La confrontación hondureña

Foto: Internet/Las autoridades reaccionaron tarde ante la llegada de los primeros migrantes
 
Opinionez Lunes, 26 Noviembre, 2018 12:00 PM

Política Breve y de Emergencia

 

 

 

Un grave y complejo conflicto social es el que se está generando en la ciudad de Tijuana derivado del éxodo hondureño que sigue llegando en grandes números utilizando esta nueva modalidad de la Caravana Migrante. Es fundamental decir que el proceso mismo desde el “avistamiento” de la caravana a su paso por el territorio mexicano, hasta su llegada a la frontera con Estados Unidos, ha ido generando enconos y complicaciones en las relaciones interinstitucionales de gobierno a gobierno, pero también desencuentros y animadversiones entre organizaciones sociales y entre las mismas familias de los locales.

Los representantes del gobierno estatal y del municipal iniciaron tarde la reacción a la llegada de los primeros contingentes hondureños, porque –tal vez con justa razón– calcularon el grave problema económico que se avecinaba y se dieron más a la tarea de la gestión de recursos con las autoridades federales, que a la organización y sistematización de una recepción anormal de migrantes.

Los recursos económicos del erario federal no han llegado para la aplicación normal de partidas como educación, seguridad y salud, pretender un apoyo extraordinario emergente por este concepto suena más que razonable, aunque se siente imposible delante de un gobierno federal que hace más de dos meses cerró sus cortinas. La creatividad y poder de gestión social de las autoridades locales está a prueba, porque a querer o no, ya le cayó la papa caliente.

Los académicos y autoridades migratorias han aproximado cálculos que dicen que habrán de ser más o menos 10 mil las personas que lleguen hasta la frontera norte de México valiéndose de las caravanas migrantes. Y como no, estos mismos analistas mencionan que mediante el tráfico ilegal de personas, una travesía “garantizada” para llegar ilegalmente a Estados Unidos desde los países centroamericanos puede representar un gasto de 7 mil dólares o más por persona; las caravanas organizan y resuelven el problema económico por lo menos el de llegar hasta Tijuana, pasando la factura de forma completamente legal, a los gobiernos de los trayectos, pues se amparan en las condiciones legales internacionales de la protección a refugiados.

Los migrantes hondureños que son la gran mayoría de las personas ya albergadas por el gobierno municipal (también hay guatemaltecos y salvadoreños) no son personas de trato terso ni de modales refinados. Es evidente que vienen de vivir en condiciones de pobreza urbana extrema, su sobrevivencia la ha determinado la fortaleza de su carácter y nada más, porque tampoco tienen mucho más. Son echados para delante, de exigencia espontánea y seria, muy seria desconfianza hacia las autoridades; su extraordinario logro de la travesía hacia la frontera les empodera para escalar demanda de derechos, basados en la organización colectiva toman fuerza y se le plantan al que sea, por eso causan temor y rechazo de los ciudadanos arraigados, que quisieran ver otra mejor actitud.

La convivencia diaria del tijuanense promedio le hace entender el gran valor económico y social de la actividad de la frontera, los cruces en las aduanas, la estrecha vida comercial de dos países que derraman sus beneficios económicos a una comunidad de más de 5 millones de personas, ubicada desde luego en ambos lados del muro divisorio.

Por eso los tijuanenses cuidamos, respetamos y valoramos las frágiles reglas de la vida fronteriza, porque no resistiríamos un cierre total de “la línea” ni siquiera por 24 horas. En consecuencia, cualquier evento o personas que arriesguen ese estatus quo es desde luego vista como amenaza. La amenaza del presidente Trump de cerrar la frontera debido a “la invasión migrante hondureña”, claro que altera y afecta el ánimo local y exacerba otras también malas actitudes.

Las autoridades no deben permitir que el problema se salga de control, no es ésta la crisis más seria que haya tenido que afrontar la ciudad, es eso sí un problema social que nos confronta con lo mejor y lo peor de nosotros mismos, pero en el gobierno debe estar la prudencia y la capacidad de promoción comunitaria que convoque a un esfuerzo conjunto.

Que la historia lo registre.- El componente más activo de la crisis hondureña en Tijuana ha sido la comunicación, el abuso y ausencia de comunicación. Paradójico el patrocinio de información negativa y tendenciosa, que dicen también sale del gobierno.

Botón rojo.- Y ahora toma todo el sentido el Fondo Nacional de Migralidad; diputados ¡urge!

 

Salvador Morales Riubí. Político tijuanense, ha sido funcionario municipal y estatal. Actualmente es empresario y consultor en temas de salud y relaciones públicas.

Correo: smriubi@yahoo.com

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