Templo cívico. México: su pasado, presente y futuro (Cuadragésima sexta parte)


 
Cartaz Lunes, 20 Agosto, 2018 12:00 PM

El día 7 de diciembre de 1933, la Convención de Querétaro aprobó el Plan Sexenal y designó a Cárdenas, candidato del PNR a la presidencia de la Nación. Lázaro Cárdenas se empeñó a que en su campaña recorriera todo el país, para conocer la realidad de los problemas y necesidades de la gente, de modo que pudiera escuchar sus quejas, y lo logró al recorrer más de 27 mil kilómetros en ferrocarril, autobús, avión, barco, a pie y caballo, visitando las más remotas rancherías como si en verdad importaran los votos y lo esencial e importante no fuera la voluntad del Jefe Máximo. Cárdenas dijo haberse dado cuenta al haber visto “regiones enteras en las que sus habitantes vivían ajenas a toda civilización material, espiritual y cultural, hundidos en la ignorancia y pobreza más absoluta, sometidos a una alimentación, indumentaria y alojamiento inferior e impropio de un país que tiene los recursos naturales y materiales suficientes para asegurar una civilización progresista y justa; en cambio, al recorrer el país de un extremo a otro, llegó a pueblos recónditos donde se ignoraba la existencia de un presidente y una nación”. El día 1 de julio de 1934, los mexicanos le dieron su voto, habiéndole adjudicado el 98.18% de los votos emitidos y el restante 1.8% a los tres candidatos opositores: General Antonio I. Villareal que se presentaba por el Partido Antirreleccionista, Hernán Laborde del Partido Comunista y Adalberto Tejada, con su Grupo Socialista Independiente; nada pudieron hacer ante la ya poderosa maquinaria electoral del PNR y el prestigio y popularidad adquiridos por Cárdenas.

El 1 de diciembre de 1934, día en que recibiría la banda presidencial, Cárdenas había dado órdenes para que los asistentes a la ceremonia vistieran traje de calle y no frac, como se acostumbraba en la época, y añadió que no iba a vivir en el Castillo de Chapultepec, sino en un rústico caserón ubicado a orillas del bosque, el cual había formado parte de un rancho, propiedad del gobierno. El lugar era llamado La Hormiga y por orden presidencial cambió de nombre a Los Pinos.

Casi nadie sabía que Los Pinos se llamaba también una quinta ubicada en la orilla de Tacámbaro, en la cual, durante una fiesta ofrecida en su honor, el entonces gobernador Cárdenas había pedido a la joven Amalia que se casara con él.

Cárdenas al saberse electo por dos millones 268 mil 567 votos, se declaró dispuesto a “solicitar y pedir consejo de los prohombres de la revolución”, quienes eran Calles y Garrido Canabal, éste fue un antirreligioso que cuando llegó a DF, solicitó y obtuvo que le permitieran celebrar en el Palacio de Bellas Artes, como secretario de Agricultura, los “sábados rojos” en los que retaba a Dios a que demostrara su existencia, haciéndolo fulminar un rayo y además, al terminar el acto, organizaba frente al edificio de Correos, una especie de acto de fe en los que quemaba imágenes religiosas. Todo esto y las humillaciones recibidas de Calles cuando candidato, lo soportaba solo para conseguir el poder presidencial y a su tiempo emplearlo para desembarazarse del padrino y gobernar sin interferencias. No se sabe el tiempo que tuvo para armar su plan y aunque leía pocos libros, entre los que no se encontró “El Príncipe”, su intuición, astucia e inteligencia acabó revelándose como un sobresaliente discípulo en algunos aspectos aún mejor que Nicolás Maquiavelo.

Desde los primeros días de su gobierno empezó los embates de Calles y los callistas. El décimo día que Cárdenas estuvo en la presidencia, un grupo garridista formado por 70 “camisas rojas” se presentaron a las afueras de una iglesia de Coyoacán para balacear a la gente que salía de misa, matando a cinco e hiriendo a varios. Una enardecida multitud se lanzó contra los agresores, quienes corrieron a refugiarse en el Palacio Municipal, acogidos por la protección del jefe garridista, y otro mandó a la policía a dispersas a los católicos, al tiempo que ocultó las armas de los agresores para convertir a estos en agredidos. Al fin, los “camisas rojas” fueron dejados en libertad. Calles aplaudió el ardor jacobino de los agresores y Cárdenas, sintiéndose todavía demasiado débil para hacer otra cosa, se limitó a prohibir toda manifestación que no fuera organizada por el PNR. Garrido Canabal permaneció en su puesto.

Cárdenas se trasladaba por toda la República y sustituía prácticamente a todos los jefes de zonas militares callistas por carrancistas, los cuales habían estado exiliados en el extranjero y que recibieron permiso para volver al país, de modo que fueron reincorporados al servicio. Por otra parte, Calles había impuesto al gobierno cardenista a varios callistas, los que posteriormente fueron sustituidos por cardenistas. Además consiguió el apoyo y alianza con los principales líderes obreros, encabezados por el joven Fidel Velázquez y Vicente Lombardo Toledano, y eliminaron al poderoso líder Luis N. Morones, secretario general de la CROM y que fuera diputado y secretario de Industria, Comercio y Trabajo, durante la presidencia de Calles. Todo esto le daría más poder al gobierno de Cárdenas.

El 10 de abril de 1936, Calles y sus incondicionales que quedaban, el líder Morones, el gobernador de Guanajuato, Melchor Ortega y el expresidente del PNR, Luis L. León, fueron obligados a abordar un avión que los llevó a Brownsville, Texas, mientras el país, habían aplaudido la deportación.

Continuará…

 

Guillermo Zavala

Tijuana, B.C.

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