Tijuana, en riesgo por “Niño” lluvioso

Fotos: Enrique Botello
 
Edición Impresa Lunes, 10 Septiembre, 2018 01:00 PM

De haber precipitación repartida a lo largo de los siguientes meses, no se avizora gran problema, pero si se concentra en uno o dos meses, Tijuana mostrará su vulnerabilidad, advierte el doctor Edgar Pavía, director de la División de Oceanología del Cicese

Aunque no hay un pronóstico firme, la temporada de lluvias 2018-2019 se espera por encima del promedio y una alta probabilidad de que se presente el fenómeno del “Niño”, evidenciando la vulnerabilidad de Tijuana, de acuerdo con el doctor Edgar Pavía, director de la División de Oceanología del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese)

Cuestionado sobre las recientes declaraciones del director de Protección Civil del Estado, Antonio Rosquillas, sobre una posible temporada copiosa de lluvia, respondió que de haber lluvia repartida a lo largo de los siguientes meses, no se avizora gran problema, pero si la precipitación se concentra en uno o dos meses, Tijuana mostrará su vulnerabilidad.

“Con el hecho de tener un pronóstico de precipitación por arriba de lo normal y sabiendo lo vulnerable que es Tijuana, sí hay que tratar de hacer lo más posible (en materia de protección civil), Tijuana no tiene hueso, no tiene piedra, todo es tierra”, alertó.

Entrevistado en su oficina, el investigador precisó que aun cuando el pronóstico de precipitaciones se elabora en septiembre, para la temporada de lluvias en esta región (octubre-febrero) se espera “Niño”. La probabilidad de que ocurra este fenómeno es del 70 por ciento, y de que sea lluvioso es dos de tres, complementó.

Actualmente dicha probabilidad “es un volado”, pero si hubiera que apostar,  el investigador se inclinaría por la presencia de un “Niño lluvioso”.

 

“EL NIÑO”, GENERALMENTE ASOCIADO CON LLUVIA

Pavía López recordó que hace años los investigadores encontraron que esta región del Pacífico está muy influenciada por el llamado fenómeno del “Niño”, y que dos de tres veces que se presenta, llueve arriba de lo normal.

Nuestra región atraviesa por una sequía en el sentido estricto de la palabra; parece que cuando eso ocurre, la relación “Niño”-lluvia se debilita. Como ejemplo, durante “El Niño” de 2015-2016 no llovió lo esperado (201 milímetros; el promedio anual en Ensenada es de 250), pero el siguiente año fue “Niña” (generalmente asociado con sequía) y llovió arriba de lo normal (315 milímetros).

Para ahondar en los fenómenos de “El Niño” y “La Niña”, ZETA consultó al meteorólogo del Cicese, Santiago Higareda, quien explicó que ambos son originarios de Perú y están asociados con corrientes marinas.

En las costas de Perú tienen temperaturas frescas, “como las de esta parte del Pacífico, pero a mediados del siglo pasado hubo años que la corriente se calentó, al pasar de entre 17 y 18 grados hasta los 25 o 27, lo que provocó mortandad de peces”, señaló.

Para reducir los efectos del cambio climático

 Desde la óptica del doctor Edgar Pavía, no se han tomado las medidas suficientes para detener el cambio climático.

Su propuesta es reducir los gases de invernadero y reducir el consumo de lo que requiere energía. Una de las medidas es utilizar paneles solares, tal como lo hace el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada en los techos de varios de sus edificios; también recomienda usar menos los automóviles, con el fin de reducir la huella de carbono.

Bañarse más rápido, usar bicicleta, caminar, mejorar el transporte público y hacer más eficientes las empresas, son otras de las sugerencias del investigador.

Científicos de Estados Unidos comenzaron a investigar y encontraron que cada cuatro o cinco años, en diciembre, se presentaba una corriente marina caliente, a la que llamaron “El Niño”, en alusión al “Niño Dios”.

Luego entonces, cuando las costas del Pacífico se calientan se le llama “Niño” y cuando están frescas, en condiciones normales, se le conoce como “Niña”.

Así, “El Niño” está asociado con más lluvias y durante “La Niña” se acentúa

la sequía. Pero también hay años neutros que pueden ser lluviosos o secos.

Aproximadamente desde 1950 se han contabilizado unos diez “niños”, de los cuales ocho sí arrojaron más lluvia y dos no se apegaron al modelo. Por el contrario, la mayoría de las “niñas” fueron secas.

Higareda respaldó lo dicho por el doctor Pavía en el sentido de que en 2015 se esperaba un “Niño” muy fuerte, la temporada empezó bien, pero alrededor del 10 de diciembre se cortó y no se alcanzó el promedio.

EVIDENCIA APUNTA AL CAMBIO CLIMÁTICO

“Toda la evidencia científica, objetiva que tenemos apunta a un cambio climático, al calentamiento global provocado principalmente por los gases de invernadero en la atmósfera”, apuntó el doctor Pavía López.

Expuso que lo que regula el calentamiento de la atmósfera es el océano y hay que tomarlo más en cuenta, ya que pequeños cambios como un grado más de temperatura significan mucho para provocar que disminuyan las capas de hielo en el Antártico.

Por su parte, Higareda comentó que ahora con el cambio climático es un “desbarajuste”. Por ejemplo, en diciembre de 2017 parecía estar en verano y las masas de aire frío no llegaban a California, pese a que los modelos marcaban que haría frío.

Adelantó que se espera que las temperaturas bajen a partir del 15 de octubre, “pero la naturaleza es la naturaleza” y ahora se empiezan a ver cambios inesperados.

“Aquí no nos llueve mucho, pero tampoco teníamos tanto calor, se están presentado cambios climáticos muy significativos, por ello debemos adecuarnos”, insistió.

En el caso de Ensenada, la influencia del Océano Pacífico es mucha y permite tener un clima más placentero, pero a diferencia de otros años, el calor se sintió durante más días, la llamada “canícula”, un periodo de 40 días que inicia a finales de junio y termina a principios de agosto.

 

MONZÓN NOS DA SENSACIÓN DE MAYOR TEMPERATURA

El meteorólogo del Cicese informó que cada año a partir de julio, agosto y septiembre se forma el Monzón del Noroeste de México, un aire húmedo y caliente que viene desde Nayarit, Jalisco y sube hacia el Mar de Cortés.

Cuando eso ocurre, ese aire húmedo y caliente que viene de zonas tropicales genera un movimiento meteorológico fuerte, provocando tormentas eléctricas y chubascos en Nayarit, Aguascalientes, Zacatecas, Sinaloa y Sonora.

Cuando se mete sobre el Mar de Cortés genera lluvias en la Sierra de San Pedro Mártir hacia San Felipe, Mexicali y llega a los desiertos de California o Arizona. Ese aire caliente y húmedo pega en las sierras, sube, se condensa, precipita y pasa al otro lado de la sierra, pero caliente y seco hasta llegar a nosotros.

Lo que provoca es “un golpecito de calor que da una sensación térmica más elevada de lo normal porque entra aire seco y caliente, que frena la entrada de aire freso del Océano Pacífico. De la sensación fresca que nos da el mar, ahora lo que tenemos es sequedad y calor”, destacó el especialista.

Higadera, meteorologo

 

En otras ocasiones el Monzón se abre hacia Chihuahua o Coahuila y esa sensación se pierde, como sucedió a finales de la semana pasada.

En el registro histórico en Ensenada, ha habido días con entre 34 y 35 grados en el Cicese, frente al mar; y en otras zonas como Ojos Negros o San Vicente, por arriba de los 40 grados centígrados.

 

1978 Y 1983, LOS AÑOS MÁS LLUVIOSOS; 2017-2018, LOS MÁS SECOS

En el histórico de precipitaciones en Ensenada, las temporadas 1977-1978 y 1982-1983 aparecen como las más copiosas desde 1950, con 677.2 y 588.7 milímetros, respectivamente.

Por el contrario, la temporada 2017-2018 ha sido la más seca en los 68 años recientes, con una captación reciente de apenas 65.6 milímetros, por debajo de la 2001-2002 (89. 8 milímetros).

Según el monitor de sequía de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), con datos al 31 de julio y publicado el 6 de agosto, julio de 2018 se clasificó como el más seco desde 1941, registrando 40.1% menos lluvia que el promedio 1941-2017.

En Sonora se observó una ligera mejoría en las condiciones de sequía, mientras que en las regiones con déficit de precipitación aumentaron las áreas con sequía, por ejemplo, los límites entre Coahuila y Texas, donde se incrementó el área de sequía extrema y persistió la sequía desde moderada hasta severa.

En Veracruz, Oaxaca, Tabasco y Chiapas, se intensificaron las regiones con sequía, al pasar de sequía moderada a severa. Al 31 de julio, el área con sequía desde moderada hasta extrema es de 15.4% a nivel nacional, esto es, un aumento del 1.75%.

Según la Conagua, en Baja California el porcentaje de área sin afectación por sequía es del 41%, en cambio, el 22.1% de su territorio se presenta anormalmente seco; 13.4% con sequía moderada, 17.8% con sequía severa y 5.7% con sequía excepcional.

De los cinco municipios, cuatro presentan sequía severa y uno sequía extrema, pero las gráficas no indican los nombres de estos.

Estadounidenses pronostican más calor

 Mientras en México los científicos pronostican lluvias, en Estados Unidos sus colegas y agencias van más allá, al proyectar un verano 2019 con temperaturas más cálidas aún, por lo que están tomando  medidas para prevenir los efectos entre la población.

Un reporte de la Agencia de Recursos Naturales de California citado por Los Angeles Times el 27 de agosto, indica que las olas de calor serán más persistentes y severas, los incendios quemarán más bosques y el océano se elevará más alto y más rápido, producto del cambio climático.

“Este año ha sido una especie de presagio de posibles problemas por venir”, declaración atribuida a Daniel Cayan, investigador del clima en la Institución de Oceanografía Scripps y uno de los coordinadores del informe.

Discover Magazine hizo lo propio el 15 de junio del presente año bajo el título “El Niño se está gestando en el Pacífico, posiblemente anunciado temperaturas globales más cálidas y un clima extremo en 2019”.

De acuerdo con el texto de Tom Yulsman, con un 65 por ciento de probabilidades de que “El Niño” surja, según los pronosticadores norteamericanos, “deberíamos preocuparnos porque ‘El Niño’ puede dar un gran impulso a las temperaturas globales, a la vez que reordena los patrones climáticos en todo el mundo”.

El fenómeno climático hace que el calor almacenado en los océanos se filtre a la atmósfera, aumentando las temperaturas globales que ya están en incremento, debido a las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, explica el autor.

Sobre la relación “El Niño”-calor, el doctor Edgar Pavía, del Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada (Cicese), aseguró que en nuestra región, del sur de Los Ángeles al norte de San Quintín, y del oeste de Tecate hasta la costa, “El Niño” generalmente (no siempre) se asocia a un invierno con lluvias por arriba del promedio y temperaturas menos frías en promedio.

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