De cómo llegamos al estado democrático (Segunda parte)

Foto: Internet/Coliseo de Roma
 
Opinionez Lunes, 15 Octubre, 2018 12:05 PM

De las ciudades estado pasamos al surgimiento de los imperios, lo que implicó grandes procesos globalizadores que generaron enormes redes de comunicación entre seres humanos de distintas latitudes, culturas y creencias. Esto implicó la flexibilización del estado teocrático, que aunque las autoridades políticas seguían legitimadas por una religión, humanos de diferentes religiones podían convivir y cooperar, no exentos de dificultades y represiones cíclicas, para lograr propósitos comunes. De esta forma, la ficción del derecho se sofistica y la ley incrementa su importancia como amalgama civilizatoria.

En todo caso, estamos hablando de nociones de estado primitivo. Es en el seno de esos imperios y de las redes humanas que se generan en ellos, que surgen las grandes religiones que buscan la universalidad del pensamiento religioso. En Asia, el budismo; en el imperio romano dividido, las monoteístas; cristiana e islámica derivadas del judaísmo, generan ímpetus religiosos expansionistas y globalizadores que mediante la violencia y la evangelización se masifican y empoderan como nuevas versiones teocráticas de estado.

Con la caída del imperio romano, en su vasto territorio, se multiplican los reinos, que, en todos los casos, son teocracias cristianas o islámicas. La edad media es un largo periodo de más de mil años que nos aproxima de forma dilatada al concepto moderno de estado. La mayor parte de las funciones que el estado moderno ejerce durante la edad media, se encontraban repartidas: la iglesia; el noble poseedor de tierras, y en los hechos, de vidas humanas, que gobernaba con enormes márgenes de autonomía. Los caballeros, que dirigían ejércitos en esa época de altos niveles de conflagración. Las ciudades asociadas a reinos, pero con estamentos de autonomía particulares y distintos privilegios que se otorgaban a título personal.

Esta situación configuró reinos endeudados, vendedores de inmunidades, que trasladaban significativamente los derechos de superioridad de los reyes a depositarios privados quienes se constituyen en poderes autónomos, que fungían como intermediarios entre la población y el poder central. Es decir, las funciones que al estado primitivo se le reconocen, durante el medievo, pasaron a manos privadas.

Valga pues decir, que en la edad media no existía, en los hechos, un poder centralizado ni un orden jurídico unitario, elementos fundamentales que definen al estado moderno del que solo se puede hablar, a partir del proceso unificador de las naciones, en torno al absolutismo monárquico, etapa conocida como el renacimiento.

Es a partir del éxito civilizatorio renacentista, que a la idea del estado se le asocia a una unidad de poder infinita, sobre un territorio determinado; con un solo orden jurídico; una jerarquía burocrática; un ejército de carrera, pagado y permanente y; un reglamentado sistema impositivo que genera ordenadamente recursos económicos para el sostenimiento de la nómina gubernamental y los servicios públicos.

El nacimiento del estado moderno generó un régimen en el que los medios reales de poder, gobierno y dominio, que hasta entonces fueron compartidos con los señores feudales, la iglesia, los caballeros, algunas ciudades y sujetos privilegiados, fueron expropiados en favor del monarca absoluto, primero, y del gobierno representativo más tarde. Con el triunfo de las doctrinas democráticas-liberales del siglo XVIII, esta traslación de poder, gobierno y dominio, a una representación social es fundamental para entender la construcción del régimen democrático moderno, pues, implicó reconocer que la soberanía recae en el pueblo y no en una persona ungida por el poder divino.

 

Jesús Alejandro Ruiz Uribe es Doctor en Derecho Constitucional, ex diputado local, rector del Centro Universitario de Tijuana en el estado de Sonora y coordinador estatal de Ciudadanos Construyendo el Cambio, A.C. Correo: [email protected]

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