Templo cívico. México: su pasado, presente y futuro. (Cuadragésima séptima parte)


 
Cartaz Lunes, 3 Septiembre, 2018 12:00 PM

Cárdenas había resultado vencedor en la lucha contra sus adversarios políticos y se distinguió de los presidentes anteriores, por no mandarlos matar, optando mejor por enviarlos al destierro u ostracismo. De este modo, sentó un precedente para que el asesinato político empezara a descartarse como práctico habitual en México -con la excepción del asesino de Luis Donaldo Colosio, en el gobierno de Carlos Salinas-.

Siete semanas después de haber librado al país de cacicazgo callista, Cárdenas cumplió 41 años; era un hombre adusto, de estatura mediana, de un trato sencillo y amable que lo hacían cosechar más amigos que enemigos. Cárdenas gustaba de convivir con los campesinos; cuando los visitaba, comía con ellos sentado en el piso, mientras que en Los Pinos, los recibía igual que a cualquier alto funcionario. Se levantaba al amanecer, trabajaba 10, 12 o más horas cada día. Rara vez tomaba licor y era enemigo del tabaco.

Al inicio de su gobierno, para consolidarlo, creó la Confederación Nacional Campesina (CNC), y la Confederación de Trabajadores de México (CTM), y reorganizó su partido y lo rebautizó como Partido de la Revolución Mexicana, modificando su estructura e integrando a nivel nacional, a cuatro grandes sectores sociales (campesinos, obreros, popular y militar). La Reforma Agraria fue una de las acciones con que Cárdenas inició su gobierno, ya que a los campesinos y pobres les tenía una gran consideración y estima por la situación y circunstancia en la que vivían. Cárdenas gustaba de convivir con ellos; de ahí el amplio conocimiento que tenía de su precaria existencia en todos los sentidos: cultural, social y económico. En el norte llevó a cabo el reparto de tierras, considerado como el más grande del siglo en la historia de México. Durante el sexenio del General Cárdenas, fueron repartidas 18 millones de hectáreas a las comunidades y ejidos; de esta manera aumentó a 25 millones para el sector social. El objeto del reparto agrario no solo buscaba la satisfacción de una demanda populista, plasmado en la Constitución de 1917, sino la formación de pequeña unidades productivas para aumentar la capacidad alimentaria.

La unidad básica del modelo de la Reforma era la conformación de ejidos, pues se trata de una dotación de tierras que eran entregadas a un núcleo de población para que las aprovecharan de la mejor manera, esto a causa que al final de la Revolución y la Guerra Cristera, la mayor parte del país se encontraba en la ruina económica. El gobierno de Cárdenas creó el Banco Ejidal, destinado a capitalizar a los núcleos ejidales. Además, la Reforma incluía el establecimiento de un sistema educativo que permitiera la formación de profesionistas técnicos que ayudaran al desarrollo de los ejidos. Para ello se crearon escuelas donde los niños y jóvenes debían adquirir conocimientos sobre agricultura, ganadería y otras actividades que permitieran conocer el medio ecológico. En ese sentido, la Reforma Agraria llevada a cabo durante el sexenio de 1934-1940, se diferenciaba de la implementada por los gobiernos anteriores en que la repartición se limitaba a la dotación de tierra a individuos dedicados a la agricultura en pequeña escala.

La expropiación petrolera fue de las decisiones más representativas e importantes de la administración de Cárdenas, debido a la existencia de un conflicto entre los trabajadores de las empresas extranjeras instaladas en México y los empresarios extranjeros que desobedecieron un laudo de la Corte Mexicana, así como su propia visión de un capitalismo democrático y nacionalista en el que las industrias básicas (petróleo, siderurgia, etc.), jugaban un papel clave. Cárdenas decretó la expropiación el 18 de marzo de 1938, creando Pemex.

Continuará…

 

Guillermo Zavala

Tijuana, B.C.

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