Humanidad, autoestima y vida


 
Cartaz Lunes, 29 Octubre, 2018 12:00 PM

Por tercera vez consecutiva he ido voluntariamente a ser donador de sangre. Un gesto totalmente humano y altruista; no me pesaron las cinco horas de espera y en ayunas, en el Hospital General de Tijuana. A veces no se necesita ser médico o galeno para salvar una vida. Ir a donar plasma al banco de sangre es de humanos y aferrar a X paciente a la vida y decir: Allí te va una parte de mi vida, si genera vida, que maravilloso, y que maravillas hacen las manos de los médicos, vía manos de Dios.

Donar sangre es valorar más la vida, cuando se necesita mantener tal paciente en el mundo de los vivos. Es aumentar el costo de la humanidad, es saber que estás sano, si tu sangre da vida: con sus plaquetas, plasma y en el plasma flotan glóbulos rojos y blancos. Allí inicia para el donante la satisfacción, y al receptor chispa de vida (como bujía de motor) lo que lo mantendrá encendido.

Como escribió en ZETA # 2318 el Dr. Teodoro Orantes Martínez: Plusvalía al donador sanguíneo, leí su artículo y muy interesante. A veces, es como en una tragedia; el que quiere ayudar lo hace sin voluntad y sin interés, muchas personas no acuden a donar sangre por temor a los resultados. Saberse sano es lo mejor que  puede experimentar un ser humano. Y más al saber que tu torrente sanguíneo es apto y seguro para salvar una o más vidas.

De allí sube el valor de autoestima del donante al saber que está 100% sano. Y una vida sana hace muchas cosas positivas. Hay personas que jamás han donado plasma, sangre: tan fácil que es. ¿Cuántas horas pasa una persona en la televisión o en el celular? Horas y horas.

Transformemos esas horas, una sola vez al año, en una sola donación: ¡No es nada! Y que resulta que es sano: ¡Salvó una vida! O regeneró la salud de un ser humano. Nos falta humanidad, humildad y amor a la vida, dejar que si es testigo de Jehová y no puede. El que quiere nada lo detiene a ser donante y aumentar el valor de su vida y del que espera una pinta de esa sustancia rojiza que nos da vida.

Este escrito lo debí haber redactado cuando me atreví voluntariamente a ser donador de una parte de mi ser, al fin al cabo  no es mi cuerpo; es sólo materia y dar sangre realza el espíritu.

Anímense, jóvenes, a ser donadores, verán; la felicidad y la autoestima se elevan y mantenemos la vida en este mundo agobiado de enfermedades. Pero allí estamos los voluntarios.

¡Salud!

 

Atentamente,

Leopoldo Durán Ramírez

Tijuana B.C,

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