En sur de Ensenada aprovechan lluvias para exigir servicios

Fotos: Enrique Botello
 
Edición Impresa y Lunes, 8 Octubre, 2018 01:00 PM

Los más de 110 mil habitantes del sur del municipio de Ensenada, desde Camalú hasta el Paralelo 28, en su mayoría migrantes que trabajan en el campo, tienen presentes los desastres anteriores a los que la naturaleza los ha sometido, por lo que a la menor señal buscan refugio. Conscientes de la endeble condición de sus viviendas, piden a las autoridades mayor seguridad y cobertura de necesidades básicas

La actividad productiva y educativa se paralizó en las cinco delegaciones del sur del municipio de Ensenada, ante la amenaza de que la tormenta “Rosa” llegaría con fuerza a la Península de Baja California.

La situación en que vive la mayoría de la población sureña en viviendas susceptibles a sufrir daños por lluvias, puso en alerta máxima a las autoridades y el Ejército Mexicano, junto con la Secretaría de Marina, prepararon el Plan DN-III-E, un modelo de auxilio a la población civil en caso de desastre.

Durante el domingo 30 de septiembre y el lunes 1 de octubre, San Quintín lucía desolado, negocios como tiendas de ropa, alimentos, centros cambiarios, refaccionarios, así como campos agrícolas, permanecieron cerrados.

Evidente es el mal estado de la infraestructura vial a lo largo de la Carretera Transpeninsular a partir de San Vicente, los acotamientos permanecieron inundados y los negocios con laterales colocaron costales de arena en las entradas.

 

NO HUBO TRABAJO PARA JORNALEROS

La familia Mendoza, procedente del poblado El Limón en el Estado de Guerrero, vive desde 1997 dentro del cauce del arroyo San Simón, uno de los más grandes en San Quintín.

Cuatro de los integrantes trabajan en el campo de frutos rojos, tomate y espárrago, pero ante la contingencia, las empresas agrícolas suspendieron actividades hasta el jueves 4 de octubre.

“Para los que van al campo en casa no hubo trabajo y pues no hay dinero, no sé qué vamos a hacer”, afirmó Estefanía Mendoza, una joven madre del asentamiento San Simón.

Los Mendoza relataron a ZETA cómo en agosto de 2009, el huracán “Jimena”, de Categoría 4, trajo tanta agua que sus techos quedaron sepultados.

“Estuvimos agarrados de ese árbol hasta que nos sacaron, no pudimos sacar casi nada y tardamos meses para recuperar nuestro pedazo de tierra que nos heredó mi papá”, reaccionó la señora Alicia.

Por ello, desde el viernes 28 de septiembre tomaron sus pertenencias, levantaron camas, cubrieron colchones con lonas, metieron la ropa en tambos de plástico y se fueron a la colonia Nueva Era con compañeros de trabajo que les dieron posada en lo que pasaba la emergencia.

Aunque la lluvia fue poca, las viviendas con techos quebradizos quedaron inundadas, y las calles, cubiertas de lodo.

Como ellos hay miles de personas en San Quintín, El Rosario, Vicente Guerrero, Camalú y Punta Colonet, que viven en cuarterías levantadas con tablones, plásticos, láminas o llantas, con  pisos de tierra, estufas de leña improvisadas en los patios y sin servicios públicos.

Alicia comentó que no abandonarán la casa ubicada en el corazón del cauce San Simón porque es una herencia que dejarán a sus hijos, quienes nacieron en San Quintín y podrían seguir con la tradición de laboraren el campo.

 

CARENCIAS E INSEGURIDAD  EN CAMALÚ

Habitantes de los asentamientos irregulares conocidos como Canta Ranas y La Candelaria, que se encuentran en las inmediaciones del Arroyo Oaxaca en la delegación de Camalú, se negaron a abandonar sus casas como los residentes de otros poblados.

“Nos roban los malandros, si estando dormidos aquí se nos meten, ahora si dejamos nuestras casas solas, nos van dejar sin nada”, expresó una vecina de la calle H en La Candelaria durante un recorrido nocturno de inspección hecho por el Ejército Mexicano, Marina, Protección Civil y la delegada Maricela Armenta Martínez.

Algunas familias salieron por voluntad  propia de sus casas, hacia los 25 albergues habilitados, mientras que otras fueron obligadas por autoridades de Protección Civil.

La alerta de tormenta en las cinco delegaciones más cercanas a Ensenada, puso de manifiesto la tensión en la que residen las comunidades migrantes que en 2014, por el paso del huracán “Odile”, resultaron afectadas en las inmediaciones del Arroyo Oaxaca.

Hace cuatro años, el arroyo se desbordó, dejando las casas sepultadas, “nos tuvieron que sacar con cuerdas cuando el hijo estaba chiquito, se nos inundó todo y no pudimos sacar nada, pero ahora tenemos un cerco que nos ayuda a detener un poco el agua”, argumentó uno de los vecinos, señalando un muro de llantas.

Por más de veinte minutos, la delegada trató de convencer a los Gutiérrez, entre otras decenas de familias, pero todas coincidieron en el temor a perder lo poco que tienen.

Una de las características de la mayoría de casas donde residen comunidades migrantes, es que a pesar de las carencias mantienen limpias las habitaciones, así como los patios, evitando la acumulación de animales.

 

EXIGEN SERVICIOS BÁSICOS

Como parte de las acciones que emprendieron las autoridades durante la amenaza de tormenta para convencer de que se refugiaron en los albergues habilitados en escuelas o recintos deportivos,  vecinos molestos aprovecharon para pedir servicios públicos.

“¿Y la luz para cuándo, delegada?”, reclamó un residente a Maricela Armenta, quien se encontraba a varios metros. La servidora pública le respondió que cuando él levantara la basura, pues alrededor de la vivienda había desechos regados.

La noche del lunes 1 de octubre, cuando los habitantes de La Candelaria vieron al contingente salieron de las casas, pero para exigir recursos económicos para techos, agua potable y energía eléctrica.

En general, las comunidades enfrentan problemas como la falta de agua potable, drenaje, alumbrado público, energía eléctrica y sobre todo, calles no pavimentadas.

De acuerdo con el último censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en 2010 había alrededor de 88 mil personas viviendo desde Punta Colonet hasta el Paralelo 28, de los cuales el 51 por ciento eran migrantes. Para 2018, tal cifra ha superado los 110 mil residentes.

Aunque los datos son imprecisos, la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu) en Baja California, ha informado que el 80% de los terrenos en esa zona carecen de títulos de propiedad, ya sea por  incertidumbre jurídica o en zonas de riesgo, y en general se estima que existen 200 colonias irregulares.

 

INMINENTE RECUPERAR VÍAS TURÍSTICAS

Los accesos viales para ingresar tanto a colonias como parcelas y centros turísticos en San Quintín, quedaron destrozados e inaccesibles.

El camino de ocho kilómetros por terracería para llegar a La Lobera, el punto turístico costero más importante cerca de El Rosario, quedó destruido.

Aunque el acceso está abierto, elementos de la Policía Estatal realizan patrullajes para evitar que los visitantes entren al lugar.

Debido a las lluvias que azotaron el sitio, hay puntos de la vialidad con deslizamientos de tierra y piedras, por lo que prohibieron el paso en tanto la autoridad repara el camino.

 

MÁS AFECTACIONES EN CEDROS
Isla de Cedros fue la comunidad con mayores daños en Ensenada, tras doce horas de lluvia entre la tarde del lunes 1 y el martes 2 de octubre, a causa de la tormenta tropical “Rosa”, reportaron Protección Civil Municipal y el delegado Luis Damián Ceballos.
De acuerdo con datos entregados por la Secretaría de Marina a la Unidad Municipal de Protección Civil, durante las doce horas que la tormenta se “estacionó” sobre Cedros, cayeron 49 milímetros de precipitación.
Tal cantidad representa casi lo mismo que llovió en toda la temporada 2017-2018 en el puerto, cuando se registraron 65.6 milímetros, dato aportado por el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese).
En un comunicado, Ceballos Alvarado informó que alrededor del 90% de las vías de acceso a Isla de Cedros sufrieron daños con el paso de la tormenta tropical, por lo que 15 personas damnificadas fueron recibidas en un refugio temporal.
Jaime Nieto de María y Campos, director de Protección Civil Municipal, dijo a ZETA que la calle principal Francisco de Ulloa quedó totalmente azolvada con piedras, arena y lodo, afectando a los comercios y el tránsito; solamente se puede circular en vehículos altos de doble tracción.
La rampa de botado de lanchas está agrietada y azolvada, afectando a unas 50 familias en plena temporada de langosta.
Hasta el cierre de esta edición, la Escuela Secundaria Número 7 y el Centro de Estudios Tecnológicos del Mar (CetMar) se encontraban azolvados y sin actividad escolar, mientras que no había acceso a la clínica de salud porque estaba prestando el servicio.


Los pobladores se quedaron sin acceso desde el pueblo hacia Punta Morro, donde se encuentra el aeropuerto; solamente se puede transitar en vehículos altos doble tracción.
En cambio, la pista del aeropuerto no sufrió daños, lo que permite la salida y arribo de vuelos.
En cuanto al servicio de agua potable, hasta el miércoles 3 de octubre operaba a un 40%.
CAYERON 267 MILÍMETROS ENTRE SAN QUINTÍN Y LAS ESCOBAS
Según datos de Protección Civil del Estado, del domingo 30 de septiembre al lunes 1 de octubre, las precipitaciones concentraron 267 milímetros entre San Vicente y Las Escobas, repartidos de la siguiente manera: San Vicente, 21.3; San Pedro Mártir, 139; San Quintín, 34; El Rosario, 22; Cataviña, 17; Las Escobas, 34.
Según la Comisión Nacional del Agua, en Ensenada cayeron apenas 4.3 milímetros, mientras que en San Quintín fueron 18.4 y en Las Escobas, 25.3 milímetros.
MÁS DE 200 EN ALBERGUES
Entre el domingo y el martes, más de 200 personas se refugiaron en albergues distribuidos a lo largo de la zona sur del municipio.

En Camalú hubo 58 personas; en Vicente Guerrero, 93; solamente dos familias en San Quintín; en El Rosario fueron 16 personas en uno y seis familias en una parroquia; en Bahía de los Ángeles, once personas; y en Punta Colonet, 35.
Estas personas comenzaron a retirarse a sus hogares desde la mañana del martes 2 de octubre.
AFECTADAS CARRETERAS TRANSPENINSULAR Y PUERTECITOS
Sobre la Carretera Transpeninsular hubo cuatro tramos afectados (kilómetros 129, 176 y 180), mientras que en el tramo carretero San Felipe-Puertecitos-Laguna Chapala hubo un corte, reportaron la Policía Federal y la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

Esta última indicó que en la carretera San Felipe se trabaja a marchas forzadas para restablecer el tránsito a condiciones normales de circulación, tras daños como erosión de la zona de vados, cortes en el camino, destrucción de obras de drenaje y desaparición de la carpeta asfáltica por arrastre de agua.
El director del Centro SCT Baja California, Ernesto Aguilar Gándara, informó que se trabaja en construir las desviaciones, desalojo de azolves y movimiento de escombros.
En cuanto a la Transpeninsular, tras la crecida de arroyos, desde la tarde del martes 2 de octubre hay paso por esta vía, tras retirar el azolve con maquinaria.
En aproximadamente diez días, Comunicaciones y Transportes tendrá un estimado más certero del costo de los daños, por lo pronto se trabaja con recursos de conservación de caminos.
BALANCE POSITIVO: NIETO
Bajo la premisa de que “prevenir de más nunca estará de más”, Jaime Nieto de María y Campos, sostuvo que todo el despliegue humano y operativo en la fase de prevención mostró que las autoridades están preparadas y coordinadas.
La principal tarea de Protección Civil es la prevención, después la reacción y al final la recuperación. “Creo que se hizo muy bien, sacamos muchas enseñanzas”, declaró.
“Pensemos en el otro extremo, que tuviéramos un muerto y que como autoridad no hubiéramos avisado de una corrida de agua importante, sería omisión de nuestra parte con consecuencias legales”, complementó.


Hay quien reclama haber gastado en provisiones, pero ninguna autoridad sugirió que se hicieran compras de pánico, “sabíamos que (la tormenta)  iba a durar unas siete horas y luego volvería la normalidad”, insistió el funcionario.
Desde la delegación Baja California de la Comisión Nacional del Agua se difundió que los pronósticos más efectivos son los realizados 24 y 48 horas antes de los fenómenos, y que en todo momento se estuvo informando sobre la evolución de “Rosa”, desde que se elevó de categoría hasta degradarse y finalmente disiparse.
DECLARATORIA DE EMERGENCIA Y DESASTRE
El lunes 1 de octubre, cuando se esperaba el impacto de “Rosa” en el sur de Ensenada y San Felipe, la Secretaría de Gobernación emitió una declaratoria de emergencia para Ensenada y Mexicali, mediante la cual se activaron los recursos del Fondo para la Atención de

Emergencias, de acuerdo con el comunicado de Gobernación.
“A partir de esta Declaratoria, solicitada por el gobierno estatal, las autoridades contarán con recursos para atender las necesidades alimenticias, de abrigo y de salud de la población afectada”, precisó el comunicado oficial.
Al respecto, el secretario general de Gobierno, Francisco Rueda, declaró en Mexicali que la alerta se desactivó, pero lo más probable es que tras evaluar los daños, se emita una declaratoria de desastre y se bajen más recursos.

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