Pregunta capciosa


 
En Zerio Lunes, 10 Septiembre, 2018 12:00 PM

Conversación entre un hombre y su esposa. Ella hace cinco o seis preguntas que él contesta de forma muy rápida y simple, y ella queda muda después de contestar una única pregunta que le hace su marido:

Mujer: ¿Bebes cerveza?

Hombre: Sí.

Mujer: ¿Cuántas cervezas al día?

Hombre: Tres.

Mujer: ¿Cuánto pagas por cada cerveza?

Hombre: 50 pesos, incluyendo la propina.

Mujer: ¿Y por cuánto tiempo has estado bebiendo?

Hombre: Por unos 25 años, más o menos.

Mujer: Así que una cerveza te cuesta 50 pesos, y tomas tres al día, lo que te genera un gasto de 4 mil 500 pesos al mes. En un año serían aproximadamente 54 mil pesos, ¿correcto?

Hombre: Correcto.

Mujer: Si en un año gastas 54 mil pesos, sin considerar la inflación, durante los últimos 25 años gastaste 135 mil pesos, ¿correcto?

Hombre: Correcto.

Mujer: ¿Estás consciente de que si no hubieras bebido, ese dinero podrías haberlo colocado en una cuenta de ahorros que te genere intereses, y después de contabilizar el interés compuesto por los últimos 25 años, podrías haber comprado un avión?

Hombre: ¿Bebes cerveza?

Mujer: No…

Hombre: ¿Dónde está tu avión?

Autor: Club cervecero.

 

Entre gallegos

¿Cuántas anclas tiene un barco?

“Once”.

¿Estás seguro?

“Por supuesto, ¡me crees tonto o qué!”.

No, para nada, por eso te pregunto, pero ¿cómo estás tan seguro?

“¿Qué no has escuchado que gritan ‘eleven anclas’?”.

Ah, claro, ¡sabía que me sacarías de apuros!

Autor: Venancio o Manolo.

 

El campesino

Llega un campesino a un bar con un radio bajo el brazo, ofreciéndolo en venta. En una mesa cercana hay varios citadinos que al verlo humilde, se proponen quitarle el radio sin pagarle un centavo. Uno de los citadinos comenta a los otros:

“Les aseguro que con unas cervezas encima, ese campesino terminará rebajando el costo del radio hasta casi nada”.

Por lo que lo invitan a sentarse con ellos. Entonces, pregunta el citadino:
¿En cuánto nos vendes tu radio?

“En 30 dólares”.

Okey,  vamos a tomarnos unas cervezas y luego hablamos.
Al cabo de un rato ya se han tomado varias cervezas cada uno y el citadino vuelve a preguntar:

Entonces, ¿en cuánto vendes el radio?

“Bueno, deme 10 dólares”.

Me parece mejor, ¡vamos, te invito otras cervezas!

Luego de un buen rato, el hombre pregunta nuevamente al campesino:

Y ahora, ¿en cuánto me lo vendes?

“Deme 5 dólares para poder ir a mi casa”.

Viendo la posibilidad de quedarse con el radio, el citadino decide continuar con la ronda de cervezas y luego de otro buen rato insiste:

Y ahora, ¿en cuánto me lo vendes?

“Le voy a decir la verdad: yo quería vender el radio para beber cerveza, pero como ya estoy borracho, he decidido no venderlo e irme a mi casa”.

Autor: Cantinero rural.

 

El accidente

Un hombre va al médico en muy mal estado, con innumerables golpes en todo el cuerpo, por lo que el galeno le pregunta la causa y el paciente explica:

“Estaba yo tranquilamente parado, cuando de pronto vino una bicicleta y me dio un golpe terrible en la espalda”, comentó el hombre, mientras el doctor le indica que ya comprende.

El sujeto continúa:

“No, no termina todo ahí, me estoy todavía levantando, y de pronto viene un camión, me pega en una de las piernas y caigo nuevamente. Me levanto y el avión en vuelo rasante me da con toda el ala en el cuello, y cuando estaba por fin recuperándome pasa el trasatlántico, y me golpea de lleno con la quilla en el esternón”.

El médico plantea:

“Perdone mi incredulidad, pero lo de la bicicleta lo creo, lo del camión puede ser, pero lo del avión y el trasatlántico, ya me parece un poco exagerado…”.

El hombre replica:

“¡¿Exagerado?! Mire, si no paren el carrusel a tiempo, ¡muero aplastado por la vaca, el caballo y la nave espacial!”.

Autor: Empleado de feria.

 

Medidas extremas

En Sandston, Virginia, un hombre está tan harto de tener chamacos entrometiéndose a su patio mientras esperan la llegada del camión escolar, que ¡EN ZERIO! mandó instalar un cerco electrificado alrededor de su propiedad.

Indignado, el individuo justificó su decisión argumentando que los estudiantes no respetan la propiedad ajena y, además, tiran basura en su predio. Por ello instaló el cerco que ahora, lógicamente ha despertado la inquietud de padres de familia. A ver en qué termina la historia de este Herodes moderno.

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