En defensa de AMLO

Foto: Internet/La consulta fue un ejercicio democrático que enriqueció la toma de decisiones
 
Opinionez Lunes, 5 Noviembre, 2018 12:00 PM

La cancelación del proyecto de construcción de un nuevo aeropuerto en Texcoco ha puesto muy molestos a los medios de comunicación, a los más famosos comunicadores y a los grandes empresarios, quienes critican y maldicen sin control. Aducen que se perderá la confianza de los inversionistas mundiales, que el dólar será afectado, que nos costará 100 mil millones de pesos la cancelación, etcétera.

Indudablemente se siente, primero, que es un ataque instrumentado desde Los Pinos, porque su supuesta obra magna será cancelada; segundo, que el enojo de los empresarios es muy grande, porque de ese tamaño eran las ganancias que querían obtener. Iban a hacer del actual aeropuerto un centro comercial como Santa Fe. Ni modo. Carlos Slim, Bernardo Quintana, Olegario Vázquez Raña, Carlos Hank, el ex cuñado de Salinas Hipólito Gerard, dejaron de ganar, son puros empresarios que se han hecho ricos por su relación con el gobierno.

La administración de Peña Nieto canceló dos grandes obras y suspenderlas costó mucho dinero. La primera fue la “refinería Bicentenario”, que fue planeada por Calderón, en Tula, Hidalgo, que generó múltiples gastos, entre ellos la construcción de una barda en las 700 hectáreas y el endeudamiento del gobierno de Hidalgo por mil 500 millones de pesos para la compra del terreno. Muy pocos levantaron su voz para criticar esta cancelación; claro, Peña los tenía bien “maiceados”. Los medios de comunicación y los grandes empresarios recibían miles de millones en contratos directos, por eso permanecieron callados.

El hermano de López Dóriga fue nombrado embajador en España y la esposa de Loret de Mola recibió jugosos contratos. Pero el caso más escandaloso fue el del famoso tren de alta velocidad de México a Querétaro, cuyo contrato se canceló porque surgió el escándalo de la casa blanca de la “Gaviota”, esposa del Presidente, que le construyó el Grupo Higa, socios de Peña, los cuales también eran socios de los constructores chinos que habían ganado la licitación del contrato.

Fue tan clara de la asociación del grupo HIGA con el Presidente que éste se vio obligado a cancelar dicho contrato y México tuvo que pagar 11 mil millones de pesos de indemnización a los chinos. Alguno de ustedes, amigos, supieron del reclamo de los medios, los comunicadores y de los empresarios por tal cancelación y porque le costó a los mexicanos, sin hacer prácticamente nada, el 10% de lo que costara la cancelación de Texcoco. ¿Por qué no lo hicieron, si proporcionalmente se perdió más que en Texcoco con esa cancelación? Muy sencillo: porque en esas obras no eran socios los grandes empresarios mexicanos, como sí lo son en el aeropuerto de Texcoco. Entonces que no invoque al patriotismo y el amor a México. Su enojo es simple y llanamente la pérdida de un gran negocio.

Pero no sólo es eso, es la demostración de que, cuando menos los próximos seis años, el gobierno no les dará canonjías, ni condonación de impuestos ni adjudicaciones directas por millones de pesos. Se les acabó el negocio. Ahora, si quieren contratos, deberán competir con mejores condiciones, precios más bajos y mejor calidad. Ya se terminó la época del gobierno socio y corrompible por las migajas de sus grandes negocios.

El gobierno de AMLO será un gobierno que defienda los intereses de los ciudadanos y trabaje para su felicidad. Es el fin de una época de corrupción. Hay otro punto que intelectuales y comunicadores en general, con una visión parcial de las cosas, intentan descalificar la consulta ciudadana. Esta no la entienden, porque como ha pasado en México, siempre los intelectuales están detrás de las grandes transformaciones. Ven las cosas con ojos de pasado y con una filosofía retrógrada. Primero acusan que la consulta es anticonstitucional, carente de legalidad y no es vinculante. ¡Qué torpeza! Claro que no. AMLO aún no ejerce el poder presidencial, será a partir de diciembre que tendrá las atribuciones constitucionales.

¡Despierten, señores! La consulta no fue un ejercicio jurídico, fue un esfuerzo político sin precedentes por conocer lo que quieren las mayorías. Todo mundo pudo votar con toda libertad; pero como los empresarios y sus socios sabían que, así como habían sido vencidos el primero de julio, serían vencidos nuevamente, se concentraron en atacarla, en descalificarla por cualquier cosa.

La consulta fue un ejercicio democrático que enriqueció la toma de decisiones. Les guste o no le guste, el pueblo votó el primero de julio por una nueva forma de gobernar. Entiéndalo señores, se le acabó el negocio, han dejado de ser los dueños de México.

 

Amador Rodríguez Lozano, es tijuanense. Ha sido dos veces diputado federal y senador de la República por Baja California; fue también ministro de Justicia en Chiapas. Actualmente es consultor político electoral independiente y vive en Tijuana. Correo:[email protected]

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