El abandono de Islas Marías

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Edición Impresa Lunes, 8 Octubre, 2018 01:00 PM

Tras el cambio de colonia penal federal a complejo penitenciario y una millonaria inversión en infraestructura, las Islas Marías palidecen como modelo de reinserción social. Convertida en la “isla de los hombres solos” alberga a 556 reos cuando su capacidad es para 5 mil 106. Todas las mujeres internas fueron trasladadas al Cefereso 16 de Morelos y los familiares devueltos a casa. El presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, desconoce qué va a pasar con la isla María Madre que podría convertirse en destino turístico. La académica Verónica Rivera Camacho califica de absurda la evacuación del presidio que hacía más llevaderas las penas privativas de libertad

De aquellas historias negras de inicios del siglo XX y de la presunción de un modelo exitoso de prisión abierta en el nuevo milenio, poco o nada queda. Hoy el Complejo Penitenciario Islas Marías luce subutilizado y gradualmente se prepara hacia un abandono que ninguna autoridad explica hasta el momento.

A pesar que algunas de las 332 prisiones del país son despresurizadas por el egreso de internos y una buena cantidad de detenidos ya no son encarcelados. 109 de los establecimientos penales aún padecen de sobrepoblación; es decir, casi el 33 por ciento. De ellos, 25 albergan a personas privadas de la libertad exclusivamente por delitos del fuero común, mientras que 84 tienen reos por ilícitos mixtos (fuero federal y común).

Según las últimas estadísticas del Sistema Penitenciario Nacional, al 31 de julio de 2018, el Complejo Penitenciario Islas Marías, con capacidad instalada para 5 mil 106 internos, apenas tiene 556 huéspedes. Lo que significa que mantiene una magra ocupación del 10.89 por ciento y el resto de las estancias se encuentran vacías.

El fenómeno no es nuevo. Presuntamente se trata de una política “pública” que no se ha transparentado y se encuentra en el sigilo. La población va disminuyendo mes con mes y no se sabe por qué. Las familias que había en el penal del archipiélago se desintegraron. Las cárceles de mujeres fueron cerradas y las reclusas reubicadas al continente, con todo y sus hijos.

Expertos estiman que el abandono de “María Madre” está relacionado con el decreto que desde 2001 destinó al conjunto de las Marías (Madre, Magdalena, Cléofas y el islote San Juanito) como Área Natural Protegida (ANP), Reserva de la Biósfera (RB) por sus ecosistemas frágiles que contienen una gran riqueza de flora y fauna silvestres. Además de ubicarse en una zona de reproducción de mamíferos marinos y corales.

No es un secreto que en poco más de un siglo de ocupación humana la isla del presidio fue devastada en sus recursos naturales, principalmente por la industria maderera. El momento histórico de la protección ambiental planteó la idea de abandonar la entonces Colonia Penal Federal en el sexenio de Vicente Fox Quesada. En 2002 fue enviada una comitiva para preparar el desalojo y el traslado de los presos a los reclusorios estatales y a sus familias a casa, pero el plan fue abortado en 2004.

 

A finales de la administración del presidente mexicano Felipe Calderón Hinojosa, no sólo se repobló la isla, sino que se dispuso la construcción de penales de cemento y rejas donde antes hubo campamentos. Dejó de ser Colonia Penal para convertirse en Complejo Penitenciario Islas Marías (CPIM).

CEFERESOS ISLEÑOS

Al iniciar su gestión como titular del Ejecutivo federal, en diciembre de 2006, Felipe Calderón encontró una Isla María Madre con 900 colonos y una capacidad para recibir hasta 2 mil 200. Con la guerra declarada contra la delincuencia organizada, los penales de las entidades federativas aumentaron ostensiblemente sus niveles de sobrepoblación y la crisis penitenciaria se agudizó.

Como parte de la estrategia para albergar a más prisioneros, abatir el hacinamiento y hacerse cargo de la custodia y manutención las personas privadas de la libertad por delitos del fuero federal, el Gobierno de la República, construyó nuevos centros federales de readaptación social (Ceferesos) en diversos estados.

El plan incluyó que se abandonara aquella romántica idea de la readaptación –hoy reinserción social- en la que los presos vivían con su esposa o concubina, y sus hijos, en un régimen de semilibertad en medio del Océano Pacífico, frente a las costas de Nayarit, y se construyeran también penales de concreto y celdas, con niveles de mínima, media y máxima seguridad como en el continente.

Entre 2009 y 2012 se materializó la obra.  La Desarrolladora de Casas del Noroeste, S.A. de C.V, fue la licitada con quien se firmó un contrato por la cantidad de 741 millones 640 mil pesos por el “incremento a la infraestructura, a los campamentos de la Colonia Penal Islas Marías y Etapa Uno de la construcción de estancias de segregación de internos de mediana y alta peligrosidad”.

De esa forma se incorporaron los nuevos Ceferesos que integran el Complejo Penitenciario Islas Marías bajo una dirección general, hecho que se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 3 de junio de 2011, por acuerdo 04/2011, firmado por el entonces Secretario de Seguridad Pública Federal. Dichos penales son:

* Centro Federal Femenil de Readaptación Social de Seguridad Mínima “Zacatal”, que nunca se terminó de construir, ni entró en funciones.

* Centro Federal Femenil de Readaptación Social “Rehilete”, con capacidad para 480 internas.

* Centro Federal de Readaptación Social de Mínima Seguridad “Aserradero”, para albergar a mil 295 presos.

* Centro Federal de Readaptación Social “Morelos”, con cupo para 2 mil 820 reos.

* Centro Federal de Readaptación Social “Bugambilias”, para mil 55 personas privadas de libertad.

* Centro Federal de Readaptación Social de Seguridad Máxima “Laguna del Toro”, con capacidad para 2 mil 390 internos peligrosos.

La capacidad instalada se fijó en 8 mil 40 espacios. Tan solo en ese año de 2011 la población llegó a los 7 mil 973 reclusos. Se realizaron traslados masivos de los penales estatales, la mayoría contra la voluntad de los privados de libertad. Muchos de los afectados interpusieron juicios de amparo y ganaron su regreso a la cárcel de origen. Un año antes, el Consejo de la Judicatura de la Federación había instalado el “Juzgado de Distrito del Complejo Penitenciario Islas Marías y Auxiliar en toda la República”.

 

REVERSA AL BARCO

Sin duda que las cosas cambiaron, no sólo para los reos, a quienes se les acabó el régimen de semilibertad. Eran muy pocos los que aún disfrutaban de esa modalidad y seguían con familia en la Isla María Madre. Cambió también para el gobierno que concesionó múltiples servicios a la empresa que es proveedora de la mayoría de las prisiones del país: La Cosmopolitana, S.A. de C.V., que no sólo prepara alimentos, hace fontanería, reparaciones de electricidad y convierte a trabajadores administrativos en custodios, también transporta servidores públicos en taxi acuático.

Isla Madre, Islas Marias

Todavía antes de junio de 2012 el personal dependiente del Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social (OADPRS) era transportado sin costo para la Secretaría de Seguridad Pública mediante las embarcaciones Maya, Álvarez, Barrera y Santos, pertenecientes a la Secretaría de Marina (SEMAR) con capacidad para 100 a 120 personas.

Después de esa fecha, La Cosmopolitana se llevaba más de 50 millones de pesos al año, derivados del contrato abierto plurianual por concepto de pasaje en la transportación de personal. Los familiares de los isleños ingresan y egresan semanalmente en un buque de la Armada de México hasta para 200 pasajeros.

Un motín de grandes proporciones, el 2 de febrero de 2013, dio la bienvenida a Enrique Peña Nieto, con apenas dos meses en el cargo de presidente de México. El Cefereso de máxima seguridad “Laguna del Toro” reventó, luego de que los presos no soportaron los malos tratos y segregación a algunos de sus compañeros. Prendieron fuego con combustible en colchones, lesionaron a custodios y se fugaron al monte. Uno de los celadores murió en el Centro Médico del IMSS en Guadalajara y 32 reos y ocho servidores públicos resultaron heridos.

La tensión se había acumulado de meses, pues a los internos no les suministraban los servicios de luz eléctrica, agua corriente para los baños e higiene personal. Así como tampoco les dotaban de agua suficiente para consumo humano; no se les brindaba atención médica cuando la requerían, no les permitían tener actividades laborales, educativas, de recreación y físicas. En cuanto a los alimentos, éstos no reunían las características de calidad, cantidad e higiene; la empresa multiconcesionaria no fue sancionada.

Otra estocada al nuevo modelo carcelario de Islas Marías ocurrió en mayo de 2015 cuando la Coordinación General de Centros Federales de Readaptación Social informó del cambio de capacidad de diversos Ceferesos a los que les fue aumentado el aforo. Contrario al complejo del Océano Pacífico, que de 8 mil 40 espacios bajó a sólo 5 mil 556. Para entonces la población presa había disminuido a mil 972 reos.

El traslado de internos continuó hacia penales estatales y en octubre de 2016 se conoció del cierre definitivo del flamante Cefereso Femenil “Rehilete” que tanto dinero costó unos años antes. Se había inaugurado el Centro Federal Femenil de Readaptación Social número 16 CPS Morelos, en Coatlán del Río, a donde fueron trasladadas todas las mujeres que estaban privadas de la libertad en el archipiélago, con excepción de una veintena que recibía atención médica y estaba en calidad de depósito en hospitales de Mazatlán, Sinaloa.

Ahí se marcó el regreso de los últimos niños que vivieron en la isla y una nueva capacidad del complejo penitenciario que quedó para 5 mil 106 reclusos, aunque ya sólo había como mil.

El descenso gradual, a veces de 20, 30 y hasta 40 reos cada mes, tiene la población actual en 556 hombres, la mayoría en “Laguna del Toro” y Cefereso “Morelos”. El 89.11 por ciento de la capacidad total de espacios está desocupada. Al respecto, el 2 de marzo del año en curso, el entonces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, informó en redes sociales que en una reunión que tuvo con empresarios de Nayarit se habló del tema para darle un mejor uso a las Islas Marías.

El presidente electo, López Obrador, dijo en esa fecha: “Se habló de convertirlas en un penal ejemplar para la readaptación, mediante el trabajo, la educación y la cultura de los reclusos, o también dedicarlas al desarrollo turístico. En su momento resolveremos sobre lo que más convenga al interés general”.

 

ABSURDO ABANDONO

La doctora Verónica Rivera Camacho, docente del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara (UdeG), quien fue servidora pública por casi dos décadas en los sistemas penitenciario y post-penitenciario de Jalisco, atendió muchos años a quienes estuvieron internados en las Islas Marías y fueron enviados de reclusorios o centros de reinserción locales, con su familia, porque sus penas iban a ser muy largas. A su regreso, conoció de viva voz sus historias.

Recuerda con agrado los casos en los que se obtenían resultados positivos. “Don José Luis, estuvo preso por el delito de homicidio, y me platicó que cuando llegó, el régimen de tratamiento que tuvo allá fue de trabajar. Laboró desde abajo, independientemente de la capacitación, oficio o profesión que hubiese desempeñado en libertad antes de cometer el delito; siempre se iniciaba desde el trabajo más difícil. Era un régimen progresivo técnico, tal y como lo mencionaba la Ley de Normas Mínimas. En ese régimen ellos, conforme iban avanzando y con el buen comportamiento los iban trasladando o cambiando de trabajo hasta obtener uno en las propias oficinas de gobierno apoyando ahí a los abogados, a los psicólogos o demás personal”.

“La forma de vida que tenían ellos ahí era óptima porque ellos vivían en campamentos. En cada campamento, ellos podían tener a su familia y aunque era un régimen disciplinario, porque no hacían lo que querían, sino que se tenían que sujetar a una serie de actividades rigurosas como era trabajar, ir a la escuela, realizar artesanías y mantenerse todos los tiempos ocupados. Sin embargo, era como vivir en un pueblito con la familia. Hubo quienes en las propias islas encontraron el amor y se casaron con alguien con quien no llegaron”, expresó la académica. Aquí el resto de la entrevista:

¿Realmente era una prisión modelo en el viejo esquema de colonia penal federal o sólo un planteamiento romántico del penitenciarismo mexicano?

“Cuando estos colonos, como se les llamaba, egresaban por obtener un beneficio de libertad anticipada y se reportaban en las oficinas en las entidades federativas para cumplir con las condicionantes de ley, eran las mejores personas que teníamos en cumplimiento, porque ellos ya tenían una disciplina como cualquiera de las personas libres. Se levantaban temprano, se bañaban, desayunaban y salían de casa a trabajar, después a la escuela y otras actividades educo-formativas dentro de la isla. No nos costaba trabajo recomendarlos a una empresa para que les dieran empleo, porque esas personas ya estaban acostumbradas y si lograban reinsertarse socialmente. Allá no había problemas de contaminación, como consumo de drogas, ni régimen de los llamados autogobierno, entonces se lograban realmente características de lo pretendido -teórica u utópicamente- que es la reinserción social”.

¿Qué diferencia había entre estar preso en un reclusorio o en la isla?

“Otro liberado, Don Julio, se dedicaba a pintar. Él había sido trabajador federal en un museo y creo que por ahí se perdieron unas piezas y entonces le fincaron el delito de robo. Fue a parar a las Islas Marías, e igual que a José Luis, no le tomaron en cuenta la preparación que tenía y tuvo que empezar a trabajar desde abajo, hasta finalmente laborar en las oficinas de gobierno. Dice que él, ya estando ahí, después de tantos años de estar purgando su pena, ya no quería salir. Se quería quedar en la isla a vivir, pero como toda pena tiene que terminar tiene que egresar, es una prisión. Al final, Don Julio y José Luis no sentían que estuvieran en la cárcel, por el régimen tan bondadoso que es el progresivo técnico en su máxima expresión.

“El viejo sistema de las islas tenía sus ventajas, que no se tiene en un centro penitenciario porque en éste último finalmente se vive en celdas, mientras que allá vivían en una casita o búngalo con la familia. Los niños podían estar hasta determinada edad con sus papás o cuando terminaban la secundaria tenían que regresar al continente y venía el desprendimiento de la familia. Ya era parte de la normalidad que ellos tenían y el padre o la madre, seguirían cumpliendo una pena, con la esperanza de verlos en la semana que los iban a visitar, porque la visita familiar se tenía que quedar toda una semana y después se tenía que retirar, para volver en seis meses o un año”.

Hoy se está abandonando la Isla María Madre. Están trasladando a las personas privadas de la libertad hacia el continente. Parece que ya no será complejo penitenciario porque es un área natural protegida, reserva de la biósfera. ¿Qué opina?

“Efectivamente me comentaban los liberados que fueron colonos que había mucha fauna y vegetación. Incluso comían y trabajaban de lo mismo que había en la isla. Había un campamento aserradero porque había muchos árboles, un campamento pesquero, otro con vocación agrícola y había manera de que esa cárcel fuese autosustentable. Por razones o fines políticos, cambia la perspectiva de la prisión, y en vez de ser una colonia penal federal se convierte en prisiones de mínima, mediana y máxima seguridad.

Ahí cambia todo el contexto, de hecho, los internos se inconformaron por esa situación porque les modificaron su forma de vida. De estar viendo la luz, el sol, la naturaleza. Para mí es desgastante hacer entender a los políticos que la reinserción social sí se puede lograr con herramientas, actividades y la vida que se tenía en la colonia penal. Y el hecho de que la hayan cambiado a estructuras de concreto como las que conocemos en El Altiplano, Puente Grande u otros Ceferesos, lo único que trae por consecuencia es que no creamos en la reinserción social. Tan no creen que está cambiando un modelo generoso por un régimen rígido y menos flexible, lo que no abona a una efectiva reinserción de los sentenciados”.

Se dice que podría ser abandonada la prisión del archipiélago o ser destinada como punto de interés turístico…

“El hecho de que quede sola la isla creo que será un desperdicio. Sí lo van a convertir en destino turístico entonces no estarán protegiendo la isla ni su naturaleza ¿no? Al contrario, se la van a acabar. Si fuera por protegerla entonces déjenla abandonada y al olvido para que se recupere con el tiempo como en su momento estuvo. Sin embargo, yo me pronuncio por que regrese la colonia penal como llegó a ser.

¿Qué va a pasar con esas moles de concreto?

“Las personas que estén ahí privadas de la libertad, como en su momento lo estuvieron, en semilibertad, obligadas a trabajar podrían reforestar y regenerar el medio ambiente. No fue su culpa. Quienes dirigieron esta colonia penal no pensaron que los recursos naturales se iban a acabar y aquí están las consecuencias. Yo me pronuncio por que se abandone y se cuide o regrese la colonia penal”.

Para quienes siguen presos ahí, esos poco más de 500, en la “isla de los hombres solos”, ¿qué tanto les perjudica estar lejos de casa y no recibir visita frecuente de sus seres queridos?

“Tan simple y sencillo como que ya no se está cumpliendo con el fin de la pena, que es la reinserción social que señala el artículo 18 constitucional. Mandar o tener personas allá sin visitas sería anticonstitucional, porque entonces a los que deberían enviar allá a manera de relegación es a personas sentenciadas por delitos como delincuencia organizada, secuestro, tratantes de personas, homicidas peligrosos, bueno los que se menciona en el segundo párrafo del Artículo 19 constitucional. Así valdría la pena, pero no para quien se porta bien y tiene un perfil de persona útil, porque nadie se puede reinsertar si no se tiene contacto con el exterior”.

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