. Eso le ha dado a Tijuana su carácter cosmopolita, abierto, inquieto y pujante. Yo veo con buenos ojos que Tijuana se siga construyendo a base de migraciones, veremos de qué va la comida hondureña, si es que se quedan por acá en número significativo.

Pero es desconcertante y diría desolador, observar la división que se ha dado en mi querida ciudad entre los hijos de migrantes que profieren un discurso de odio hacia los hermanos centroamericanos que han llegado a estas tierras, y los hijos de migrantes que defendemos el derecho humanitario universal del migrante por hambre o miedo, a recibir protección. Intento empatizar con quienes se oponen embozando su discurso en velos de responsabilidad, pero no he podido pues descubro siempre la misma esencia.

En esta trama de los migrantes hondureños, hay algo de odio a uno mismo, de auto desprecio Cultural muy latinoamericano, producto de una sociedad dividida en clases y razas durante trescientos años de dominación española. Acá cuesta el doble el ascenso social, no es suficiente con el éxito económico o los logros académicos o profesionales, también hay que limpiar el color de la piel, adoptar poses y costumbres sajonas para ascender socialmente y si se puede, llevar a los hijos a nacer al EU para que sean algo más que mexicanos.

Por eso, creo que la reacción a la llegada de los catrachos, tan parecidos a nosotros, nos espanta, y nos incita al sentimiento de desprecio de castas, que tan perversamente inoculó la corona española en el espíritu del mexicano.

Andrés Manuel López Obrador, pareció prever esta circunstancia cuando una vez reconocido como presidente electo, envió al presidente Trump una misiva en la que lo invitaba a juntos concretar una bolsa económica que le permitiera a Centroamérica salir del atraso económico que dicta su migración. Veremos la respuesta del presidente naranja, pero yo no abrigo mucha esperanza, pues tengo claro que la migración ilegal le ha permitido a E.U pagar bajos sueldos en sectores clave como el de servicios y agricultura, por eso les conviene que no se detenga la migración ni que se legalice masiva mente a esos emigrantes, su oposición es sólo discurso electorero. No nos convirtamos en paleros de Trump y su amor contra reembolso.

 

Jesús Alejandro Ruiz Uribe es Doctor en Derecho Constitucional, ex diputado local, rector del Centro Universitario de Tijuana en el estado de Sonora y coordinador estatal de Ciudadanos Construyendo el Cambio, A.C. Correo: chuchoruizuribe@gmail.com

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