“La idea es el ritmo” en la poesía de David Huerta

Fotos: Enrique Mendoza Hernández
 
Cultura Lunes, 27 Agosto, 2018 12:00 PM

El escritor entregó una miscelánea de textos poéticos contenidos en el libro “El ovillo y la brisa”, publicado por Ediciones Era y la Universidad Autónoma de Sinaloa. “Mis poemas en verso son colindantes con la prosa, así como los textos en prosa de ‘El ovillo y la brisa’ son colindantes con la poesía en verso que escribo, hay vasos comunicantes”, expresó a ZETA el ganador del Premio Excelencia en las Letras “José Emilio Pacheco” 2018

Uno libro capital que ha arrojado 2018, o en los últimos años por decir lo menos, es “El ovillo y la brisa” del poeta mexicano David Huerta, coeditado recientemente por Ediciones Era y la dirección editorial de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).

Se trata de una colección de textos en prosa poética, muchos inéditos, otros entregados entre 2007 y 2017 a la Revista de la Universidad de México, y algunos escritos para diversas ocasiones en concreto; en cualquier caso, se está ante una obra mayor donde el poeta lo mismo escribe de manera excelsa sobre un pájaro perdido en un gran almacén que del ovillo sonoro de la frase “La broma y el patíbulo”.

En entrevista con ZETA, el ganador del Premio Excelencia en las Letras “José Emilio Pacheco” 2018 detalló sobre el origen de “El ovillo y la brisa”, cuyo título está dividido en tres partes que revelan también su génesis (“Encadenamientos y reacciones” -que incluye “Los grandes almacenes”, “Apólogos de la neblina” y “After Manganelli”-, “Ermitas envueltas en música electroacústica” y “Ondulaciones, resonancias, concavidades”.

“‘Los grandes almacenes’ se publicó en Barcelona en Ediciones de la Rosa Cúbica, con ilustraciones de un artista muy notable que se llama Frederic Amat, pero la tercera parte del libro consiste en colaboraciones que yo hice para la Revista de la Universidad; la parte de en medio (Ermitas envueltas en música electroacústica) son textos que fueron escritos con una beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte hace ya algunos años pero que yo seguí puliendo, trabajando, editando, corrigiendo y dándoles un orden que finalmente resultó en alfabético.

“Entonces, por un lado son textos escritos ex profeso, por ejemplo, la sección ‘Apólogos de la neblina’ para una participación a propósito de la visita en México de la filósofa y escritora Annie Le Brun, lo leí en la Casa Refugio Citlaltépetl; lo demás, ‘After Manganelli’ y los textos de la segunda parte, fueron escritos con la beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Fonca (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes), donde yo fui becario durante algunos periodos”, expuso el ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2015 en la categoría Lingüística y Literatura.

“Los temas son varios en ‘El ovillo y la brisa’, de modo que lo que podemos decir sobre la forma de composición de estos textos de escritura, de estos poemas en prosa o de estos textos o de estos poemas es también muy variado”, advirtió David Huerta.

“LA IDEA ES EL RITMO”

La prosa de los textos de “El ovillo y la brisa” es abundante en figuras retóricas propias de la poesía, donde el ritmo propone el vaivén de las ideas. Más allá de las temáticas abordadas en cada uno de los textos, David Huerta (Ciudad de México, 1949) compartió algunas confesiones sobre su proceso de creación literaria.

Es evidente que no hay un tema general en “El ovillo y la brisa”, pues se trata de un libro misceláneo. ¿Cómo surge un texto poético? Es decir, emerge a partir de un tema  preconcebido, una imagen, un sonido, un ritmo, empieza a escribir sin una idea previa…

“Yo ando mucho en la calle, entonces utilizo el transporte público, a veces tomo taxi, a veces tomo Uber y siempre estoy preparado para que si me viene una idea a la cabeza, la apunte inmediatamente, por lo menos como una invitación de lo que puedo desarrollar más tarde.

“A veces escribo sin escribir, si voy en un transporte público de pie y no puedo echar mano de mis herramientas de escritura, pues me lo repito suficientes veces para que quede fijado en la memoria y después lo vierto en un cuaderno, o casi siempre en el procesador de palabras de la computadora.

“Entonces, la forma de proceder es la siguiente: uno encuentra un ritmo, una palabra, una frase, pocas veces un tema, el tema se desprende de la secuencia de palabras que va surgiendo y después se pule; reviso continuamente y se va perfilando, espero, cada vez mejor.

“Los textos no están escritos en verso, sino en una especie de prosa rítmica, que es colindante con el verso; el verso castellano tradicional a lo largo de la mayor parte de la historia ha tenido como eje principal de su andadura, de su prosodia, la disposición de los acentos y el número de sílabas de cada verso; eso no puede aplicársele a la prosa y, sin embargo, hay en la prosa rítmica una cierta cadencia.

“Estos textos son colindantes con la poesía en verso, pero no están escritos en verso. A mí me simpatiza mucho que los editores de Era hayan catalogado a ‘El ovillo y la brisa’ en poesía, ‘El ovillo y la brisa’ es un libro de poesía, no importa si es una poesía que esté escrita en verso o esté escrita en prosa.

“Cuando yo escribo en verso, mis poemas en verso son colindantes con la prosa, así como los textos en prosa de ‘El ovillo y la brisa’ son colindantes con la poesía en verso que escribo, hay vasos comunicantes; o sea, la idea es el ritmo, la manera en que la andadura prosódica de los textos se va presentando, conforme uno escribe, y desde luego, lo más importante, conforme uno va leyendo los textos”.

Muchos textos empiezan con un verso definido como “El verso está sucediendo afuera” en el texto “Donde el poema”. Aunque tiene obviamente ritmo, ¿por qué las siguientes líneas no están separadas en versos, sino que el texto continúa en prosa?

“Porque están más cerca de la prosa, precisamente; entonces hay una hibridación, una mezcla, una puesta en contacto de una forma de escribir con la otra. Por ejemplo, ‘Incurable’ empieza con un endecasílabo: ‘El mundo es una mancha en el espejo’, y todo lo que sigue tiene medidas diferentes o no tiene medida fija, en cualquier caso; lo mismo pasa en la primera página de ‘Incurable’, nada más que en un poema en verso o versículos; y lo mismo pasa aquí en esta cita, la primera línea tiene un ritmo más o menos definido, un endecasílabo, pero lo que sigue ya no, igual que en ‘Incurable’”.

 

LAS INFLUENCIAS O LAS HUELLAS DE LA LECTURA

Un texto revela las lecturas o delata la ausencia de las mismas, de su autor. Por supuesto, en “El ovillo y la brisa” de repente el lector se encuentra a Balzac (página 14), Whitman (14) Rubén Darío (61),  Yáñez (72), Lope de Vega (96), Federico García Lorca (103) y Juan José Arreola (126), por citar solo algunos.

¿Podría abundar un poco más sobre estos autores a los que recurre en “El ovillo y la brisa”?

“Ahora que me está leyendo mi mujer (Verónica Murguía), que es una persona con una poderosísima y muy vasta información literaria, dice ‘pero esto está tupido de alusiones, glosas y citas’.

“Federico García Lorca está mencionado con todas sus letras y algunos otros, pero hay otros que no están mencionados, como Calderón de la Barca en ‘El encierro del monstruo’ (24), no está mencionado por su nombre pero está presente su obra. Hay muchísimos autores, decenas, cientos, es un libro saturado, hasta la extenuación, de citas, de lo que llaman ahora con una palabra que creo que es muy elegante: ‘intertextualidad’. Yo las he llamado influencias o huellas de la lectura que tiene este autor en sus textos, lo que pasa es que están también manipuladas hasta el extremo estas citas, estas glosas, estas influencias, a veces hasta volverlas irreconocibles.

“El ejemplo máximo es un texto que se llama ‘El transformado de los montes’, es lo que más se parece a una narración en mi libro que, te digo, está tupido de referencias algunas muy difíciles de encontrar”.

 

“HEMOS SEPARADO TAJANTEMENTE LA PROSA DE LA POESÍA

Como las grandes obras de la literatura universal, aunque “El ovillo y la brisa” está escrita en prosa, lo que abunda es la poesía. En otras palabras, al entrevistar a David Huerta se está en la ocasión ideal para solicitarle algún argumento sobre la división actual entre ambos géneros.

Considerando que en la Edad Media Gonzalo de Berceo decía “estas prosas mías” refiriéndose a su poesía y tomando en cuenta que Ediciones Era clasifica a “El ovillo y la brisa” en su catálogo de poesía, ¿ha llegado a alguna conclusión sobre la separación que se hace actualmente de prosa y poesía?

“En lo que yo he podido leer y estudiar porque soy profesor, creo que esa separación tiene un origen histórico en el Siglo XVII. El origen histórico está en el Siglo XVII y en el libro más bello que se ha escrito en español: ‘El Quijote’. Uno de los efectos de la lectura de ‘El Quijote’ fue esa separación, ese divorcio entre prosa y poesía, cosa que desde luego Cervantes no previó y que sería el primero en lamentar, porque él estuvo siempre muy interesado en la poesía, fue un poeta muy productivo, escribió muchísimos poemas.

“En ‘El Quijote’ se pueden ver -simplemente hojeando el libro sin leerlo- cuántos versos hay, incluso hay versos disimulados en la prosa, perfectamente medidos, escandidos, porque Cervantes era poeta; nuestro más grande novelista estaba mucho más cerca de la poesía, estaba metido hasta las cejas en la poesía de lo que los prejuicios modernos nos permiten entender.

“Una de las grandes pasiones de Cervantes es la poesía, pero no solo de Cervantes, también del Quijote, el personaje, es compositor de romances, de poemas; entonces, la poesía está muy presente en ‘El Quijote’; la poesía está muy presente también en uno de los grandes autores cervantinos que honran esa tradición: Gabriel García Márquez.

“Entonces, la poesía y la prosa no siempre han estado tan separadas como ahora lo están; tuvieron vasos comunicantes, hubo vías de comunicación directas, por ejemplo, la oratoria romana; los oradores romanos siempre terminaban sus cláusulas con una formulación casi en verso, rítmica, terminaban con una especie de ornato, un adorno retórico, que estaba medido, que estaba escandido y que se parecía mucho a un verso. ‘El ovillo y la brisa’ trata de buscar esos vasos comunicantes y que escribí allí entre uno y otro género”.

Finalmente, ¿es un error separar prosa y poesía?

“La situación es que los novelistas desde Cervantes los han ido separando tajantemente, y entonces tú ves en las librerías y en la industria editorial: ‘vamos a publicar un libro de prosa’, ‘vamos a publicar un libro de cuentos’; y por otro lado, ‘vamos a publicar un libro de poesía’. Bueno, éstos son los efectos, es un hecho que están separados, pero para nosotros no sé si podemos llamarlo un error, en cualquier caso es un error que tiene un origen histórico.

“Entonces es un efecto comercial, pero pasó hace poquito, en el Siglo XVII, se asentó en el Siglo XVIII y en el Siglo XIX en que ya hay una imprenta funcionando a todo lo que da desde el Siglo XV; pero en el siglo XIX muchísimo más, se montan los derechos de autor, los novelistas empiezan a vender como pan caliente sus cosas, lo mismo que pasaba también con los libros de caballerías: El Quijote se la pasa leyendo libros de caballerías, por eso se vuelve loco; en el Siglo XIX, Emma Bovary (célebre personaje de ‘Madame Bovary’, de Gustave Flaubert), se la pasa leyendo novelas rosas, no se vuelve loca pero se desquicia por esa afición a la lectura.

“Hay todo un entramado de cuestiones de mercado y de instituciones literarias en crisis que van tomando estas formas, y una de las conclusiones de todo este proceso es que hemos separado tajantemente la prosa de la poesía, pero no siempre ha sido así”.

“La inmensa mayoría -sentenció David Huerta hacia el desenlace de la entrevista con ZETA-, el 99.9 por ciento de los lectores modernos, dice: ‘la prosa es algo totalmente diferente de la poesía’, y no es así. Si lo vemos históricamente, en los grandes autores no es así”.

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