Arroyo Ensenada, entre basura e indigentes

Fotos: Enrique Botello
 
Edición Impresa Lunes, 1 Octubre, 2018 01:00 PM

Aguas residuales y un cauce cada vez más estrecho, implican un riesgo de inundaciones, así como en la salud y el tejido social. Grupo ciudadano se ha organizado para impulsar la limpieza del arroyo y la creación de un parque lineal

 

Miles de metros cúbicos de arena, escombro, basura, maleza y aguas residuales, así como falta de bordos e invasiones al derecho de vía, hacen del Arroyo Ensenada una bomba de tiempo ante el pronóstico de lluvias a causa del fenómeno meteorológico “El Niño” y una tormenta invernal con periodo de retorno de 40 años, de acuerdo con datos recabados por la asociación Encuentro Ribera Ensenada.

Conformada hace apenas dos meses, el 19 de septiembre, la asociación civil presentó a autoridades de los tres niveles de gobierno un diagnóstico de los arroyos Ensenada y Cañón de Doña Petra, señalando la urgente necesidad de actuar para evitar inundaciones y que todo desecho llegue a la rada portuaria.

Con trabajo de campo, revisión documental, histórica y tras varios recorridos, uno de éstos en conjunto con ZETA, la asociación calculó que sumando los escurrimientos del Cañón de Doña Petra y El Aguajito con la tormenta invernal, el Arroyo Ensenada tendrá un flujo de 103 metros cúbicos.

Lo anterior arrastraría los 124 mil metros cúbicos de arena, escombro, basura y maleza, además de aguas negras y estancadas, poniendo en riesgo ambiental al puerto y su bandera verde, ya que todo iría a parar precisamente a la rada portuaria.

Inclusive le pusieron costo a la limpieza: retirar cada metro cúbico de desechos en seco y trasladarlo 10 kilómetros cuesta 60 pesos, es decir, 7.5 millones de pesos; ya mojado, el dragado por metro cúbico costaría 600 pesos (aproximadamente 75 millones de pesos en total).

Durante la reunión, celebrada a puerta cerrada en las instalaciones de Administración Portuaria Integral (API) del puerto, de manera implícita los integrantes de Encuentro Ribera pusieron de manifiesto la negligencia y omisión de los actores gubernamentales en torno al Arroyo Ensenada y los potenciales efectos negativos que traería una copiosa temporada de lluvias.

No obstante, pese a señalar la urgente necesidad de atender la problemática, ninguna autoridad se comprometió a realizar limpieza o llevar a cabo acciones de ordenamiento; tampoco hubo declaraciones a la prensa ni responsabilidades asumidas.

El acuerdo fue sostener reuniones de trabajo cada martes en la sede de la API, con el propósito de que “entendamos la magnitud del problema, para que cada quien empiece a hacer su tarea”, declaró días después del evento, el arquitecto Manuel Lastra Rivera, presidente de la asociación civil.

 

CAÓTICO DIAGNÓSTICO

El viernes 21 de septiembre, Encuentro Ribera Ensenada presentó ante los medios de comunicación el diagnóstico completo del Arroyo Ensenada y, un día después, ZETA recorrió el sitio, desde el Bulevar Costero hasta la unión entre el citado arroyo y el del Cañón de Doña Petra, entre Alisos y Ámbar, para constatar lo expuesto.

Datos recabados por la asociación indican que en 1939, el Arroyo Ensenada apareció en un plano oficial, firmado por el entonces gobernador del Territorio Norte de Baja California, que se basó en los trazos de 1887 de la extinta Compañía Mexicana Internacional Colonizadora.

Su cauce original desembocaba 600 metros al noroeste (Macheros y Bulevar Costero) de su posición actual y, como lo señala el Atlas de Riesgos Naturales, desembocaba en el humedal denominado El Bajío y hace una referencia que demuestra lo cíclico y periodicidad de 40 de las tormentas que provocan grandes inundaciones.

Según el Atlas de Riesgo, “… la marea de tormenta no permitía la desembocadura del Arroyo Ensenada en el año 1935, pero en el año 1978 se debió a que se desvió hacia el sur la desembocadura del Arroyo Ensenada, originalmente al noroeste de la rada portuaria, y al construirse la calle Primera sobre la duna, entonces se formó un dique artificial que no permite a la Zona de El Bajío que el agua circule al sur hacia el Arroyo Ensenada. En consecuencia, esto no podrá repararse, pero sí prevenir más daños a través de la construcción de un pluvial y bombeo más eficientes”.

Jaime García Toscano, técnico de Encuentro Ribera, además de profesor de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y participante en la elaboración del Atlas de Riesgo de Ensenada en 2012, reveló que en 1942, Leandro Rovirosa, estudiante de Ingeniería Civil, hizo su tesis sobre el Arroyo de Ensenada, en la que estableció que éste debía tener una cuenca de 100 metros de ancho.

Sin embargo, en la actualidad no es tal. Hay secciones donde el ancho es de apenas 19 metros, sin bordos, lleno de basura y escombro.

“Si hubiésemos obedecido a Leandro Rovirosa tendríamos en una sección de 100 metros la altura que alcanzaría el arroyo (con flujo de agua) sería de un metro, es obvio que si la reducimos a 50 metros, serían dos metros de altura y, si le seguimos reduciendo, ya encontraron ustedes la proporción”, expuso García Toscano.

Sobre la tormenta con periodo de retorno de 40 años, se tiene registro que en 1935 se presentó un evento fuerte; en 1978 ocurrió la temporada más abundante que generó inundaciones y muertes en la ciudad y, justo en 2018 se cumplen 40 años y existe pronóstico de “Niño”.

La diferencia es que en 1978, el Arroyo Ensenada estaba liberado y ahora se encuentra completamente azolvado. A lo anterior hay que sumar que el espigón de la rada portuaria servirá como freno al flujo de agua. Si hay freno, marea alta y marea de tormenta, el mismo espigón impedirá el desalojo del flujo del Arroyo Ensenada, provocando un desbordamiento por los vados.

En suma, “hemos incrementando nuestra vulnerabilidad y es lo que le estamos diciendo a la comunidad, autoridades y medios de comunicación: la naturaleza va a reconocer siempre su camino”, advirtió el especialista.

 

NIDO DE PERSONAS SIN HOGAR

Junto con Manuel Lastra y Jaime García Toscano, ZETA realizó un recorrido de 3.5 kilómetros sobre el arroyo, de los 4.6 que abarca desde el Bulevar Costero hasta la cortina de la Presa “Emilio López Zamora”, pasando por nueve de los once puentes.

Desde el puente del Bulevar Costero se puede observar a las personas que viven debajo, en la inmundicia, entre drogadictos e indigentes que aprovechan para hacer cuevas y vivir entre los desechos.

De acuerdo con los integrantes de la asociación, existen personas que llevan viviendo hasta tres años en el lugar, dedicándose al reciclaje de basura, la mendicidad; algunos incluso delinquen para conseguir drogas.

Calculan que entre 150 y 500 personas “han conjuntado un foco delincuencial que provoca problemas de seguridad a los habitantes, transeúntes y a las viviendas colindantes, así como problemas de salud pública no sólo por la farmacodependencia, sino por haber convertido al arroyo en su sanitario y almacén de basura, que aunado al escurrimiento permanente de aguas residuales de la planta de tratamiento del fraccionamiento Los Encinos y a las descargas clandestinas y sus respectivos encharcamientos, son ya el mayor foco de insalubridad de la ciudad (vectores de salud) y del mismo puerto de Ensenada”.

Las cifras de la Policía Municipal son otras: de acuerdo al subdirector operativo de la Dirección de Seguridad Pública Municipal, Juan Francisco Chávez Ibarra, se ha detectado una población flotante  de entre 50 y 60 personas que pernoctan en los puentes ubicados sobre el Arroyo Ensenada -Bulevar Costero, calles Primera, Segunda, Cuarta, Quinta y Novena-, en el de la calle Once y en Arroyo El Gallo.

De agosto de 2017 a septiembre de 2018, el Ayuntamiento ha canalizado a 413 personas en situación de calle para brindarles atención especializada en casas hogar y centros de rehabilitación, según la misma fuente oficial. Pero más allá del número, la realidad está a la vista.

Además de las personas sin hogar y la basura, durante el recorrido se constató la falta de bordos en gran parte del arroyo, invasión en el derecho de vía y casi hasta el cauce, como el edificio del Partido de la Revolución Democrática, entre Cuarta y Juárez. Los encharcamientos de aguas residuales son tales que en algunos sitios hay garzas y patos.

Pero el mayor ejemplo de lo que sucede en el arroyo es bajo el puente de la calle Once. En el sitio se conjugan todas las problemáticas detectadas: indigentes que viven allí desde hace tres años, drogadictos, basura, aguas negras estancadas, maleza, vectores de salud, sección del arroyo disminuida, encharcamientos pantanosos de aguas residuales y negras, sin bordo de arroyo ni malla y derechos de vía ocupados.

Entre el martes y sábado de la semana anterior, cuando se presentó el proyecto y se realizó el recorrido, las personas que vivían bajo el puente de la calle Once fueron retiradas.

Encuentro Ribera Ensenada considera que se deben resolver diez puntos: la problemática social y humana de centenares  indigentes; estudio de vulnerabilidad de los puentes; proyecto y obras urbanas y ambientales; fomento de la cultura ambiental; saneamiento y disminución de vectores de salud y eliminación de escurrimientos de aguas residuales y negras; generar conciencia social y gubernamental para mitigar el riesgo de inundación; rescate de bordos y derechos de vía; obras de mitigación de riesgos de inundación; obras y actividades ambientales y turísticas como paseos, ciclovía, marina; y por último, obras para mitigar azolves en puerto como desarenadores en el arroyo.

 

PROPUESTA DE PARQUE LINEAL

Derivado del diagnóstico y ante la falta de áreas verdes en la ciudad, con una  visión social, urbana y de riesgos, Encuentro Ribera Ensenada impulsa un proyecto de parque lineal sobre el arroyo, incluyendo áreas de protección, descanso, paseo, entretenimiento familiar, áreas verdes con vegetación nativa de la región, zona infantil, andadores, ciclovía y módulos comerciales a lo largo del trayecto.

En una ciudad con 1.7 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, muy por debajo del promedio nacional (5 metros cuadrados), cuando lo recomendable por la Organización Mundial de la Salud es 9 metros cuadrados, contar que un parque lineal proporcionará no sólo una mejoría en la imagen de la zona turística del puerto, sino que será un atractivo más para el esparcimiento de las familias.

Tras reconocer que se trata de un proyecto a largo plazo, de nuestra ciudad, Manuel Lastra, miembro de la asociación civil, expresó que los integrantes de la misma –aproximadamente 90- están trabajando en el anteproyecto, destinando recursos propios.

En el mismo sentido, César Mancillas, ex alcalde de Ensenada, dio a conocer que se está haciendo levantamiento topográfico y, una vez que se cuente con un proyecto ejecutivo, se llevará al Congreso para tratar de conseguir recursos.

Tras insistir en que tanto la Comisión Nacional del Agua como la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, Gobierno del Estado de Baja California y el Municipio tienen responsabilidad en el tema del arroyo, Mancillas indicó que la asociación no quiere presionar, sino colaborar, ya que es urgente tomar cartas en el asunto.

Lizeth Rolan, otra de las integrantes de la asociación, se pronunció por cambiar la noción que tienen los ciudadanos del Arroyo Ensenada: dejar de verlo como un tiradero, inseguro y una zona que fracciona, para considerarlo un área que fomente el tejido social, el deporte y la recreación.

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