The Wife

Foto: Internet
 
Cinemazcopio Lunes, 3 Septiembre, 2018 12:00 PM

La historia es muy buena, pero esa no es razón suficiente para ver esta película. El atractivo son las brillantes actuaciones primero de Glenn Close, después de Jonathan Pryce, y, por supuesto, la soberbia dirección de Bjorn Runge, quien toma el guion de Jane Anderson, basado en la novela de Meg Wolitzer, y crea una película a partir de miradas, gestos, sutilezas.

Así es como entendemos el matrimonio de Joe y Jane; él es un escritor que acaba de ganar el Premio Nobel de Literatura, y ella, es la esposa detrás del narcisista personaje.

En unos cuantos días, ya en el contexto de la Academia Sueca, vemos el pasado de esta pareja desenvolverse desde sus años mozos, cuando Jane era una autora en ciernes ya sofocada por Joe y por el medio literario que la reprobaba desde su voz femenina. Luego volvemos al presente, donde todos los literatos reconocidos son varones.

Sin embargo, el filme no se limita a la equidad de género, sino de talento, en concreto el de Jane, sofocado por el ego de su marido, quien evidentemente tampoco está tan seguro de que es el “genio” que todos celebran.

A simple vista Jane se ve feliz, pero esos ojos reflejan una desesperación acumulada durante décadas,  a diferencia de su hijo David (Max Irons), quien también busca hacerse de un nombre a través de las letras y para ello debe combatir la figura aniquilante del padre. Ella observa y calla, aunque no deja de expresar resentimiento.

Apoyando la narrativa -sobre todo la recreación del pasado- está un biógrafo interpretado por Christian Slater, cuya solicitud de entrevista es rechazada una y otra vez por Joe, no obstante los encuentros con Jane dan pie a la exposición de secretos, a manera de flashbacks.

Mientras también somos testigos de las infidelidades del “Gran escritor norteamericano”, sin discreción ante Jane, otra rayita a la tigresa que poco a poco reflexiona en torno a su vida al lado -o más bien detrás- del esposo al que empieza a ver con otros ojos.

Entonces tenemos una magistral actuación de Glenn Close, quien dice más con el silencio, yendo de la abnegación a la indignación a paso lento pero seguro, y en el trayecto nos ofrece su mejor trabajo a la fecha, digno de una nominación al Óscar, en el peor de los casos.

Pryce ronda cerca aunque su papel le exige valerse de todo, las emociones extremas, el egoísmo, la inseguridad, el poder de un nombre construido sobre falsos cimientos.

Y así el largometraje termina siendo un placer a partir de este duelo histriónico con el que los espectadores, en verdad, salimos ganando. ****

Punto final.- ¿Ya vieron los avances de “La monja”?

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