Ciegos y sordos

Foto: Internet
 
Sortilegioz Lunes, 29 Octubre, 2018 12:00 PM

El video dura apenas dos minutos. Está editado, por cierto. Sólo para hacerlo más corto no en su contenido, tampoco en la secuencia de imágenes.

Lo tomó el editor de ZETA, Isaí Lara Bermúdez el domingo 21 de octubre, cuando cubría periodísticamente la visita del joven Marko Cortés, quien desde la burbuja política de Ricardo Anaya, aspira a convertirse en líder nacional del PAN. Y lo más seguro es que lo logre en un partido que ha perdido todo: política, ideología, elecciones y la Presidencia de la República.

Oficialista y con los padrones del Partido Acción Nacional a su favor en los estados, Marko Cortés se dejó querer por los gobernantes de Baja California, quienes se encargaron, con aparato gubernamental a su servicio, de organizar la gira del aspirante panista. Fue en las instalaciones de Acción Nacional en Tijuana, y ahí tomó el video el reportero de ZETA.

Lo que se aprecia en las imágenes indigna. Durante los dos minutos de videograbación, se escucha a Lara dirigirse al alcalde, así, por ese apelativo, “alcalde”, y al receptor del mensaje frustrado, Juan Manuel Gastélum Buenrostro, se le ve ignorando al periodista.

Es tal su negativa a responder siquiera con un #NoHaréComentarios, que hasta da la impresión de estar sordo. “El Patas”, como le gusta que le llamen, ignora de manera sistemática al reportero de ZETA. No lo escucha, no le da el frente, ni siquiera lo mira. No se molesta en pedirle que no lo aborde, porque simple y sencillamente, no lo ve.

Se remite a ir de saludo en saludo, protegido por sus escoltas que en ocasiones cierran el paso al reportero. Gastélum se toma fotos con panistas, acelera el paso y sigue ignorando al comunicador. Seguramente lo escucha, sabemos que no está sordo aunque lo parezca o lo quiera aparentar, pero no le dio la gana responder, mucho menos pensó que es el alcalde de todos y un servidor público.

La sordera del panista asusta porque no es el comportamiento que se espera de un funcionario público curtido en la política, como él se asume. No escuchar a los periodistas que le llaman, alarma porque refleja una intolerancia que no se esperaría de ningún alcalde en ninguna ciudad. La intolerancia a la pregunta expresa, es una nueva conducta en Gastélum Buenrostro.

Su personalidad simplona lo ha llevado a ser dicharachero con la sociedad y con la prensa, y responder con una conseja popular, una broma, un dicho o una frase hecha, cuando lo que pretende es salir delante en una situación incómoda. Pero mantener un soberbio silencio y una indiferencia aguda sobre el reportero, sí es nuevo en él. Es terrible, además. La clase política no debe permanecer con los oídos tapados a la pregunta ciudadana o periodística, ni con la sensibilidad a flor personal cuando de la crítica institucional se trata.

Muy amigo del gobernador “Kiko” -como también le gusta que le digan- Vega de Lamadrid, Juan Manuel Gastélum había tomado distancia de éste en cuanto a sus relaciones públicas y comunicacionales se refiere. Contrario al mandatario estatal, el de Tijuana no regateaba preguntaba ni saludo. Pero eso, se aprecia en el video, quedó en el pasado.

Es lamentable porque “El Patas” cerró, al menos ese día, la comunicación con un medio informativo. Le hizo como en su momento Carlos Salinas a los perredistas: ni los vio, ni los escuchó.

Le hizo al sordo y al ciego. Y en términos políticos, hacerse el sordo y el ciego no lo lleva directo a la reelección, cuanto más lo acerca a presentarse como un servidor público intolerante, sin sentido social y sin respeto a la libre expresión.

Es la tónica de este oleaje de funcionarios del Partido Acción Nacional en Baja California. Ni ven, ni escuchan. Están ciegos y están sordos. No son transparentes ni con la información pública, lo mismo en el Gobierno del Estado que en la alcaldía, o incluso en el Congreso estatal, donde la información se niega, se otorga a cuentagotas, se oculta con la clasificación de seguridad. Se niega sistemáticamente y, cuando han de entregarla, levantan una nueva serie de obstáculos, como cobrar millones de pesos en copias para no entregarla.

Ya ni Informes de Gobierno presentan. Se quedaron en la opacidad. Vega, según por ahorrar, cuando la realidad es que pocas buenas acciones tiene para informar, y este año le siguió Gastélum: se fue por la vía corta para no informar a sus ciudadanos lo que ocurre.

Hace unos días, en el periódico Reforma de la Ciudad de México acusaron censura. Relataron cómo en una conferencia de prensa de Rosario Robles, señalada periodísticamente y por la Auditoría Superior de la Federación, de desviar miles de millones de pesos, cuando le pasaron las preguntas de los reporteros, claramente ordenó: “Reforma no”. Juan Manuel Gastélum ni eso. Simple y llanamente ignoró al reportero. No le mereció ni una mirada, ni un “por ahora no”, ni un “estoy en un acto partidista”, nada.

Vega de Lamadrid nos ha dicho, nos ha mandado decir, que no dará una entrevista a ZETA. Al tiempo que su director de Comunicación se quejó primero de “percibir una línea editorial agresiva hacia el gobernador”, y después canceló la publicidad.

La censura a los medios se da de muchas formas, negando información, ocultándola, negando entrevistas, ignorando a los reporteros, huyendo de las cámaras, presionando socialmente, cancelando publicidad y, en Baja California, con los gobiernos del PAN, las utilizan todas. Cada uno a su manera, en su dimensión y en su modo de accionar, pero los panistas en la entidad, donde habrá elecciones en 2019, cada vez están más sordos, más ciegos.

¿Quién votará por ellos?

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