México, el freno migratorio de Estados Unidos

Foto: Internet
 
Para Empezar Lunes, 29 Octubre, 2018 12:00 PM

En materia migratoria, como en otras, el gobierno mexicano no sigue una agenda propia, sino la de Estados Unidos. Con una nueva Ley de Migración publicada en 2011 y reformada en 2016 sólo para agregar una fracción al artículo que restringe la salida de extranjeros del país en caso que incumplan con obligaciones alimentarias impuestas por un juez civil, el Estado goza de una cómoda ambigüedad que le permite actuar como verdugo de migrantes.

El viernes 19 de octubre, cuando una nueva caravana migrante se acercaba a la frontera sur del país, México respondió con el despliegue de más de 200 elementos adicionales de la Policía Federal y un helicóptero que sobrevolaba el Río Suchiate.

Además, el Presidente Enrique Peña Nieto dirigió un mensaje en vídeo para advertir a estos migrantes que México “no permitirá el ingreso a su territorio de manera irregular y mucho menos de forma violenta”, llevándose así el beneplácito de Donald Trump por medio un tuit.

Ni siquiera por empatía, ante los millones de connacionales que son víctimas de discriminación, vejaciones y abusos como migrantes en Estados Unidos, el gobierno mexicano busca medidas de protección para sus vecinos del sur.

Cuando se trata de programas migratorios, el gobierno mexicano prefiere responder al pulso que le es dictado desde la Unión Americana, que instaurar políticas públicas propias para atender los flujos de migrantes.

En 2014, la administración de Peña Nieto implementó el programa Frontera Sur, a petición del entonces Presidente estadounidense Barack Obama, con lo cual se dispararon las detenciones de centroamericanos. En un año se pasó de 46 mil 969 detenciones (julio de 2013-junio de 2014), a 93 mil 613 aprehensiones (julio de 2014-junio de 2015).

Ahora, en los primeros ocho meses de 2018, México ha expulsado veinte veces más hondureños, salvadoreños y guatemaltecos de los que han ingresado a través de la caravana migrante en una semana.

La inmensa mayoría de estos 69 mil 097 centroamericanos deportados, incluidos menores, no buscaban permanecer en México, sino llegar a Estados Unidos.

Ante estas circunstancias, no es difícil entender por qué las 3 mil 630 personas que el gobierno mexicano tiene registradas como integrantes de la caravana ingresaron al país por medio de la protección que les ofrece hacerlo en un grupo tan numeroso, con la atención de organizaciones no gubernamentales internacionales y nacionales, la prensa y la opinión pública.

Mil 743 de estas mujeres, niños, adolescentes y hombres, presentaron una solicitud de refugio no precisamente para permanecer en el país, sino para transitar de manera legal. Otros 116 desistieron del viaje y pidieron ser asistidos en su retorno.

Al igual que muchos mexicanos desplazados de sus hogares por la violencia, estos migrantes también buscan dejar atrás historias de despojo, de muerte, de miedo, de persecución y de miseria.

A pesar que la Ley Migratoria establece solicitar asilo como uno de los derechos de todo migrante, la tarea de asistencia ha sido dejada a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Recientemente, la asociación Médicos sin Fronteras trazó las principales rutas hacia Estados Unidos y contabilizó 67 organizaciones que brindan comida, techo y asistencia legal a migrantes, muchas de ellas en Baja California.

A nivel estatal, la situación no es diferente. A pesar  que el gobernador Francisco Vega de Lamadrid se jacta en sus discursos públicos que “Baja California es tierra de migrantes”, en sus declaraciones dice lo contrario.

Al ser cuestionado sobre la posible llegada de la caravana migrante a la entidad, aseguró que sólo se cuenta con 650 espacios disponibles en albergues para migrantes.

Sin embargo, su respuesta no sorprende. Cuando hace más de dos años, una oleada de 16 mil migrantes haitianos arribó a esta frontera, no fue desde el gobierno, sino desde las asociaciones civiles, de donde surgió el apoyo.

En el caso de la carava migrante, más allá de las lecturas políticas referentes a la movilización masiva, lo que persiste son las historias de sobrevivencia, de familias huyendo, de las condiciones políticas y sociales de países de Centro y Sudamérica que empeoran cada día.

No importa que los gobiernos de Peña Nieto y de Vega de Lamadrid opten por cerrar los ojos ante esta realidad: los migrantes seguirán llegando y, a pesar del abandono institucional -al cual ya estamos acostumbrados los mexicanos-, encontrarán su camino hacia Estados Unidos, o harán de México su hogar.

Comentarios

comentarios

Notas relacionadas

Tipo de Cambio