Osos

Foto: Cortesía
 
Dichoz y Hechoz Lunes, 17 Septiembre, 2018 12:00 PM

El lunes 10 de septiembre, en una cena que le organizaron en Tijuana a Alfonso Durazo, senador por Movimiento Regeneración Nacional (Morena) y quien ha sido designado por el Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, como próximo secretario de Seguridad Pública federal, la vergüenza de la noche la dieron los políticos panistas, el gobernador Francisco Vega de Lamadrid y Juan Manuel Gastélum Buenrostro, alcalde de esta ciudad, quienes acudieron al encuentro en que los invitados fueron mayormente empresarios de Baja California. Durazo llegó a Tijuana para atender el foro de seguridad organizado por el equipo de transición de AMLO, en el que únicamente participó en una mesa: la de víctimas. Por la noche anterior dialogaría y escucharía a empresarios de Mexicali y Tijuana, quienes en distintos grados, también han sido víctimas de la inseguridad que priva, como el próximo funcionario federal, en todo México. Horas antes del convite y entrevistado por reporteros, “Kiko” Vega había declarado que no conocía la propuesta de seguridad del próximo Gobierno Federal, que estaba a la espera de cómo se atenderían. Al arribar a la cena, uno de los comensales le mostró la nota referida a Alfonso Durazo. Ahí empezó mal. El gobernador daba cuenta de una incomunicación, y un día antes del foro, decía desconocer la propuesta de Durazo, la misma que ha vertido en entrevistas, conferencias y notas periodísticas. La tensión no bajó de nivel, especialmente cuando el mandatario utilizó la palabra y se refirió a Alfonso Durazo como Arturo, ya sabe, el notorio Arturo Durazo, Comandante de la Dirección Federal de Seguridad en tiempos de José López Portillo, corrupto, corruptor, acusado de enriquecimiento ilícito, de asesinatos y de representar una de las épocas más negras y sangrientas de la política en México. Los empresarios, entre quienes se encontraban Mario García Franco, Salomón Cohen, Rafael Carrillo, Aarón Limón, Arturo González Cruz, entre otros, nada más guardaron silencio ante el “oso” del gobernador, de confundir el nombre del próximo secretario de Seguridad, con el ex apodado “El Negro” Durazo. Luego le siguió Gastélum, quien cuando el senador Durazo Moreno disertaba sobre las medidas que tomarán en la siguiente administración, dijo que una de ellas será modificar el código nacional de procedimientos penales, en cuyo texto está el catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva, el cual fue reducido a siete. En ese punto, el alcalde de Tijuana -por cierto uno de los diputados federales que votó a favor de la reducción de los delitos con prisión preventiva- aplaudió desde el lugar donde lo tenían confinado. Fue el único, nadie más lo siguió. Lo que sí, lo voltearon a ver con miradas que le sugerían, estaba fuera de lugar. Y así como solo empezó a aplaudir, solo dejó de hacerlo. Pero ahí no terminaron las vergüenzas con “El Patas”. Al final de la reunión, cuando se despedían los convocados, se dio un agarrón verbal con el ex alcalde de Tijuana, el priista Carlos Bustamante. El tema fue la clausura del casino que este último posee en sociedad de su hijo con casineros de Mexicali, en las torres de Agua Caliente. El ex presidente municipal acusó al actual de servir a intereses ajenos; Juan Manuel defendió que actuó de acuerdo a la Ley, lo cual le fue refutado por el priista. Total que iban subiendo de tono cuando alguien tuvo el tino de decirles que ni era el lugar, ni el momento para su discusión. Literalmente se dieron la espalda y se retiraron en direcciones contrarias. Para “osos” no paran los bajacalifornianos con estos representantes. Alfonso Durazo se despidió y se retiró después de medir el comportamiento público y político de los panistas en Baja California. Uff.

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