Tal para cual


 
En Zerio Lunes, 17 Septiembre, 2018 12:00 PM

En una cantina dos tipos están bebiendo y, ya en estado lamentable, uno dice al otro:

Vamos a mi casa.

“No, vamos a la mía”.

Y así la pasaron hasta llegar a la casa, donde uno de ellos suelta:

 Sí, ésta es mi casa.

“No, ésta es mi casa”, replica el otro.

Bueno, toquemos a la puerta y al que reconozcan, ese es el de la casa.
Tocan la puerta, sale una señora y exclama:

“Qué lindo, ¡padre e hijo borrachos!”.

Autor: La madre y esposa.

 

Definición exacta

“Qué es una caloría?”, pregunta la coordinadora de nutrición a sus alumnos sobrados de peso.

Ni tarda ni perezosa, una de las robustas alumnas responde:

“Es una pequeña hija de la Chilindrina que se reúne con otras de su misma calaña y por las noches se mete a tu closet para encogerte la ropa”.

— ¿Y cómo lo sabes?, cuestiona la instructora.

“¡Pues porque mi closet está infestado y sólo se han salvado estos leggings!”.

Autor: Una lectora amante de la ropa stretch.

 

Obvio…

El otro día andaba comprando mandado en un supermercado y eché en mi carrito un galón de leche, una cartera de huevos, un galón de jugo de naranja, un paquete de tocino, una barra de pan y un kilo de jamón. Cuando me disponía a colocar mis artículos sobre la banda de la caja para pagar, una borrachita observaba detrás de mí con detenimiento los artículos que colocaba sobre la banda. Después de mirar por espacio de un minuto, la mujer me dijo:

“Usted debe ser soltero”.

Sorprendido pero intrigado por el comentario, revisé uno por uno los artículos sobre la banda y, al no ver algo fuera de lo común o que pudiera revelar mi estado civil, le aclaré:

“Efectivamente soy soltero, pero, ¿cómo lo supo?”.

Tratando de contener su hipo, la borrachita contestó:

“¡Pues porque está usted bien feo!”.

Autor: Soltero nada codiciado.

Funeral

Un hombre estaba desayunando como a las once de la mañana un sándwich y un cafecito cuando vio pasar un funeral muy inusual, acercándose al cementerio más cercano. Un ataúd negro era seguido por un segundo ataúd negro como a 50 pasos atrás del primero.

Detrás del segundo ataúd caminaba un hombre solitario con un perro que sostenía con una correa.

Atrás del hombre caminaban unos 200 hombres en una sola fila. El sujeto no pudo aguantar la curiosidad, con mucho respeto se acercó al varón que llevaba al perro y le preguntó:

Señor, sé que este es un mal momento para molestarle, pero nunca he visto un funeral como éste.  ¿De quién es este funeral?

“Bueno, en el primer ataúd está mi esposa”.

¿Qué le pasó a ella?

“¡Me estaba gritando y reclamando, entonces mi perro la atacó y la mató!”.

Qué pena.  ¿Y quién está en el segundo ataúd?

“Mi suegra.  Ella estaba tratando de ayudar a mi esposa.  El perro se fue contra ella y también la mató”.

Un momento solemne en silencio transcurrió entre los dos hombres.

Qué pena, señor, no sé si sea el momento, pero…  quisiera pedirle prestado el perro..

“¡Entonces métase a la fila!”.

Autor: Dueño de valioso can.

 

El Ferrari y el burro

Un campesino va sobre su burro cuando de pronto pasa un Ferrari a gran velocidad, más adelante el campesino ve el Ferrari parado y aprovecha para hacerle una pregunta al conductor.

¿Cómo es que ese carro corre tanto?

“Es debido a que está pintado de azul y verde”, contesta, aprovechándose de la ignorancia del campesino, quien una vez que llega al pueblo compra dos latas de pintura azul y verde para pintar su burro. Cuando le lanza la pintura azul al animal, éste se incorpora debido al picor que le produce en la piel y sale disparado por el camino. El campesino lo observa y dice para sí:
“¡Y eso que todavía le falta la pintura verde!”.

Autor: Anónimo de Comex.

 

¿Comodidad?

En St. Louis, Missouri, Estados Unidos, hay un departamento diminuto de 18.5 metros cuadrados que ya tiene inquilino.

El hecho llama la atención porque, para optimizar el espacio, la cocina y el baño ¡EN ZERIO! se encuentran juntos. La estufa queda a un lado de la tina y etcétera, etcétera.

La vivienda se localiza en el Central West End de St. Louis, en un edificio de 111 años de antigüedad que en épocas mejores albergó 12 suites de lujo, mismas que durante la Gran Depresión, se transformaron en 50 unidades pequeñas, aunque ninguna con las características de la morada que disfruta un solitario huésped… por una renta de 525 dólares mensuales.

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