Entre la vida y la muerte

Foto: Internet/Dr. Bernard Nathanson, el "Rey del Aborto”
 
Opinionez Lunes, 15 Octubre, 2018 12:00 PM

“Hoy resulta que es lo mismo, ser derecho que traidor,

Ignorante, sabio, chorro, Maquiavelo, estafador…”

Cambalache (Tango) Santos Discépolo, Argentina.

 

En las elecciones intermedias del 2015, el PRI perdió casi 11 gubernaturas, entre otras razones porque el Presidente Enrique Peña Nieto, prometió al Papa Francisco en su visita a México que haría suya la agenda del Pontífice sobre el tema de la vida y la familia.

No había pasado un año de la visita papal a México cuando el propio presidente promovió erróneamente, siendo ejecutivo no legislativo, el tema de los “matrimonios igualitarios” y adopción, asomándose el tema del aborto y la eutanasia o muerte asistida para ancianos o enfermos graves.

Como Judas Iscariote, el Presidente de la República en unos meses mostró su volubilidad no sólo a la persona del Papa, sino a algo tan sencillo como es la familia y la vida. El Frente Nacional por la Familia se encargó, a través de los fieles laicos católicos y no católicos, de castigar al partido del Presidente por traicionar de alguna manera la doctrina o cultura de la vida, promovida no sólo por católicos sino por evangélicos y personas de buena voluntad.

Para no hacerle caso a los grupos pro-vida, así nomás porque sí, uno no tendría que leer “La Mano de Dios”, libro escrito por el “Rey del Aborto”, el Dr. Bernard Nathanson, un ginecólogo judío que con sus propias manos asesinó –expresa él mismo– a los hijos de sus propias amantes y esposa, así como de sus clientes en su clínica abortiva.

El Dr. Nathanson, autor de un video permanente en Youtube (El Grito Silencioso), tuvo la oportunidad gracias al ultrasonido reciente en la época de los 80, de escuchar el latido del corazón de una criatura en el vientre materno y que abortaría antes de las 12 semanas o tres meses de vida. De aquel latido del corazón se valió Dios para ganarse para siempre al “Rey del aborto” y promotor de las vigentes leyes abortivas en Estados Unidos.

Bernard Nathanson el ginecólogo judío no sólo abandonó el crimen del aborto, además se convirtió al catolicismo y en uno de los líderes mundiales del comité internacional Pro-Vida. Impulsado por personajes como la Madre Teresa de Calcuta y Karol Wojtyla.

Y para no hacerle caso a los grupos pro-muerte o pro choice (USA), habría que admitir y saber que el aborto no se practica voluntaria o espontáneamente. Es un negocio millonario en el que hay intercambio o venta de los órganos de las criaturas que en el vientre materno son abortados, mutilados o extraídos a través de aspiradoras e instrumentos médicos que en muchas ocasiones dejan inservible el don de la maternidad o el útero de la madre que aborta.

Basta rastrear un poco en youtube o en google para encontrar documentales sobre el negocio con los miembros mutilados de los niños abortados en el que especificamente participan Planificación Familiar (Planned Parenthood), que en México y América Latina manejan el negocio del aborto, de los anticonceptivos, de métodos de fertilización. Como los denunciados por la revista Proceso en el que en lugares como en la Huasteca Potosina se les incrustaba con engaños el Dispositivo Intrauterino (DIU) a mujeres ancianas de casi ochenta años de edad, incapacitadas para procrear, y por lo mismo sin necesidad del DIU.

Durante este sexenio casi veinte congresos de los Estados de la República Mexicana, casi la mayoría de las 32 entidades federativas, rechazaron el aborto y los matrimonios igualitarios en sus legislaciones; o más bien aceptaron el respeto a la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

Es posible que los congresos estatales, federal y el Senado de la República, aprueben por “unanimidad” todo lo referente a lo rechazado en 2015 por los congresos de los mismos estados. Políticos de todos los partidos están a favor de la vida; y políticos de todos los partidos están a favor de la muerte. ¿Cuál es la diferencia?  Creo que la diferencia es aquello, que le revelara siendo Magistrado de la Suprema Corte, el Dr. Mariano Azuela al Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, “los maicearon”. Les dieron dinero, muchísimo dinero para promover el crimen del aborto y los matrimonios igualitarios al menos en la Ciudad de México; por eso el futuro “Diplomático” Marcelo Ebrard, siendo jefe de Gobierno del DF llamó al Arzobispo de Guadalajara, “El Cavernal”.

En Argentina este 2018, la “voluptibidad” política quedó de manifiesto al ser aprobada plenamente la cultura de la muerte, aborto, matrimonios igualitarios y eutanasia. Y en unos meses al unirse los argentinos por la vida, revirtieron todas esas leyes ya aprobadas. La voluntad popular hizo recular a los legisladores gauchos.

Si en México ya los congresos en su mayoría habían rechazado la cultura de la muerte; es muy probable que, por intereses económicos, por la avaricia de los magistrados, diputados, senadores y legisladores locales; al menos nominalmente la cultura de la muerte tome carta de ciudadanía.

¿Pero qué tiene que ver todo esto con la verdad de asesinar niños en el vientre materno y vender sus partes como accesorios reciclados en la Colonia Bellavista o la Guerrero de la Ciudad de México? En México antes de las apariciones de la Virgen de Guadalupe, en cuatro días de sacrificios al “dios de la guerra” (Huitzilopochtli), se sacrificaban más de 100 mil seres humanos, convirtiendo las calzadas de Tenochtitlan en un vertedero pestilente de sangre y sacrificios humanos.

Así entonces las cosas, ¿de qué nos extrañamos de la inseguridad y tanto crimen en el país, si no nos asombra el crimen de más de 170 mil criaturas asesinadas durante los últimos diez años en la actual Ciudad de México?

 

Germán Orozco Mora reside en Mexicali.

Correo: [email protected]

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